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Panorama: Líbano

Los niños sirios que deben abandonar la escuela se casan para sobrevivir

Imagen del UNICEF
© UNICEF/UN043221/Romenzi
Jomaa, de 14 años, no va a la escuela porque debe sacar adelante a su familia. Echa de menos jugar con su amiga Hadya, que ha regresado a la República Árabe Siria y se ha casado con el hermano de Jomaa.
 

Por Hedinn Halldorsson

En el Líbano, la infancia de muchos niños refugiados sirios ha terminado antes de tiempo. A algunos los han obligado a trabajar para que su familia pueda tener unos ingresos fijos; otros se ven forzados a casarse muy pronto para estar protegidos y ahorrar dinero. Esta es la historia de Jomaa y Hadya, dos amigos de la infancia que ahora viven vidas de adultos.

BEIRUT, Líbano, 23 de enero de 2017 – Hace cuatro años, cuando los dos tenían 10, Jomaa y Hadya eran buenos amigos y disfrutaban de una infancia feliz. Jugaban al fútbol después de la escuela y hacían los deberes juntos.

Ahora, ninguno de ellos va a la escuela. Jomaa ya se ha olvidado de leer y escribir, y a Hadya la han casado. Ambos tienen responsabilidades y obligaciones propias de personas adultas.

Hadya nunca se marchó de su ciudad natal, en Siria. Sus padres la casaron con el hermano mayor de Jomaa. Jomaa, por su parte, se gana la vida en el Líbano, donde su familia ha encontrado un refugio y unos ingresos fijos. Le pagan dos dólares por cada jornada laboral de 12 horas.

“Siria estaba totalmente devastada. El edificio de mi escuela fue bombardeado, pero mis antiguos compañeros siguen yendo. Hadya y yo estábamos en la misma clase, pero estalló la guerra y a mí se me olvidó todo. Me olvidé de leer y de escribir”, afirma Jomaa.

La extrema pobreza a la que se enfrentan muchos refugiados sirios los obliga a tomar decisiones que ningún padre debería tomar. Entre los denominados mecanismos negativos de defensa –que son las consecuencias de sus adversidades—se encuentran los matrimonios infantiles y el trabajo infantil. En la lucha contra estas dos prácticas, la educación es fundamental.

“Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para que los niños sirios puedan ir a la escuela. El primer paso es ayudar económicamente a las familias, con el fin de que puedan invertir en el futuro de sus hijos en lugar de preocuparse por cómo alimentarlos”, sostiene Tanya Chapuisat, representante de UNICEF en el Líbano. “Los siguientes pasos son pagar las matrículas escolares, establecer dos turnos en las escuelas, facilitar material de aprendizaje y ofrecer un programa especial para quienes hayan perdido años de educación”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
Hanadi, de 13 años, es una adolescente siria que ahora vive refugiada en el Líbano. Ha sido testigo del matrimonio forzado de dos de sus hermanas antes de que terminaran su educación. Ella espera tener un futuro diferente.

Medidas desesperadas

“Los padres sirios son perfectamente conscientes de la importancia que tiene la educación en el futuro de sus hijos; de hecho, la tasa de asistencia a la escuela en Siria superaba el 90% antes de la guerra. Sin embargo, ahora se encuentran en una situación tan difícil que a menudo no les queda más elección que mandar a sus hijos a la calle o al campo para generar ingresos, lo que explica que la tasa de asistencia se haya reducido hasta el 50%”, explica Chapuisat.

Esa misma desesperación los lleva a casar a sus hijas.

Hanadi, de 13 años, una adolescente siria que vive refugiada en el Líbano, ha sido testigo de las consecuencias del matrimonio prematuro. Ahora le preocupa su propio futuro.

“Las niñas a las que casan tan pronto no llegan a vivir ni a recibir una educación. No saben nada. Tengo dos hermanas a las que casaron cuando eran muy jóvenes. No quiero que me pase lo mismo”.

La principal explicación al matrimonio prematuro en el contexto sirio es que, al casar a una hija, los padres tienen una boca menos que alimentar y sienten el consuelo de que su hija estará protegida y cuidada. Otra razón es que casar a una hija puede convertirse en una medida de protección, teniendo en cuenta la vulnerabilidad y el peligro de sufrir abusos sexuales al que se enfrentan las niñas de asentamientos informales del Líbano.

“Se trata de una simple cuestión de supervivencia, y es cierto que hay razones para preocuparse, porque la situación socioeconómica de los refugiados sirios en el país está empeorando”, añade Chapuisat.

Con el fin de acabar con el matrimonio infantil, es importante informar a los padres y a las hijas sobre los peligros y las consecuencias que conllevan. De hecho, la negación al matrimonio infantil por parte de las niñas es notablemente superior entre aquellas que van a la escuela que entre las que no. De nuevo, la concienciación y la educación son esenciales.

“Nada de esto es sencillo, pero sí factible”, concluye Chapuisat.

Para ver una entrevista con Jomaa y saber qué les impide asistir a la escuela, así como las medidas que UNICEF está tomando al respecto, visite www.imagineaschool.com


 

 

Documental interactivo de UNICEF: #ImagineaSchool

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