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Cuba

Celebrar las diferencias a través del fútbol inclusivo en Cuba

La discriminación y la marginalización social que sufren los niños y niñas con discapacidades causan un profundo efecto negativo en sus vidas. Estudiantes, maestros y familias en Cuba están aprendiendo a convivir y celebrar las diferencias a través del futbol.  

Imagen del UNICEF
© UNICEF Cuba/2016/LopezFesser
El equipo de Joana en la cancha de juego. El equipo de fútbol inclusivo está compuesto tanto por niñas como niños y por jugadores con discapacidades y sin ellas.

ARTEMISA, Cuba, 16 de mayo de 2016 – Joana, de 14 años, y su equipo se preparan para la ronda final del Primer Torneo de Futbol Inclusivo de Cuba, es difícil creer que hace apenas un año ella nunca había practicado ningún deporte. Su equipo representa la provincia de Artemisa, y está compuesto por compañeros de su clase de la Escuela Especial Hermanos Montalvo del Municipio de Caimito, así como de estudiantes de la Enseñanza Secundaria Básica Carlos Gutiérrez Montalvo. Después de una serie de victorias, ahora son uno de los equipos finales en el torneo.

“¡Los partidos han sido lo mejor, los hemos ganado todos!”, dice Joana. “Estamos cansados y también orgullosos, hemos entrenado mucho para llegar hasta aquí”.

Todos los niños y niñas tienen un gran potencial para aprender y prosperar, sin embargo aquellos con discapacidades son a menudo excluidos de muchos aspectos de la sociedad. Y aunque pueda parecer sencillo, una verdadera inclusión de los niños con discapacidad en los programas y actividades de la escuela puede ser difícil de lograr. El nuevo torneo tiene como objetivo cambiar esto a través del fútbol, uno de los deportes preferidos entre los adolescentes cubanos –siguiendo muy de cerca a “la pelota” (béisbol)– a ello se suma que para él se necesitan recursos mínimos y puede jugarse casi en cualquier sitio.

Equipos inclusivos, dura competencia

El proceso de selección es fuerte, desde la base. Es un proceso que dura todo el año, y en el que todas las escuelas del país tienen la posibilidad de participar. Cada equipo está formado por 11 estudiantes de entre 12 y 14 años de edad, 7 de ellos de la educación secundaria básica (3 mujeres y 4 hombres) y 4 de la educación especial (1 mujer y 3 hombres), pudiendo ser estudiantes de sus diferentes especialidades con posibilidades para jugar al futbol.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Cuba/2016/LopezFesser
Joana en la cancha de juego durante un partido. Antes de este año, Joana nunca había jugado al fútbol.

Es un requisito imprescindible que en todos los partidos intervengan activamente todos los jugadores y jugadoras, prestándose especial atención al tiempo en el terreno de juego de niñas y estudiantes de escuelas especiales.

Un compañero de equipo de Joana se acerca a ayudarla para explicar cómo funciona el futbol inclusivo: “Los equipos son mixtos, y todos y todas las que quieran jugar tienen que poder dedicar tiempo a entrenar; durante los entrenamientos es cuando nos conocemos y entendemos qué capacidades y talentos tenemos cada uno. Después ya organizamos nuestras tácticas con base en eso”.

La Villa del Yayabo, en Sancti Spíritus, acogió durante toda una semana a los más de 260 niños y niñas de equipos clasificados, junto a sus maestros y maestras, en la que disfrutaron de las competiciones deportivas y en la que también hubo tiempo de recreo. “¡El zoológico, nos llevaron al zoológico! Y hemos tomado helados, y hemos hecho muchos amigos nuevos”, nos cuenta Joana.

Lexter, de 13 años, compañero de escuela de Joana, nos asegura que el año próximo piensan volver. “Jugar con las niñas ha sido divertido. Enseñarlas a tocar, a defender. El profe les decía: ¡Sin miedo! ¡Salten como un canguro!”.

Borrando las diferencias

Lo que ni Lexter, ni sus compañeros, ni maestros imaginaron es que llegarían hasta la mismísima final, y que incluso ganarían el torneo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Cuba/2016/LopezFesser
Joana y Lexter junto a otro compañero de equipo. El equipo de Joana logro clasificar para la final del Primer Torneo de Futbol Inclusivo.

Yoel Esperón, de 42 años, metodólogo de Educación Física y Jefe de la Delegación de Artemisa, que acompaño a Lexter y Joana y al resto del equipo, nos cuenta su experiencia: “Es magnífico tener la oportunidad de vincular a estudiantes con necesidades especiales con los regulares, es una forma fundamental de integrar y desarrollar valores. El principal mensaje es que no importan las diferencias, que somos todos iguales, al fin y al cabo, y que hay que apoyarnos. Por supuesto que a pesar de estar el deporte integrado en el programa escolar, la atención especializada supone más trabajo, es un esfuerzo añadido, pero vale la pena”.

La atención a la discapacidad es una las principales prioridades de UNICEF en Cuba. Dentro del subsistema de educación inclusiva, 37.025 niños y adolescentes con discapacidad están en centros de educación especial de manera transitoria, mientras que 9.892 niños y niñas cubanos con discapacidad estudian en escuelas regulares; en ocasiones sus profesores carecen de preparación, herramientas pedagógicas y la ayuda necesaria para que logren sus objetivos educativos. UNICEF contribuye a la preparación de docentes, a la sensibilización de las familias y al fortalecimiento de la inclusión social a través de la práctica deportiva.

No es fácil trasladar a los niños de un lugar a otro, a menudo una oportunidad como ésta es la primera que supone dormir fuera de sus casas y salir de sus municipios y provincias. “Es una experiencia única para muchos de ellos, más allá del resultado de los partidos, los niños y niñas aprenden a convivir, a compartir y a entenderse. Este aprendizaje lo transmiten a sus otros compañeros de escuela y a sus familias, y poco a poco se dejan de marcar tanto las diferencias”, señala Esperón.

Al preguntarle a Joan qué le espera en Caimito, nos dice que va a intentar contarle a sus padres y maestros todo lo que ha vivido, y que quiere seguir entrenando y jugando al futbol. “Cuando juego al futbol tengo muchos amigos”.

 


 

 

Fotografía UNICEF: Integrar a Usher

 

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