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Panorama: Sierra Leona

Sobrevivir el ébola en Sierra Leona - La historia de una niña

Por Anne Boher

Después de perder a su madre debido al virus del ébola, una niña de Sierra Leona debe criar por sí sola a su hermano y su hermana más pequeños, y se aferra a la esperanza de poder regresar a la escuela.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sierra Leone/2014/Bindra
Amadou y su hermana, Awa, en la casa de la familia en Kenema, Sierra Leona

KENEMA, Sierra Leona, 16 de octubre de 2014 – Amadou, de cuatro años, despierta a su hermana, Mary, a las 4:30 de la mañana. Tiene dolor de cabeza y no puede dormir. Entonces le pregunta dónde está la madre. Es la misma pregunta que ha realizado casi a diario desde que fue dado de alta de la Unidad de Tratamiento del ébola en Kenema, hace casi dos meses.

Mary, de 15 años, deja de lado el fastidio inicial que le produce que le hayan despertado, y adopta un tono suave. Lo lleva a su cama y le envuelve en la manta delgada, alisándola sobre su cuerpo frágil.

“No sé qué decirle”, afirma Mary. “¿Cómo puede explicar la muerte a un niño de cuatro años, cuando apenas yo misma lo entiendo? Esto no se suponía que fuese mi responsabilidad”.

Obligados a crecer rápidamente

Cerca de 600 niños han perdido a uno o ambos progenitores a causa del ébola desde el inicio del brote en Sierra Leona. A lo largo de África occidental, los niños se enfrentan al estigma y el rechazo de sus comunidades y de sus familiares, sobre todo si los niños son los propios supervivientes. Como Mary, se han visto obligados a crecer rápidamente.

“Mi madre fue la primera en caer enferma, después de ayudar a una mujer enferma en el vecindario”, dice. “Pensó que tenía paludismo, pero su situación empeoró rápidamente. Llamaron a una ambulancia y la trasladaron de urgencia al hospital general público de Kenema. Fue la última vez que la vi”.

Su madre murió pocos días después, pero pasó un mes antes de que el hospital anunciara su muerte.

“Estoy triste. Cuando mi madre estaba viva, solía animarme”, dice. “Hablábamos mucho. Hablábamos antes de ir a la cama. Nos hemos divertido mucho juntas. Desde que murió, nadie puede hablar conmigo de la manera en que ella lo hacía. Realmente me hace falta, su amor, todo. Cuando estábamos sentadas, me contaba la historia suya y de mi papá, su separación, el viaje de él al extranjero, y todas estas cosas las echo de menos”.

No hay tiempo para llorar

Mientras que muchos niños tienen familias ampliadas que pueden acogerles, Mary ha perdido gran parte de su familia ampliada debido al virus y ahora solamente cuenta con la ayuda de los vecinos para salir adelante.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sierra Leone/2014/Bindra
Mary, de 15 años, en casa con su hermano y hermana

“No tengo tiempo para llorar la muerte de mi madre. Sólo puedo tratar de hacer felices a Amadou y Awa [su hermana menor]”, dice Mary. “Cocino para ellos, y limpio la casa. Los vecinos tenían miedo de nosotros al principio, pero después de que los trabajadores sociales hablaron con ellos comenzaron a darnos un poco de arroz de vez en cuando. No tenemos recursos para nada y nos enfrentamos a muchos problemas”.

Algunos de sus amigos han huido de ella, dice. “No quieren hablar conmigo nunca más, tienen miedo de mí. La hermana de mi mejor amiga también contrajo la enfermedad, y por ello sabe acerca del ébola y de todas estas cosas. A menudo hablamos de ello, de cómo mi madre se enfermó, de nuestras reacciones, de nuestros sentimientos”.

Mantener la esperanza

“Usted sabe, lo peor es no poder volver a la escuela. Mi madre me prometió que recibiría instrucción”, dice Mary. “Quería que fuese una enfermera. Ahora las clases están cerradas, pero me da miedo no poder volver cuando las abran de nuevo”.

UNICEF ha realizado un llamamiento por 61 millones de dólares para satisfacer las necesidades extremas de los niños y las familias afectadas por el brote, pero hasta ahora se ha recibido menos de un 40%.

A pesar de hacer frente a una serie de dificultades que ella nunca había imaginado, Mary mantiene la esperanza. “En primer lugar, voy a cuidar de mi hermano y hermana, y después voy a cuidar de nuestra gente. Tiene que haber una razón por la cual hemos sobrevivido, así que no tenemos otra opción que seguir sobreviviendo”.


 

 

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