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Iraq

En Iraq, cuesta arriba con el agua

Por Lindsay Mackenzie

El equipo de UNICEF concibe un enfoque creativo para proveer agua a un grupo de familias iraquíes que viven refugiadas en un remoto altiplano donde carecen de suministro.

QASHAFAR, Iraq, 9 de junio de 2015 - Los oficiales de agua, saneamiento e higiene de UNICEF no sabían qué hacer con las 25 familias desplazadas que vivían en viviendas a medio construir, sin acceso a agua potable, en un elevado altiplano próximo a la ciudad de Dohuk, en la provincia de Kurdistán, Iraq.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2015/Mackenzie
Romel Toma conduce su tractor por la empinada ladera hasta la aldea de Sijie, situada en la provincia de Kurdistán, el Iraq. Este tractor abastece de agua potable a 25 familias que viven en una zona a la que los camiones cisterna para agua convencionales no pueden acceder.

Debido a su dispersión, era imposible conectar el conjunto de las viviendas a la red de abastecimiento de agua que había mucho más abajo. Y las familias no querían trasladarse a un asentamiento formal para personas desplazadas, donde dispondrían de agua.

La única solución viable parecía ser transportar agua mediante un camión; pero la zona resultó ser impracticable para vehículos de gran tamaño.

Al final, UNICEF halló una solución sencilla.

“Empleamos un tractor”, cuenta Ghassan Madieh, especialista de agua, saneamiento e higiene de UNICEF en Dohuk. “Era perfecto para ese terreno”.

Proveer agua salubre

Gracias a financiación proveniente del KfW Development Bank de Alemania y otros aliados, cada día, UNICEF provee agua potable a 62.000 personas desplazadas que viven en la gobernación de Dohuk.

Y la gran flota de camiones cisterna para agua incluye ahora un tractor que remolca un tanque.

Todos los días, un hombre de la zona llamado Romel Toma, de 22 años, engancha a su tractor azul un tanque del mismo color con capacidad para 4.000 litros de agua, lo llena de agua en un surtidor cercano y a continuación emprende el camino hacia las edificaciones a medio hacer que se erigen en la empinada ladera. El vehículo sortea los baches con un movimiento ondulado, se detiene aquí y allá para dar paso a las ovejas, y va dejando tras de sí un pequeño reguero de agua. El viento hace girar el molinete de arco iris que hay sobre el capó.

“Las familias se ponen contentas cuando ven el tractor”, dice Romel.

El suave rumor del vehículo anuncia su llegada. Familias, mujeres y niños desplazados emergen de sus viviendas improvisadas, sosteniendo en la manos recipientes de plástico, latas de aceite recicladas y cubos de todos los colores. De un salto, Romel desciende de su tractor y conecta una larga manguera de goma a un tanque de hierro, mientras los residentes llenan sus cubos con agua del grifo del tractor.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2015/Mackenzie
Hamid, de 15 años, llena con agua unos barreños bajo la mirada de su familia, en el exterior del edificio a medio construir en el que se han refugiado. La familia de Hamid tuvo que huir de Sinjar en Agosto de 2014; se han trasladado ya dos veces antes de establecerse aquí.

Hamid, de 15 años, le ayuda con la manguera. Serio y callado, su rostro aparenta mucha más edad de la que tiene. La familia de Hamid tuvo que abandonar su hogar en Sinjar el pasado mes de agosto debido a la violencia incesante. Tras un difícil viaje a Dohuk hallaron refugio en un concurrido edificio que en el pasado albergó una escuela. Después se trasladaron a un asentamiento informal situado en la localidad de Khanke, pero debido a las deficiencias de saneamiento en aquel lugar tuvieron que trasladarse por tercera vez, y finalmente se instalaron aquí, en Qashafar, hace dos meses.

“Sin este agua, nos sería imposible vivir aquí”, dice. “La usamos para todo: para beber, para lavar, para bañarnos…”.

Hace más de un año que Hamid no asiste a la escuela. Su tiempo lo emplea ahora trabajando en la construcción a fin de ganar algo de dinero para su familia. Las 18 personas que integran tres de las familias que viven en este altiplano comparten dos tanques de agua. Sólo pueden bañarse una vez por semana.

“El agua está limpia, es potable, y estamos sanos”, dice, “pero no es suficiente”.

Romel, el conductor del tractor, cuenta que pese a que hace cinco o más viajes al lugar, hay días en que no consigue suministrar agua a las 25 familias que viven en la zona. En los asentamientos informales como éste, todos piden más agua, además de otros servicios esenciales como la educación. Pero de momento no es posible ampliar el suministro, debido a la falta de financiación.

Un costoso desafío

En Iraq, el 27% de las personas desplazadas viven en edificaciones a medio construir, en asentamientos informales o en otro tipo de refugios, mientras que el 8% viven en campamentos organizados. Acceder a estas familias dispersas para proveerles agua, saneamiento e higiene resulta difícil y costoso.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2015/Mackenzie
Romel posa junto a su tractor en la aldea de Qashafar, donde viaja varias veces al día para llevar agua.

De hecho, si no se consigue la financiación necesaria, puede incluso que haya que interrumpir la limitada provisión de agua que se suministra a Qashafar.

En su oficina de Dohuk, Ghassan, el especialista de agua, higiene y saneamiento de UNICEF explica que si no llegan nuevos fondos, los efectos en la provisión del servicio serán catastróficos.

“Por ejemplo, las aguas residuales contaminarían las calles”, dice. “La gente tendría que consumir agua no clorada. Habría menos cantidad de agua. Influiría de forma negativa en la salud, en especial la de los niños y las personas más vulnerables”.

Por ahora, las familias desplazadas de Qashafar como la de Hamid cuentan con que el tractor de Romel remonte la colina para venir a llenar sus tanques. Todos los días, el tractor hace su viaje cuesta arriba, con su molinete de arco iris que gira movido por el viento, y el desfile de recipientes sale a recibirle.

Pero no se sabe hasta cuándo podrá continuar y qué harán las familias cuando ya no sea posible llevarles agua.


 

 

Fotografía UNICEF: Apoyo a Yazidis

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