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Panorama: Nigeria

Educación en medio del conflicto en Nigeria

Por Gerida Burikila y Geoffrey Njokua

Los niños de Maiduguri, en Nigeria, estudian apasionadamente y abarrotan las aulas para aprender a escribir y a contar. Tras haber sido privados de de educación durante mucho tiempo, hoy están ávidos de conocimientos.

MAIDUGURI, Nigeria, 5 de abril de 2015 –En estos días, los niños alojados en los campamentos de desplazados de Maiduguri, en el Estado de Borno, se congregan para estudiar en aulas abarrotados, y no quitan la vista de lo que ocurre al frente del salón de clases. Esos niños están aprendiendo a leer, escribir y contar. Para muchos de ellos, ésta es la primera oportunidad de aprender que han tenido en la vida.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nigeria/2014/Melissa
Escuelas para personas desplazadas en Maiduguri, Nigeria, tienen grandes proporciones de niños que nunca han ido a la escuela.

Se trata de miles de niños cuyas familias debieron huir de Boko Haram y refugiarse en Maiduguri. Aun aquellos que han ido a la escuela, en algún momento estuvieron en situación de peligro. Casi todas las escuelas cerraron sus puertas después que sus maestros o sus instalaciones fueron blancos de ataques. A otros niños se les impidió estudiar en las escuelas donde se impartía educación occidental.

Debido a ello, miles de niños fueron privados de su derecho a la educación.

A clase en los campamentos

En Borno, las escuelas se mantienen abiertas sólo en ocho de los 27 distritos que componen el estado, y permanecen cerradas en su totalidad en las regiones donde los enfrentamientos entre las fuerzas militares y los grupos armados son más intensos.

UNICEF ha organizado clases de recuperación para los niños que residen en los campamentos de Maiduguri. Las clases, que están a cargo de maestros que han recibido capacitación especial, son muy concurridas, ya que se han matriculado para las mismas 30.371 niños de 6 a 15 años de edad.

En una de las clases, a la que asisten 106 niñas de 6 a 15 años, apenas seis de ellas habían ido antes a la escuela. Cuando visitamos la escuela, las alumnas nos muestran entusiasmadas que ya saben contar hasta 100. Estas clases representan para ellas la oportunidad de aprender. También les dan la oportunidad de jugar, cantar y relacionarse con otras niñas. Y las clases las mantienen a salvo.

La historia de Hadiza

Hadiza* es una de las alumnas de esa clase.

A los 13 años, Hadiza ha vivido cosas que la mayoría de las personas no tendrá que sufrir nunca en la vida. Ha presenciado cómo mataban a su padre de un disparo en la cabeza, y ha ayudado a enterrarlo. Ha estado detenida en una prisión, en cuyo patio vio ejecuciones diarias de hombres y adolescentes. Ha sido testigo del casamiento forzado de su hermana con un integrante de Boko Haram. Y logró huir tras escalar una cerca cubierta con alambre de púa.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nigeria/2015/Burikila
Hadiza* es una de las niñas que está yendo a la escuela por primera vez. Ella sigue soñando con las atrocidades que ha presenciado, además de ser una aprendiz voraz, que consigue momentos de silencio durante el día para estudiar.

Ahora, a salvo en Maiduguri, cuida a dos hermanas menores y a su madre, que sufre de alta presión debido a las situaciones traumáticas que ha vivido. Por la noche, mientras descansa, le asaltan los recuerdos de todo lo que ha vivido. “Veo cómo disparan contra mi padre, y lo veo sangrando. También sueño con las personas a las que mataron ante mis ojos en la prisión. Y sueño que me persiguen los de Boko Haram, y que finalmente me arrestan”.

Todos los días, Hadiza encuentra un rincón en la parte más tranquila del campamento para recitar el abecedario y estudiar nociones básicas de matemáticas que se enseñan en la improvisada escuela del campamento. Le encanta la posibilidad de aprender. “Nunca había ido a la escuela”, explica. “Pero aquí me permiten ir a la escuela. Y mis hermanas menores también asisten a clases. Ya puedo leer… A, B, C, D… y sé contar. Hace dos meses que voy a clases, y mis materias preferidas son inglés y matemáticas.  Amo la escuela, allí tengo nuevas amigas”.

Una oportunidad para los niños

Muchos otros niños comparten los sentimientos de Hadiza. “Las alumnas están muy entusiasmadas”, comenta Fatma, una de sus maestras. “Son muy felices porque asisten a clase por primera vez en sus vidas. En un mes ya saben leer y escribir las letras del abecedario, además de contar. Es una experiencia muy interesante”.

Ese entusiasmo no se limita a las estudiantes. “Las madres”, agrega Fatma, “traen a sus hijas a la escuela para que las niñas puedan recibir la educación que a ellas les negaron de niñas. Algunas madres nos ruegan que les enseñemos a leer y escribir a ellas, y han comenzado a exigir que también haya clases para madres”.

Hadiza tiene sueños para el futuro, y UNICEF y sus asociados se proponen hacerlos realidad apoyando la Iniciativa de Escuelas Seguras en Nigeria, a fin de mitigar los efectos de los conflictos armados en la educación. Al respecto, ya se han realizado evaluaciones rápidas y se han elaborado mapas y perfiles de las comunidades, las escuelas, los niños y los maestros afectados. Entre las estrategias empleadas figuran el aumento de las medidas de seguridad en las escuelas, la transferencia de estudiantes amenazados a regiones donde corran menos peligro y la prestación de apoyo a los alumnos desplazados en los sitios a los que fueron asignados.

Los responsables de la iniciativa trabajan arduamente para aumentar la seguridad escolar de los niños y niñas como Hadiza, para que sus sueños se conviertan en realidad. “Cuando sea grande”, dice la niña, “quiero ser maestra, para enseñar a leer y escribir a los niños más pequeños. También quiero ser maestra para poder ganar dinero y mantener a mi madre y a mis hermanitas”.

*Nombre cambiado.


 

 

Fotografía UNICEF: Refugiados y desplazados

 

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