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Panorama: Nigeria

Una batalla en Nigeria contra el estigma del ébola

Por Patrick Moser

A medida que el brote de ébola en África occidental continúa propagándose, su impacto sobre las familias y las comunidades es cada vez más pronunciado. UNICEF anunció que al menos 3.700 niños en Guinea, Liberia y Sierra Leona han perdido a uno o ambos progenitores a causa del ébola desde el inicio del brote, y muchos de ellos están siendo rechazados por sus familiares sobrevivientes por temor a la infección.

En Nigeria, los sobrevivientes del ébola y quienes han estado en contacto con personas infectadas, así como sus familias, descubren que ser declarados libres de la enfermedad es sólo un primer paso, ya que todavía tienen que hacer frente a la estigmatización.

LAGOS, Nigeria, 30 de septiembre de 2014 - Martins, de 17 años, perdió a su madre debido al ébola. A veces también siente que ha perdido una parte de su vida.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nigeria/2014/Esiebo
Princewell (izquierda), de 27 años, y Martins, de 17, perdieron a su madre debido al virus del ébola. “En algún lugar, de alguna manera, la gente tendrá que saber”, dice Princewell. “Así que creo que es mejor que nosotros seamos quienes les informen”.

Después de que su madre –una enfermera que había tratado al primer paciente de ébola en Nigeria– cayó enferma, los dos hermanos han estado alojados en un hotel donde nadie los conoce.

No estaban infectados, pero Martins dice que la situación tuvo profundas consecuencias sobre sus vidas.

Después de que su madre –una enfermera que había tratado al primer paciente de ébola en Nigeria– cayó enferma, los dos hermanos han estado alojados en un hotel donde nadie los conoce.

“No podíamos volver a casa. La gente allí sabía lo que había pasado”, dice. “Sabíamos que iban a empezar a estigmatizarnos”, dice.

Sus amigos se mantuvieron alejados. La gente se quejó de que habían ido a la iglesia “para propagar la enfermedad”, dice Martins, con la voz ahogada por la emoción. “Fue realmente horrible, escuchar algo así. ¿Se imaginan eso?”

Estigma

A Martins y sus hermanos les gustaría enterrar las cenizas de su madre en su pueblo natal. Pero los líderes del pueblo han bloqueado el entierro, a pesar de que las cenizas son estériles.

“La manera en que responden es: déjala allí, no vengas a enterrarla aquí”, dice el hermano mayor de Martins, Princewell.

Princewell, de 27 años, no estaba en casa cuando su madre cayó enferma, pero está preocupado por la forma en que la gente le va a tratar cuando se enteren de que su madre murió de ébola.

“Me pongo a escuchar la mente de la gente, lo que dicen sobre los que están infectados y los que han estado en contacto. Si usted oyera lo que están diciendo, es realmente aterrador. En realidad, uno puede saber lo que va a pasar cuando les diga ‘mi madre murió de esto’. Muchos van a salir corriendo”.

Princewell dice que él y Martins esperaban inicialmente mantener la cuestión en secreto de la mayor cantidad de gente posible, pero con el tiempo se dio cuenta de que no podía evitarlo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nigeria/2014/Esiebo
Después de que Dennis Akagha, de 32 años, se recuperó de la enfermedad que mató a su novia, le llevó tiempo convencer a la gente de que estaba libre del ébola.

“En algún lugar, de alguna manera, la gente tendrá que saber”, dice Princewell. “Así que creo que es mejor que nosotros seamos quienes les informen. Para que sepan lo que es verdad y lo que no es verdad, en lugar de que lo escuchen de otros y luego lo usen como estigma, lo usen contra nosotros”.

Muchos sobrevivientes y personas que han estado en contacto con los enfermos, así como sus familias, cuentan historias similares.

Cambio drástico

Un empresario en Lagos, Dennis Akagha, de 32 años, dio positivo en un principio a la enfermedad que mató a su novia. Aunque se recuperó, le llevó tiempo convencer a la gente a su alrededor de que ya no tiene ébola.

““Una gran cantidad de personas se alejaban de mi… mis amigos, mis vecinos estaban literalmente huyendo de mí”, dice. “De hecho, algunos llegaron a sugerir que la casera me desalojara de la casa”.

Ahora, las cosas han cambiado drásticamente. Sus vecinos hablan con él y no dudan en estrecharle la mano. Incluso su peluquero habitual, que trabaja cerca de su casa, le ha cortado el pelo.

El cambio, dice el Sr. Akagha, se produjo después de que él decidiera hablar con los vecinos, con los medios de comunicación y con todo aquel que quisiera escucharlo. Explicó que ya no tenía el virus del ébola en el cuerpo y que no podía transmitir la enfermedad.

La mejor herramienta para luchar contra la estigmatización, dice, es el conocimiento.

UNICEF ha desempeñado un papel importante en los esfuerzos para contener el ébola en Nigeria, mediante el despliegue de equipos en las calles y en los hogares de la gente para explicar cómo se transmite la enfermedad y cómo las personas pueden protegerse a sí mismas.

La campaña de movilización social también está dirigida a luchar contra la estigmatización.

Derecho a la información

En una bulliciosa parada de autobuses llena de puestos de venta de productos parece que el mensaje ha llegado a algunas personas.

Una vendedora de pan frito que se identifica como Amaka dice que se ha tomado tiempo para obtener la información adecuada sobre el ébola. Dice que rechazó la idea de que un baño de sal la mantendría a salvo, un mito generalizado en Nigeria.

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© UNICEF Nigeria/2014/Esiebo
Amaka, una vendedora de pan frito en un mercado local de Lagos, dice que se ha tomado tiempo para obtener la información adecuada sobre el ébola, y que no le importa tener como clientes a las personas que han sobrevivido a la enfermedad.

Y también asegura que si alguien como Martins o Akagha quiere comprarle sus productos, ella no tendría ningún problema en recibir su dinero o en darle la mano.

“No hay nada que temer”, dice.

Conceptos erróneos

Pero no todos están tan convencidos como Amaka.

“No puedo darle la mano... Tengo miedo de contraer el ébola”, dice Simeón Ochibike, de 20 años, cuando se le pregunta sobre cómo reaccionaría si se encuentra con un amigo que sobrevivió ébola.

“Si sale de la clínica y dice que no tiene ébola, yo todavía tendría que esperar un poco”, dice el Sr. Ochibike, que vende tarjetas de teléfono celular en un pequeño puesto al aire libre.

“Por lo menos me gustaría que usted le tocara, y me gustaría esperar 21 días. Si usted no muere, entonces puedo empezar a tocarle”, añade; alrededor de él, sus amigos están de acuerdo.

Aunque el valor de los sobrevivientes para contar sus historias –y para hacer frente a los temores de que representan una amenaza para la salud pública– es una parte importante de la difusión pública de las ideas erróneas sobre la lucha contra el ébola, está claro que aún queda mucho trabajo por hacer. 


 

 

Fotografía UNICEF: Alcance comunitario del Ebola

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