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República Democrática del Congo

Una enfermera y un estuche de material familiar ayudan a salvar vidas

Charlotte, trabajadora sanitaria de UNICEF, combate la mortalidad infantil en R.D. Congo (video en inglés).

 

Por Yves Willemot

En República Democrática del Congo se está logrando disminuir la mortalidad infantil gracias a un programa que recibe apoyo de UNICEF y que provee medicamentos a las familias y asesoramiento en el hogar.

MBANZA NGUNGU, República Democrática del Congo, 29 de mayo de 2015. Charlotte Disukini es una abejita industriosa, cuando menos. Charlotte, madre de cinco hijos y abuela a sus cuarenta años, vive en un barrio de las afueras de Mbanza Ngungu, a cuatro horas de Kinshasa, la capital de República Democrática del Congo (R.D. Congo).

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2015/Gilliam
Charlotte Disukini camina con sus alumnos de guardería en Mbanza Ngungu, República Democrática del Congo.

La jornada de Charlotte comienza poco después de las 5 de la mañana, cuando sale para asistir a los servicios religiosos cotidianos en la iglesia. Después regresa a casa para despertar a su esposo y a sus hijos, y les prepara un desayuno sencillo a base de hojas de mandioca y arroz.

A las 7 marcha para la escuela. Charlotte es profesora de una guardería, y está entregada en cuerpo y alma a sus pequeños alumnos de 4 años. En cuanto acaba la jornada escolar al mediodía, Charlotte se dirige a la pequeña parcela que posee cerca de la escuela, donde cultiva sus propias hortalizas. Sus modestos ingresos como profesora y lo que produce la parcela que cultiva su esposo no bastan para alimentar a la familia.

Cuando Charlotte termina su labor en el huerto, comienza el trabajo que más le emociona: el de trabajadora sanitaria de la comunidad.

La necesidad de ayudar

Charlotte se hizo trabajadora sanitaria de la comunidad hace un año. Sus vecinos la persuadieron de presentarse como candidata al puesto y la votaron mayoritariamente.

“Cuando era mucho más joven deseaba ser médico”, cuenta Charlotte. “Siempre envidié a esos hombres y mujeres que vestían batas blancas. Pero cuando murió mi padre, esa opción ya no nos la podíamos costear. Sin embargo, mi trabajo como trabajadora sanitaria comunitaria satisface esa necesidad que siento de ayudar a la comunidad”.

Charlotte y otros muchos trabajadores sanitarios comunitarios que prestan servicio en la zona de Mbanza Ngungu desempeñan un papel fundamental para el éxito del programa que la R.D. Congo puso en marcha hace 18 meses con ayuda de UNICEF. Este programa se instauró en respuesta a la iniciativa Una Promesa Renovada, un llamamiento a la acción por el que se instaba a la comunidad internacional a redoblar los esfuerzos por acelerar la disminución de los índices de mortalidad materna e infantil en R.D. Congo, que registra unas tasas de las más elevadas del mundo.

“Antes se producían muchas muertes porque nadie podía permitirse acudir a una clínica ni comprar medicamentos”, explica Charlotte. “Cuando un niño se ponía enfermo, si aconsejabas a la familia que le llevaran al médico, respondían que no podían porque no tenían dinero”.

Con el fin de abordar este problema, UNICEF concibió un nuevo enfoque para el tratamiento de las enfermedades infantiles: el estuche de material familiar. Este estuche de material contiene paracetamol para controlar la fiebre y zinc y sales de rehidratación oral para prevenir la deshidratación por diarrea, productos que los progenitores pueden emplear para tratar a los niños enfermos antes de llevarles al centro de salud.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2015/Gilliam
Además de ser profesora y enfermera, Charlotte cultiva alimentos para su familia en una pequeña huerta.

En el estuche de material familiar se incluye también un vale con el cual es posible examinar y tratar a un niño por un coste de tan sólo 1.000 francos congoleses (en torno a 1 dólar), en lugar de los 4.500 francos que sería el coste normal. UNICEF sufraga la diferencia.

Visitas a domicilio

Pero estos estuches de material, que ofrecen una solución al problema de administrar tratamiento rápido y eficaz a los niños enfermos, también tienen que distribuirse y promoverse para que sean útiles.

El enlace para ello es Charlotte, responsable de cerca de 40 familias en las que hay niños menores de 5 años, a las que visita individualmente al menos una vez al mes.

“Voy a verles con frecuencia para saber cómo van, cómo están los niños, si han seguido mis consejos, si han puesto el mosquitero”, cuenta.

Las madres reciben un estuche de material que viene acompañado de instrucciones sobre cómo utilizarlo. Cada tres meses, a fin de que no se queden sin esos medicamentos esenciales para tratar a los niños enfermos, Charlotte se asegura de que reciben un nuevo estuche.

Cuando Charles, un empleado local de UNICEF, las pone a prueba mostrándoles las pastillas de zinc y diciendo que sirven para tratar la fiebre en los niños, las madres le corrigen: “¡No, esto es para la diarrea! Para la fiebre tenemos que usar las otras”, afirman. 

Expansión del programa

La mirada de Charlotte se ilumina cuando la enfermera del centro local de salud dice que desde que se puso en marcha el programa no ha muerto ningún niño en el distrito. Estimulados por estos éxitos, el Gobierno y UNICEF han decidido expandir el programa a otros centros de salud de todo el país, en alianza con el Banco Mundial, el Fondo Mundial, la Unión Europea y GAVI, la Alianza para las Vacunas.

Se espera que la expansión del programa contribuya a reducir aún más los índices de mortalidad de menores de 5 años, que entre 2007 y 2013 descendieron desde la cifra de 161 muertes por cada 1.000 nacimientos vivos a 119 por cada 1.000.

Con este programa, una vez haya alcanzado su plena cobertura, se espera poder salvar las vidas de 430.000 niños y niñas menores de 5 años.


 

 

Fotografía UNICEF: Celebrando a los trabajadores de salud comunitarios

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