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Iraq

Crear espacios seguros para la infancia en los entornos de refugiados de Irak

Por Lindsay Mackenzie

Gracias a un programa puesto en marcha con ayuda de UNICEF, los niños y niñas iraquíes que viven desplazados de sus hogares en refugios provisionales tienen oportunidad de disfrutar su infancia de nuevo.

ERBIL, Irak, 11 de mayo de 2015 – Un suelo de cemento que se barre con una escoba; el murmullo de una conversación en voz baja; el ruido de unos platos que alguien lava con un áspero cepillo de alambre; un balón de fútbol errante que rebota en una pared.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2015/Rfaat
Niños y niñas intentan seguir los pasos de baile durante un programa de esparcimiento ofrecido en un refugio para menores de edad y familias desplazadas de Erbil, Irak.

Estos son los sonidos cotidianos que integran la vida de un grupo de 35 familias iraquíes procedentes de Qaraqosh, la mayor ciudad cristiana del norte del Irak, que huyeron de sus hogares y buscaron refugio en una escuela de Erbil.

Cada dos semanas, los martes, el estruendo proveniente de un viejo altavoz que de pronto vuelve a funcionar interrumpe esos sonidos.

Y se oye a alguien que grita: “¡Todo el mundo a hacer el baile del hámster!”

Atraídos por la música, los niños salen de sus habitaciones improvisadas y acuden en pelotón al patio. Los adolescentes que animan el grupo –a los que se conoce como los movilizadores– intentan coordinar los saltos, las palmas y las contorsiones de los cuerpos en filas ordenadas.

Es imposible. Pero no importa, porque todo el mundo está sonriendo y bailando, aunque no sigan correctamente los pasos del baile.

Estas actividades para los niños desplazados se llevan a cabo con el apoyo de la oficina de UNICEF en Irak y con financiación del Reino de Arabia Saudita. Cada mes, este programa llega a cerca de 1.100 niños y niñas que viven en 11 espacios para refugiados de las inmediaciones de Erbil que no son campamentos, permitiéndoles olvidar las dificultades que padecen, jugando, realizando actividades artísticas y practicando deportes en grupo.

Y cada mes, por todo Irak, cerca de 11.000 niños y familias se benefician de otras actividades de comunicación para el desarrollo.

Pero esto no es sólo para la infancia.

“Son dos horas de paz para los progenitores”, explica Abdullah Rashid, que colabora con uno de los aliados en la ejecución de UNICEF.

Un momento de paz

Nisha Meelis*, madre de tres hijos, que lleva nueve meses viviendo en el refugio, asiente. Cuando se le pregunta qué es lo que más echa de menos de su hogar de Qaraqosh, responde lo mismo que muchos otros: las cosas sencillas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2015/Rfaat
Niños desplazados y unos jóvenes animadores bailan en círculo en el patio de una escuela que sirve como refugio para las familias desplazadas de Qaraqosh.

“Echo en falta a mis amistades, nuestra casa, el jardín”, cuenta.

Pero con una mirada melancólica al techo del aula, añade: “También echo de menos nuestra azotea. Allí encontraba un poco de paz e intimidad”.

Aunque esto no sea una azotea con vistas a un jardín, al menos en el tiempo que dura el programa de esparcimiento infantil, Nisha puede disfrutar de un té con una amiga sin tener que preocuparse de su dinámica progenie.

Vestida con unos vaqueros rotos y con el pelo muy bien peinado, Dina Zayya, de 18 años, es una típica adolescente, pero que de pronto parece mayor cuando comienza a hablar del día que tuvo que abandonar su hogar en Qaraqosh con su familia, el pasado mes de agosto.

“Después de que nos marchamos, los combatientes destruyeron nuestra casa”, relata. “Se lo llevaron todo”.

Mirando al suelo, en un intento de contener las lágrimas, explica que lo poco que poseían cuando llegaron a Erbil –el coche familiar y las joyas de su madre– tuvieron que emplearlo para mantener a la familia.

“Lo vendimos para poder sobrevivir”, cuenta.

Dina continúa diciendo que no sabe lo que el futuro les deparará y que echa de menos la escuela. Pero, al menos por ahora, su papel de movilizadora ayuda a paliar la monotonía con que transcurre la vida en este asentamiento provisional.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2015/Rfaat
Nisha Meelis, madre de tres hijos, tuvo que abandonar Qaraqosh. Ahora vive con su familia en Erbil.

Esta labor le da una función que desempeñar: junto a otros 10 animadores, visitan distintos enclaves para personas desplazadas de las inmediaciones de Erbil, donde dirigen sesiones de baile para los niños y niñas más pequeños, imparten clases de actividades artísticas o proyectan películas..

¿Y qué es lo que más le gusta?

“Trabajar junto a mi hermana pequeña”.

Dos horas después de su llegada, el personal encargado del programa comienza a recoger, pero antes de irse, los movilizadores solicitan un último baile. Esta vez no se trata de la graciosa canción del hámster, sino de algo mucho más familiar para todos: una canción asiria que acompaña a un baile tradicional.

ASe forma un círculo. Animadores y niños finalmente consiguen coordinarse y saltar, jubilosos, en un círculo ordenado, ante la mirada de los adultos que, riendo, les observan desde los extremos del patio.

Durante unos minutos, esa evocación musical de su tierra natal les devuelve al recuerdo de un hogar en paz.

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*Algunos nombres se han cambiado.


 

 

Fotografía UNICEF: Apoyo a yazidis

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