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Nepal

Dos hermanas mellizas que sobrevivieron a los dos terremotos en Nepal tratan de que sus vidas vuelvan a la normalidad

Por Mariana Palavra

Un espacio amigable para la infancia, que cuenta con apoyo de UNICEF, es una fuente de alegría para los niños que viven en tiendas de campaña en un campamento para familias desplazadas por los dos recientes terremotos en Nepal, mientras aguardan la oportunidad de retornar a clases.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nepal/2015/Sokol
Ganga y Jumana (a izquierda y derecha, en primer plano) con su madre, su padre y su hermano Anju, de cuatro años de edad, en lo que era el hogar de la familia.

CHARIKOT, Nepal, 3 de junio de 2015 – Ganga Nepali, una niña de nueve años, peina sus largos cabellos en el centro de un campamento de personas desplazadas en la localidad de Charikot, la capital del distrito nepalés de Dolakha. Pese a la timidez con que mantiene la mirada fija en el suelo, explica con voz firme que es la mayor de sus tres hermanos.

“Tengo una hermana especial, pero yo soy la mayor", comenta. "Especial", en este caso, significa melliza.

“Es verdad, ella nació unos segundos antes que yo", asegura Jamuna, la melliza de Ganga. "Pero aunque ella sea mayor, yo soy la que los cuida a todos".  

Temor

Jamuna estaba en su casa con su melliza, su hermanito y su madre cuando ocurrió el primer terremoto en el Nepal, el 25 de abril. La niña se hizo cargo de la situación de inmediato. "Les dije que no se preocuparan y que salieran de la vivienda no bien la tierra dejara de temblar", recuerda Jamuna.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nepal/2015/Sokol
Filas de tiendas de campañas en una colina en Charikot, donde residen provisionalmente familias que perdieron sus hogares.

Menos de tres semanas después, cuando el país fue sacudido por un segundo terremoto cuyo epicentro estuvo localizado a sólo 15 km de Charikot, Jamuna se encontraba en casa de una amiga.

“Estaba muy asustada. Creí que la casa se iba a derrumbar", comenta. También recuerda que pensó que iba a morir y que no estaba junto sus padres.

Jamuna descubrió poco después que su madre, su melliza y su hermanito menor estaban sanos y salvos, aunque nadie sabía dónde estaba su padre.

“Cuando papá regresó, siete horas más tarde, sentí una inmensa felicidad", cuenta con una sonrisa. "¡Sentía tantas emociones al mismo tiempo que ni siquiera podía hablar!".  

La familia pasó esa noche en uno de los campamentos de tiendas de campaña que se habían erigido en la ciudad. "Tenía tanto miedo que no podía comer ni dormir", narra Jamuna. “Me tomé de la mano de mi hermana y no la solté en toda la noche. Cada nuevo remezón me causaba temor y me hacía transpirar".

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nepal/2015/Sokol
Jumana canta a coro con otros niños en el espacio amigable para la infancia que se instaló en el campamento.

Risas

Desde entonces, Ganga y Jamuna viven en una tienda de campaña y acuden al espacio amigable para la infancia de UNICEF en el campamento.

Uno de los trabajadores voluntarios de esa instalación es Kuisang Rumba, un famoso actor de videoclips musicales nepalés que les enseña a los niños pasos de baile graciosos al ritmo de música que improvisa con los labios. Los originales pasos y sonidos que genera hacen reír a carcajadas a los niños.  

La primera en acercarse a él y repetir sus pasos de danza es Jamuna, mientras que Ganga observa desde más lejos y se ríe con timidez.

“El primer día, muchos de estos niños sentían timidez, tenían temor de todo y, en general, mantenían una actitud pasiva", explica Kuisang. “Pero al cabo de tres o cuatro sesiones de teatro y danza, la mayoría de ellos comenzó a participar, a relacionarse con los demás y a repetir conmigo los pasos de baile cómicos". 

Ganga dice que disfruta del tiempo que pasa en el espacio acogedor para los niños, pero que quiere reanudar su vida normal.

“Echo de menos mi escuela y a mi mejor amiga", explica. "Pero no sé donde está. Desde el segundo terremoto no he sabido nada de ella".

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nepal/2015/Sokol
Rumba, un actor nepalés que realiza trabajo voluntario en el espacio acogedor para los niños, baila junto a Jumana.

Jamuna está preocupada por el efecto emocional que tuvo el terremoto en su hermana. Como dice reiteradamente, ella "los cuida a todos", a su melliza, a su hermano de cuatro años y a su madre. 

Jamuna cuenta que tiene muchos sueños que quiere hacer realidad y que anhela volver a la escuela.

"Aunque me gusta cantar, bailar y jugar en el espacio para los niños del campamento, estoy un poco aburrida. Quiero leer y escribir, y echo de menos mi vida anterior", comenta. "Me han dicho que sería bueno ser científica, y por eso quiero estudiar mucho para llegar a serlo".


 

 

Fotografía UNICEF: Después del terremoto

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