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Panorama: Nigeria

“Si yo no ayudo, ¿quién lo hará?”

VIDEO: Una partera atiende los alumbramientos de bebés a pesar de las amenazas de Boko Haram (en inglés)

 

Por Geoffrey Njoku

En el noreste de Nigeria, un maestro y una partera desempeñan su trabajo allá donde más los necesitan, y ayudan a niños y madres en un campamento para personas desplazadas por la violencia.

MAIDUGURI, Nigeria, 17 de septiembre de 2015 – En el campamento de Dalori, a las afueras de Maiduguri, una ciudad del noreste de Nigeria, hay al menos 15.000 personas que han sido desplazadas por el conflicto violento de la zona. Como en todos los campamentos de este tipo, no es el destino más agradable. Aun así, no faltan la esperanza, las canciones, los bailes y los juegos en el espacio que UNICEF ha habilitado para niños en el campamento, donde más de 2.000 de ellos se juntan todos los días para distraerse. Es el lugar al que dirigirse si se necesita una dosis de positivismo.

Yafati Sanda vive allí y se dedica a supervisar las sesiones del espacio habilitado para niños. Antes era la directora de una escuela secundaria de Bama, la segunda ciudad más grande del estado de Borno después de Maiduguri. Nos cuenta que ella y los demás maestros recibieron las amenazas de algunos estudiantes de la escuela que pertenecían al grupo armado conocido como Boko Haram. Yafati se considera afortunada, ya que se enteró justo a tiempo de que podría producirse un ataque inminente en su ciudad y pudo escapar antes de quedar atrapada. El día que vio la noticia, le dijeron que los miembros del grupo se casarían a la fuerza con sus hijas y reclutarían a su hijo. Más adelante se enteró de que los militantes habían quemado su casa y matado a su hermano.

Testigos de la violencia

Tanto Yafati como otras familias del campamento proceden de Bama. Los militantes se asentaron en su ciudad en septiembre de 2014 y, aunque algunos, como ella, consiguieron escapar antes de que la tomaran por completo, muchos fueron retenidos por Boko Haram hasta que las tropas del gobierno retomaran la ciudad el pasado mes de marzo. El conflicto acabó con hogares y barrios, lo que obligó a la población restante a huir y buscar refugio en Maiduguri y sus alrededores. El impacto que esto causó en los niños fue tremendo. Muchos resultaron heridos, otros presenciaron la muerte de sus amigos, sus padres y de otros miembros de su familia, tanto en la lucha por el control de la ciudad como en los meses de ocupación sucesivos. 

Las actividades que se llevan a cabo en el espacio para niños de UNICEF en el campamento de Dalori, que cuentan con financiación de la Unión Europea, brindan apoyo psicosocial a los niños traumatizados.

“Reprimir los sentimientos negativos puede causar enfermedades mentales”, explica el Especialista en Protección Infantil de UNICEF, Mohaned Kaddam. “Puede conducir a las personas que se guardan esos sentimientos a un ciclo vicioso de violencia, especialmente si son niños. La diversión, los juegos y el aprendizaje constituyen la terapia adecuada para ayudar a afrontar ese problema”.

El levantamiento del noreste de Nigeria ha causado un incremento aún mayor de los desplazamientos de población, y más de 2 millones de personas, unos 1,2 millones de ellas niños, han sido forzadas a abandonar sus hogares a causa de la violencia.

La importancia de la educación

A pesar de sus tragedias personales, Yafati dedica su pasión y su esfuerzo al trabajo que realiza en el espacio para niños. Utiliza las ayudas para la enseñanza y los juguetes recreativos que proporciona por UNICEF para permitir que los niños jueguen, expresen sus sentimientos y reciban una educación básica. Está motivada, dice, porque quiere ayudar a los niños de su comunidad.

“Bama es mi vida. Es mi ciudad. Es el lugar donde conseguí todo lo que necesitaba”, afirma. “Si yo no ayudo a esos niños, ¿quién lo hará?”

Yafati ya ha animado a otros maestros a colaborar en el espacio para niños. “Movilicé a otros maestros para que ayudaran a mi gente”, cuenta, “les dije que no esperaran dinero a cambio”.

Yafati pertenece a una red de 474 voluntarios comunitarios con formación de los tres estados más afectados por la crisis. Juntos, son capaces de proporcionar servicios de apoyo psicosocial a cerca de 43.000 niños que se encuentran en campamentos y en comunidades donde viven las personas desplazadas. Todos ellos son conscientes de que aún queda un largo camino por recorrer.

Con respecto a los niños que ha podido atender hasta ahora, Yafati considera que están disfrutando las clases y que, a pesar del trauma y el estrés que han sufrido en los últimos meses, están avanzando favorablemente.

“La mayoría de los niños nunca habían ido a una escuela”, explica. “Sus padres son analfabetos y nunca los mandaron a estudiar. Sin embargo, ahora no se oponen a que aprendan las asignaturas convencionales, porque el terror de Boko Haram les ha enseñado la importancia de la educación”.


 

 

Fotografía UNICEF: Refugiados y desplazados

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