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Pakistán

Reconstrucción y resiliencia en Pakistán después del terremoto

Por Midhat Ali Zaidi

El 26 de octubre de 2015, un fuerte seísmo con epicentro cerca de Jurm, al noreste de Afganistán, acabó con la vida de 115 personas y causó cientos de heridos en el país, mientras que 272 personas murieron y más de 2.000 resultaron heridas en Pakistán, donde 14.000 hogares sufrieron daños.

En la provincia pakistaní de Jaiber Pastunjuá, donde se registró el mayor número de víctimas y daños, las familias intentan recuperarse rápidamente antes de que comience el invierno, pero el aislamiento de muchas aldeas dificulta enormemente las tareas de reconstrucción y asistencia.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2015/Zaidi
Las alumnas de la Escuela Estatal de Educación Secundaria para niñas de Lilownai, en el distrito de Shangla, Pakistán, dan clase sentadas al aire libre después de los daños que el terremoto reciente causó en sus aulas.

SHANGLA, Jaiber Pastunjuá, Pakistán, 3 de noviembre de 2015 – En la profundidad de las montañas de Hindu Kush, el terremoto que el 26 de octubre sacudió Afganistán y Pakistán se llevó por delante las vidas de muchas personas. Se han registrado al menos 272 fallecidos en distintas zonas de Pakistán, la mayoría en la provincia de Jaiber Pastunjuá, y el número de heridos supera los 2.000.

En el distrito de Shangla se ha registrado el número más alto de fallecidos de Pakistán. La mayor parte de las víctimas quedaron atrapadas cuando los edificios se derrumbaron durante el seísmo.

En Alpuri, capital del distrito de Shangla, los miembros de la Comisión Nacional para el Desarrollo Humano (NCHD), aliada de UNICEF, están trabajando para evaluar los daños ocasionados a las escuelas de las zonas afectadas por el terremoto con el objetivo de atender las necesidades urgentes de reconstrucción antes de que comience el invierno.

“El seísmo causó daños parciales en muchas de las escuelas, donde se agrietaron techos y columnas de apoyo”, explica Rashid, el encargado de la Gestión de Proyectos del Distrito para NCHD, que también hizo hincapié en que muchos edificios necesitan reparaciones urgentes porque ya estaban deteriorados por nevadas e inundaciones anteriores. “Estamos trabajando para recoger información acerca de la intensidad y el alcance de la destrucción, con el fin de obtener financiación y ayuda para reconstruir esos edificios”.

Vuelta a la escuela

La Escuela Estatal de Educación Secundaria para niñas de Lilownai fue una de las dañadas. Los edificios donde se encuentran las aulas de educación primaria y secundaria sufrieron daños graves, lo que obligó a las estudiantes a sentarse en el exterior para dar clase.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2015/Zaidi
Luiza Rehmat, estudiante de quinto año, en su aula de la escuela, dañada por el terremoto.

“Cuando llegamos a la escuela el día después del terremoto, nuestra maestra ya había colocado su mesa afuera”, cuenta Luiza Rehmat, una estudiante del quinto curso cuya aula se encuentra ahora en ruinas. “Da miedo ver lo que le ha pasado a nuestra clase, y a veces hace mucho frío cuando llegamos por la mañana, pero nos alegramos de poder seguir estudiando”.

Luiza recuerda lo que sintió durante el seísmo. “Acabábamos de llegar a casa cuando empezó el terremoto, así que corrimos para salir de allí”, explica, y añade que su casa está en lo alto de una montaña.

Aunque su familia no sufrió pérdidas graves, le da miedo pensar en lo que podría haber ocurrido. “Parecía que toda la Tierra temblaba y que nos íbamos a caer, igual que se caía todo lo que había en las mesas y las estanterías de nuestra casa”.

Difícil acceso

Muchas de las personas que viven en estas comunidades empobrecidas situadas en lo alto de montañas no tuvieron la misma suerte. El seísmo destrozó cientos de casas, y dado el difícil acceso a las carreteras, es difícil transportar los materiales necesarios para la reconstrucción.

A una cierta distancia de Alpuri se encuentra la aldea de Basi. Sus habitantes deben caminar durante horas para llegar a las carreteras que los comunican con el mundo exterior. La mayoría de ellos son mujeres y niños, ya que muchos de los hombres trabajan lejos, en las minas de carbón de la provincia de Baluchistán.

Hadia, de 8 años y estudiante de segundo curso, y su hermano Hanifullah, de 6, acababan de llegar a casa de la escuela del valle cuando su madre, Shabana, les gritó que salieran de allí porque la tierra estaba empezando a temblar. Instantes después de que Shabana saliera con su hijo de dos años en brazos, parte de la casa se derrumbó tras ella.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2015/Zaidi
Hadia, de 8 años, y Hanifullah, de 6, frente a lo que queda de su casa después del terremoto.

“Tenía miedo de que mamá no saliera de casa, porque el tejado estaba empezando a caerse”, confiesa Hadia, contemplando lo que queda de su casa.

Su familia vive ahora con unos parientes en la parte baja de la colina, y de vez en cuando envían a Hadia para que trate de encontrar algunos objetos de la casa entre los escombros.

“He recuperado algunos juguetes con los que jugábamos mi hermano y yo, pero ha desaparecido casi todo”, dice.

Necesidad urgente

Cientos de niños como ellos necesitan ayuda urgente en Jaiber Pastunjuá, donde en los meses de invierno nieva con fuerza. Cuando se desató el terremoto, mucha gente ya había empezado a prepararse para el invierno almacenando comida y suministros, ya que durante esos meses no podrían ni salir de casa. Ahora sus vidas han empeorado, pues sus hogares están destrozados y tampoco hay rastro de sus pertenencias.

Hay una necesidad urgente de que las organizaciones humanitarias colaboren con el gobierno para dedicar todos los esfuerzos a devolver la normalidad a las vidas de estas personas, que han perdido mucho en muy poco tiempo.


 

 

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