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República Democrática del Congo

Educación para la paz en la República Democrática del Congo

Por Nicolas Meulders

Hace un año, el violento conflicto entre grupos étnicos de la comunidad de Jeannette la obligó a escapar de su aldea. En la actualidad, la pequeña participa activamente en el comité de paz de su escuela. Jeannette, que actúa en obras y organiza otras actividades de concienciación, está utilizando la escuela para ayudar a construir puentes entre los grupos en discordia de su comunidad.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2016/Jones
Jeannette, de 14 años, actúa en una obra de teatro sobre la consolidación de la paz. La niña pertenece al grupo étnico de los batwa (pigmeos), que viven junto a los baluba (un grupo bantú) en ese lado de la República Democrática del Congo.

PROVINCIA DE TANGANYIKA, República Democrática del Congo, 27 de mayo de 2016 – Bajo un árbol de mango que está creciendo a unos metros del patio de su escuela, Jeannette, de 14 años, termina su actuación teatral, a la que siguen los aplausos de los miembros de la comunidad de la aldea Ngombe Nwana. La obra trata sobre la resolución pacífica del conflicto entre dos jóvenes de la aldea que se habían enfrentado violentamente a causa de un robo. Hace unos meses, Jeannette y algunos de sus compañeros de clase se unieron al comité de paz de la escuela. Juntos, organizan actividades para concienciar a la gente sobre la consolidación de la paz.

Jeannette pertenece a los batwa, un grupo étnico pigmeo. En esta región rural de la República Democrática del Congo, los batwa viven junto a los baluba (los bantúes), una convivencia que, en ocasiones, se convierte en un conflicto comunitario. A principios de 2015, Jeannette tuvo que salir de su pueblo de la región de Manono cuando los pigmeos y los bantúes se enzarzaron en una confrontación.

“Atacaron y quemaron mi aldea, así que me vi obligada a escapar con toda mi familia”, cuenta Jeannette. “Tras varios días caminando, nos refugiamos en un campamento de desplazados que también atacaron y quemaron poco después. Al final, terminamos escondidos en un viejo almacén en la ciudad de Nyunzu”.

Más de 15.000 personas, la mayoría de ellas mujeres y niños, pasaron varias semanas atrapados en ese almacén sin atreverse a salir por miedo a las represalias. Finalmente, las autoridades locales mediaron en el conflicto y lograron poner fin a las hostilidades.

Un conflicto con causas arraigadas

Después de esos sucesos, muchos desplazados no pudieron regresar a sus hogares. “Las autoridades decidieron reubicarlos en aldeas para que pudieran volver a trabajar en el campo y vivir una vida normal”, afirma Delphin Mwengue Bin Mpungu, encargado de la subdivisión provincial del Ministerio de Educación en Nyunzu 2.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2016/Jones
Jeannette contempla a dos niños que hacen las paces. Gracias a la ayuda del programa de UNICEF Learning for Peace (Educación para la paz), su comunidad se está incorporando a las actividades dedicadas a consolidar la paz en las escuelas.

“Esas poblaciones siempre han vivido juntas y mantienen una estrecha interdependencia, ya que los batúes trabajan a menudo para los baluba. Sin embargo, los batúes suelen estar marginados y tienen menos acceso a la tierra o a servicios sociales básicos como la escuela”, explica. “Esa discriminación es un motivo permanente de tensiones, y una pequeña chispa podría prender fuego a esta situación”.

La escuela: una prioridad para recuperar la paz

Con la ayuda de UNICEF, el gobierno estableció la prioridad de reabrir las escuelas de las aldeas. “Algunas fueron saqueadas o quemadas durante los conflictos, y muchos profesores huyeron”, explica Gaston Mugunga Muhiya, director de la escuela de Ngombe Nwana. “Hemos llevado a cabo una campaña de concienciación de puerta a puerta para convencer a los padres de que manden a sus hijos de nuevo a la escuela”.

Afortunadamente, la campaña tuvo éxito. “Ahora contamos con 339 alumnos: más de una tercera parte de ellos son batúas”, sostiene.

“En las situaciones posteriores a un conflicto, el papel de la escuela es muy importante”, afirma Chantal Kapinga Nzemba, una especialista en educación de UNICEF. “Cuando una escuela reintegra a los niños en una aldea, es síntoma de que la paz ha vuelto. Además de eso, la escuela les ofrece la oportunidad de aprender a vivir juntos de nuevo”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2016/Jones
Jeannette posa con otros niños de su comunidad. El programa de Educación para la paz tiene por objetivo reforzar la educación para consolidar la paz en las zonas en peligro o afectadas por el conflicto.

Aprender a vivir juntos en paz

Es precisamente esa capacidad para llevar una convivencia armoniosa lo que UNICEF trata de fomentar mediante el programa de Educación para la paz.

El programa es una alianza entre UNICEF, el Gobierno de los Países Bajos, los gobiernos nacionales de los países participantes y otros aliados fundamentales. El objetivo primordial de la iniciativa consiste en fortalecer la resiliencia, la cohesión social y la seguridad humana en contextos de conflicto, incluyendo países que estén en peligro de sufrir uno o se estén recuperando. En concreto, la finalidad del programa Educación para la paz es reforzar las políticas y las prácticas de educación para la consolidación de la paz.

“Aparte de aprender, queremos que los niños desarrollen su potencial y vivan juntos y en paz”, sostiene Nzemba. Además, elegir las escuelas como el lugar donde lograr estos objetivos permite que el programa se dirija a distintos niveles de la comunidad. En primer lugar, se ha preparado a los profesores para realizar actividades que promuevan la cohesión social dentro de la escuela. Gracias a esa preparación, los niños se han convertido en las partes interesadas en la paz, han entrado a formar parte de comités de paz y han comenzado a organizar eventos deportivos, charlas y obras teatrales para concienciar a su comunidad. Por su parte, los adolescentes también han tenido la oportunidad de expresarse y organizar actividades en los clubes para adolescentes (denominados clubes “AdoDev”).

Las escuelas, asimismo, sirven como punto de encuentro entre distintas comunidades. “Para algunos padres que antes solían ignorarse, es muy llamativo que sus hijos ahora jueguen juntos, especialmente cuando son las asociaciones de padres y madres o las actividades de la comunidad los responsables del encuentro”, explica Muhiya, el director de la escuela.

En total, más de 165 escuelas han recibido la ayuda de UNICEF para consolidar la paz en las subdivisiones de Manono, Kalemie y Nyunzu 1 y 2 de la provincia de Tanganyika.

Desde 2012, el programa de Educación para la Paz ha surtido efecto en la vida de más de dos millones de niños y miembros de las comunidades de África Central y Occidental.


 

 

Video UNICEF: La historia de Sarah - Consolidación de la Paz en la educación

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