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Cuba

Aprendizaje sin límites: la educación inclusiva da espacio a los niños para crecer en Cuba

Imagen del UNICEF
© UNICEF Cuba/2016
Reinier trabaja en su máquina de escribir braille en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, Cuba.
 

Por Marta Lopez Fesser

“Sueño que suceden cosas, que converso con gente, no estoy seguro de si “veo” o no “veo”. Solo sé que sueño”.

LA HABANA, Cuba, 2 de noviembre de 2016 – Reinier tiene una respuesta rápida y contundente para todo. A sus 18 años, su curiosidad por todo y todos quienes le rodean lo mantiene, como a cualquier otro adolescente, entre la ilusión y la más absoluta incertidumbre. Pero no le preocupa el porvenir: sabe que si ha logrado llegar hasta aquí, él puede hacer cualquier cosa.

“Nací ciego, por eso para mí es normal no ver”, dice Reinier. Para otros que pierden la visión a mi edad, es mucho más difícil, claro. Yo me he desarrollado según crecía, con el apoyo de mi familia”.

Claribel, su madre, ha sido su más fiel y extraordinaria acompañante desde que nació. Le ha enseñado la lección más importante de su vida: que su desarrollo y sus sueños, como los de cualquier otro niño, no tienen límites.

Durante nueve años Reinier asistió a la escuela especial Abel Santa Maria, en la cual aprendió todo lo necesario para ingresar a la escuela regular. En Cuba, el carácter temporal de las escuelas especiales está diseñado para servir de tránsito hacia la integración en la educación regular. En la escuela Abel Santa María le enseñaron a utilizar el bastón, a identificar los colores, a tocar la guitarra y el piano y a montar en bicicleta. También aprendió historia, aritmética y geografía. 

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El profesor Carlos Bartolomé trabaja con alumnos de la escuela especial Abel Santa María. Ha dedicado su vida a enseñar a niños y niñas con discapacidad visual para funcionar en su entorno.
 

Su profesor, Carlos Bartolomé, lleva toda una vida enseñando apasionadamente a niños y niñas invidentes a desenvolverse en su medio. “Les doy las herramientas para que sean independientes, para que puedan moverse por su mismos. Y lo hacen. Son niños, son capaces de todo”.

En el paso a la escuela regular, donde haría los tres años de ‘pre universitario’, Reinier se sintió desafiado. “Tuve que insertarme. Todos los profesores y alumnos eran nuevos para mí, yo era el único alumno diferente, con necesidades diferentes”, él dice. Muchos de los profesores no tenían experiencia con alumnos como yo, pero enseguida mostraron interés, mejoraron sus métodos y me sentí como en casa”.

Aproximadamente 9.781 niños y niñas con discapacidad estudian en escuelas regulares en Cuba. En ocasiones sus profesores carecen de preparación, herramientas pedagógicas y la ayuda necesaria para que logren sus objetivos educativos. UNICEF contribuye a la formación inclusiva de estos docentes y a la sensibilización de las familias.

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El Sr. Pérez fue guía de enseñanza de Reinier en la escuela preuniversitaria.
 

José Humberto Perez fue el ‘profesor guía’ de Reinier en su primer año, una persona que se encarga de observar y adecuar la dinámica de la clase, para que el entorno del alumno con necesidades especiales sea adecuado y seguro.

“Reconozco que al principio me molestaba el ‘taca taca’ de su máquina (braille), bueno, a todos en realidad”, él dice. Hubo que generar consciencia en el aula, pero a las pocas semanas Reinier y su sentido del humor ya tenían muchos amigos”.

En el pre-universitario Cristino Naranjo todavía se acuerdan de cuando un profesor guía se encontró a Reinier solo afuera de salón de clase durante un examen. Cuando le preguntó con preocupación por qué le habían dejado fuera, el contestó que le habían pillado mirando.

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Reinier escribe en su máquina de escribir braille durante clase. A sus compañeros les tomó un rato adaptarse al sonido de la máquina de escribir, pero pronto se acostumbraron a ella y acogieron a Reinier como cualquier otro estudiante.
 

Reinier pasó estos tres años trabajando duro, tanto que se convirtió en el único alumno de su promoción en graduarse con Diploma de Oro, la más alta distinción académica. Durante estos años disfrutó especialmente de las computadoras, con un dominio impresionante del software JOS que, mediante un sintetizador de voz, ubica todas las opciones disponibles en la computadora. El ajedrez y el procesador de texto se convirtieron en sus actividades favoritas. Reinier había sido locutor en muchas actividades de la escuela y no pasaba pena como los demás estudiantes. Supo entonces que quería ser periodista.

Sin pensárselo dos veces, aplicó a la Universidad de la Habana para cursar periodismo. Tras una primavera llena de nervios supo que había sido admitido. Reinier comenzó sus estudios en la Facultad de Periodismo en septiembre, junto a más de 40 estudiantes. Atrás quedaron los días en que la ‘gua gua’ (microbús) de la escuela especial le recogía y devolvía a casa todos los días. Ahora llegar a la facultad es parte de la nueva aventura, la cual disfruta junto a su padre.

“Antes tenía mucho protagonismo, era el único diferente”, él dice. Aquí tengo que trabajar muy duro, hay más participación, más nivel, más cultura. Ya no soy el único; en la universidad somos todos diferentes”.

Hoy en día, Reinier es de los primeros en llegar al aula para coger sitio en primera fila. Sus compañeros aún no están acostumbrados al ‘taca-taca’ de su máquina de escribir braille, que pronto espera poder reemplazar por una ‘laptop’. La utiliza para tomar apuntes con ella, e incluso como asiento en el pasillo.

“¿Pues no es de hierro? Pues para lo bueno y para lo malo”, se ríe.


 

 

Fotografía UNICEF: Integrar a Usher

 

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