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Serbia

Ayudar a los refugiados y migrantes a afrontar el invierno de los Balcanes

Por Guy De Launey

Conforme bajan las temperaturas y siguen llegando familias a Europa en busca de seguridad y de una vida mejor, UNICEF y sus aliados trabajan con urgencia para proporcionar ayuda a los viajeros más jóvenes.

SID, Serbia, 2 de diciembre de 2015 – Unos autobuses contratados están en fila frente a la estación de tren de Sid descargando a sus pasajeros. Han llegado al otro lado de la frontera de Serbia con Croacia. La gente hace colas para pasar el control de documentación de la policía, y resulta evidente que algunos de los más jóvenes sufren a causa del frío, pues las temperaturas se encuentran a solo unos grados sobre cero. Un niño sentado en el suelo lleva tan solo un zapato roído. El otro pie está descalzo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Serbia/2015/Shubuckl
Una familia llega al centro de atención integral de Adasevci, en Siria, cerca de la frontera con Croacia. Allí esperarán al próximo tren que los lleve a Croacia.

Pasan del sol ardiente de Siria a la ola de frío de Serbia: las temperaturas son el peligro que muchos de los recién llegados encuentran especialmente difícil de afrontar. En su larga travesía por los Balcanes Occidentales, muchos migrantes y refugiados que huyen del clima mucho más cálido de sus países descubren que su ropa y su calzado no son adecuados para estas condiciones tan cambiantes. A otros, estas prendas directamente se les destrozan después de ese arduo viaje.

Motivo de alarma

Este es el tipo de situación que causa alarma inmediata entre los trabajadores de los centros de ayuda a refugiados.

“Estoy muy preocupada: aquí las temperaturas pueden llegar a ser gélidas, y muchos niños no llevan la ropa adecuada”, explica Weihui Wang, una especialista en protección infantil de World Vision International, una de las organizaciones que colaboran con UNICEF para proporcionar instalaciones y equipamiento para refugiados e inmigrantes.

“Solo hoy, ya he atendido a tres niños que no llevaban zapatos ni calcetines adecuados. Cuando se mojan, los niños enferman enseguida porque su alimentación tampoco contiene los nutrientes que debería”, explica. “Es un viaje muy largo, muy cansado, así que los niños terminan con infecciones respiratorias y fiebre. A veces, los bebés más pequeños no sobreviven al viaje. Acabamos de perder a un bebé que solo tenía ocho días”.

Reducir riesgos

UNICEF y sus aliados están trabajando para reducir los riesgos a los que se exponen los viajeros más jóvenes y sus familias. El Departamento de la Unión Europea para la ayuda humanitaria y la protección civil (en inglés, ECHO) ha concedido un subsidio de dos millones de euros destinados a ayudar a los niños en su viaje por Serbia y la antigua República Yugoslava de Macedonia. De las cerca de 400.000 personas que han recorrido la “Ruta de los Balcanes” en los últimos cuatro meses para buscar refugio en Europa, tres de cada 10 son niños.

El dinero se destina a elementos esenciales para el invierno: ropa, calzado, mantas, además de alimentos adecuados a la edad de los niños. Además, permite que UNICEF y sus aliados instalen espacios adaptados para niños para las condiciones invernales, donde se pueden relajar y jugar en un ambiente cálido y seco; por otro lado, los espacios adaptados a madres y bebés permiten a las madres amamantar a sus hijos en la intimidad.

Calcetines para el invierno

En la estación de tren de Sid, el impacto de estas ayudas se hace visible de inmediato. Los trabajadores humanitarios se apresuran para llevar a los niños descalzos a un edificio instalado temporalmente en un lugar para estacionar automóviles, y los equipan con calcetines y zapatos de invierno. Para el alivio de sus padres, otros niños reciben abrigos acolchados que los protegen contra el frío.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Serbia/2015/Shubuckl
Muhamed, un niño sirio, llega a la estación de tren de Sid junto a otros refugiados y migrantes para tomar el próximo tren hacia Croacia. No tenía botas ni ropa adecuada para el invierno. Gracias a los fondos del ECHO, UNICEF le facilitó ropa de abrigo para proseguir su viaje.

“El viaje fue muy duro. Mi hija tenía mucho frío y enfermó a causa de las temperaturas”, cuenta Jafar Habibi, un sastre que ha viajado desde Charikar, cerca de Kabul, la capital de Afganistán, junto a su mujer Zahara y su hija de tres años, Aziz Zahara.

Calor y disfrute

Afortunadamente, el miembro más joven de la familia ha encontrado ahora el calor –y disfrute– en lo que parecía un entorno poco promisorio de lo que una vez fue un motel. El gobierno de Serbia ha transformado esa área de servicio de Adasevci, próxima a la frontera de Serbia con Croacia, en un centro de atención integral para refugiados y migrantes, y UNICEF recibió la autorización para instalar un espacio adaptado para niños dentro del edificio. Aziz da pequeños gritos de alegría mientras balancea una bolsa que contiene ladrillos de construcción de plástico y con colores vivos y los comparte para jugar con otros niños.

“Para nosotros es muy importante contar con lugares como este donde los niños puedan jugar, divertirse y estar a salvo”, sostiene Jafar.

Para Ibrahum, un refugiado de la ciudad siria de Raqqa, el espacio adaptado para niños representa una oportunidad para que su hija Ghaliya, de 10 años, vuelva a disfrutar de lo que más le gusta.

“Su sueño es llegar a ser pintora”, cuenta Ibrahim mientras contempla a Ghaliya, que está ensimismada con una colección de materiales de arte. “Me gustaría que existieran más lugares como éste. Le iba muy bien en la escuela, pero ahora no hay escuela”.

Impacto psicológico

Al principio, las unidades de oficinas portátiles estaban equipadas con calefacciones y acogían los espacios adaptados para niños y para madres e hijos. No obstante, dado que el interior del motel está en buenas condiciones, algunas de las habitaciones se han rehabilitado para proporcionar una solución a más largo plazo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Serbia/2015/Shubuckl
Unos niños juegan en un espacio adaptado para la infancia instalado por UNICEF en el centro de atención integral de Adasevci para refugiados y migrantes. Son solo varios de los miles de niños que pasan por Serbia cada día con el objetivo de llegar a los países de la Unión Europea.

Además de ofrecer ropa de abrigo y un lugar de recreo, el centro cuenta con profesionales de la salud física y mental que pueden ayudar a las familias a lidiar con el estrés del viaje. Weihui Wang, de Visión Mundial, asegura que este tipo de asistencia tiene una gran demanda.

“Conocí a un niño de 10 años en el espacio adaptado para niños que aún llevaba el chaleco salvavidas que le pusieron en Grecia. Su madre me dijo que no se lo había quitado desde entonces. Ese es el tipo de impacto psicológico que el viaje puede causar en un niño. Resulta de gran ayuda que haya psicólogos aquí para ayudarlos a aliviar el estrés del viaje y a seguir adelante: todavía les queda un largo camino”.

Gracias a la provisión de ropa de abrigo y de lugares cálidos donde las familias pueden descansar y recuperar el contacto entre ellos, aumentan las posibilidades de que los refugiados y los migrantes consigan llegar a sus destinos en buenas condiciones de salud mental y física.


 

 

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