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Myanmar, República de la Unión de

El acceso a agua potable en el estado de Rakhine, Myanmar

Por Mariana Palavra

Los niños y las familias de Rakhine, estado de Myanmar, aún se están recuperando de la violencia sectaria que comenzó en 2012. Muchos viven en campamentos en los que hay frecuentes periodos de escasez de agua o de inundaciones. En la actualidad, UNICEF está ayudando a las familias afectadas por las inundaciones a acceder a agua limpia. Sin embargo, cuando visitamos a estas familias a principios de junio, antes de que las fuertes lluvias monzónicas y un ciclón tropical ocasionaran grandes inundaciones, se enfrentaban al problema contrario: la escasez de agua causada por una larga sequía.

SITTWE, Myanmar, 21 August 2015 – SITTWE, Myanmar, 21 de agosto de 2015. Un trayecto de menos de una hora en barco separa Sittwe, capital del estado de Rakhine, del pueblo de Ah Nauk Ye, donde se envió a más de 1.000 familias musulmanas tras la violencia intercomunal que hubo en ese estado en 2012. Aunque el campamento para desplazados internos se instaló a poca distancia del puerto, a menudo deben enfrentarse a duros periodos de escasez de agua durante las estaciones más secas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Myanmar/2015/Thame
Nour Hartu, de 25 años, con su hija pequeña Tosmin Ara, de 9, en el pueblo de Ah Nauk Ye, estado de Rakhine, Myanmar.

Nour Hartu, de 25 años, llegó al campamento con su hija pequeña después de huir de Paukio Taw, una ciudad mayoritariamente musulmana. Su marido emigró a Malasia hace más de 10 años, y unos años más tarde le siguieron sus suegros.

“Se llevaron a escondidas a mi hija mayor a Malasia”, cuenta Nour Hartu. “Echo de menos mi pueblo cada hora que pasa. Tenía una casa muy grande y sólida, y también un pequeño negocio. De allí provienen todos los recuerdos de mi hija mayor”.

A veces, Nour Hartu recibe la llamada de su hija, que vive y estudia en Malasia con sus abuelos. De su marido, sin embargo, no ha recibido noticias ni ayuda.

No está segura de la edad de sus hijas. Calcula que la mayor, Yasmin Ara, tiene más de 10 años, y que Tosmin Ara tendrá más de 9, aunque parece más pequeña. Tosmin, que no ha llegado a conocer a su padre, asiste al segundo curso del centro de aprendizaje temporal instalado en el campamento.  

Vivir de raciones  

Dado que no tiene trabajo ni libertad de movimiento, Nour Hartu depende de la ayuda alimentaria para sobrevivir. Todo lo que guarda de su ración diaria lo intercambia por pescado o por otros bienes esenciales. Además, recibe una ración de 10 litros diarios de agua potable. Este año, los periodos de escasez de agua han sido los peores que han pasado nunca, y han provocado disputas entre los residentes del campamento y la comunidad de acogida, que no quería compartir el agua de sus estanques.   

UNICEF y Solidarités International están trabajando estrechamente con el gobierno del estado de Rakhine para abordar los problemas de agua, saneamiento e higiene (WASH) que afrontan las familias residentes en el campamento. Juntos, han logrado recoger el agua necesaria para llenar siete estanques, han respaldado el proceso de tratamiento del agua y se han asegurado de que cada persona disponga de cinco litros de agua potable al día.  

“Ahora me siento más segura porque sé que el agua está tratada. La temporada de lluvias está a punto de empezar, y esto debería reducir el problema del agua porque los estanques se llenan con el agua de la lluvia”, explica Nour Hartu.

El pueblo de las migraciones

Ponnek Yun fue uno de los pocos municipios de Rakhine a los que no le afectó la violencia de 2012, pero no le han faltado periodos de escasez de agua. La mayoría de sus habitantes viven del agua de la lluvia, pero este año no ha habido suficiente. Durante gran parte del año, la poca agua que han tenido la han debido racionar.

Nan New Oo, de 14 años, está al tanto de este problema. Cuando no está en la escuela, recoge agua de uno de los estanques. “Puedo llevar dos recipientes a la vez”, dice. “Este agua solo sirve para cocinar. Si necesitamos beber, tenemos que recoger el agua de la orilla del estanque, la dejamos reposar 24 horas y la filtramos con un trozo de tela”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Myanmar/2015/Thame
Nan New Oo (a la derecha), de 14 años, con su madre y su hermana en el municipio de Ponnek Yun, estado de Rakhine.

Nan New Oo aprendió este truco de su madre Ma Hla Sein, de 34 años, que también utiliza ahla (un tipo de aluminio) para depurar el agua. “Este es el método tradicional de depuración de agua que se utiliza en el pueblo”, explica. 

Ma Hla Sein cuida sola a sus tres hijos porque su marido emigró a Tailandia por trabajo, al igual que la mayor parte de los hombres del pueblo. “Mi marido solía ganar un dólar al día trabajando en el campo”, cuenta. “A veces, yo también hacía alguna tarea de construcción para llegar a los tres dólares diarios. Ahora mi marido gana tres veces más cortando madera en Tailandia”.

Ma Hla Sein lleva un tiempo asistiendo a sesiones de concienciación sobre agua potable e higiene, organizadas por el Comité Internacional de Rescate (IRC) y respaldadas por UNICEF. UNICEF también ha distribuido agua depurada y pastillas para la depuración de agua, y se han construido y renovado seis estanques en el municipio.

Dignidad e igualdad de oportunidades

El objetivo de UNICEF es garantizar que los niños del estado de Rakhine puedan desarrollar plenamente sus capacidades. Para ello, trabaja para afrontar la pobreza infantil, promover los derechos y el desarrollo de los niños y atender las necesidades humanitarias de las personas desplazadas por razón de violencia.

Rakhine es uno de los estados más pobres de Myanmar, y las familias de allí tienen menos posibilidades que las de otras partes del mundo de acceder a los servicios básicos. UNICEF trabaja con el gobierno y sus aliados para garantizar que todas las familias de Rakhine tengan acceso a agua potable, saneamiento e higiene, sin importar cuál sea su etnia, religión o estatus legal.

“Todos los niños tienen derecho a agua potable, aunque el modo en que UNICEF ayuda a cada familias puede variar en función de sus condiciones de vida, ya sea en campamentos, comunidades o zonas remotas”, explica el especialista en WASH para UNICEF Bishnu Pokhrel. “Si queremos construir una sociedad pacífica, debemos asegurarnos de que todas las familias puedan acceder a los servicios básicos y vivir con dignidad e igualdad de oportunidades”.

Estas dos familias han encontrado una solución para acceder a agua potable, pero hay algo que todavía echan en falta: “No quiero otro marido ni otra familia”, dice Nour Hartu. “Solo tengo un sueño: volver a tener a mi hija mayor conmigo para que podamos vivir las cuatro juntas”.

Su hermano de 11 años pretende seguir los pasos de su padre y emigrar a Tailandia, pero Nan New Oo desea que suceda lo contrario. “Echo de menos a mi padre”, dice. “Quiero que vuelva… con dinero”.


 

 

Fotografía UNICEF: Agua, saneamiento e higiene

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