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Chad

“Tuvimos que dejarlo todo”: Una joven del Chad recuerda la noche en que huyó de su hogar

Por Manuel Moreno González

Muy cerca de la frontera con la República Centroafricana, en el Chad, refugiados y repatriados continúan necesitando ayuda urgente, y sienten mucho miedo de regresar, debido a la violencia incesante.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Central African Republic/2014/Moreno
Assia Issa, de 10 años, huyó de la República Centroafricana con su abuela después de que estalló la violencia hace un año.

GORE, Chad, 19 de diciembre de 2014 – Assia Issa es una niña de 10 años, de facciones delicadas y ojos brillantes e inteligentes, que se expresa con una voz serena que a cualquiera llamaría la atención. Su voz es una melodía en sí misma que, en combinación con sus palabras, deja una impresión indeleble.

“Nos asustamos cuando las milicias vinieron esa noche”, cuenta. “Los más pequeños lloraban, las abuelas rezaban. Los hombres y los niños de más edad nos ayudaron a huir del pueblo sanos y salvos. No nos dio tiempo a llevarnos nada. Tuvimos que dejarlo todo”.

Así describe Assia la última noche que pasó en su casa, situada en la localidad de Carnot, a 424 km (263 millas) del noroeste de Bangui, capital de la República Centroafricana. Fue hace casi un año. Cerca de la medianoche, el ruido de los disparos despertó de pronto a todo el pueblo. Assia logró escapar en compañía de su abuela.

“Podían oírse los disparos, y en la noche se veía el resplandor del detonar de las armas de fuego”, relata Anassa Abdoulaye, la abuela de Assia. “Los hombres del pueblo trajeron los coches y huimos a toda prisa hacia la frontera [hacia el Chad]. Permanecimos un mes en la frontera”.

En la actualidad, Assia vive con su abuela en Danamadja, en el sur del Chad, lugar donde hay un centro de tránsito para repatriados chadianos provenientes de la República Centroafricana.

Raíces olvidadas

A lo largo del último año, la escalada de violencia en la República Centroafricana ha obligado a cerca de 150.000 personas a buscar refugio en el Chad. La mayoría son emigrantes chadianos, como la familia de Assia. Muchos de ellos llevaban tanto tiempo fuera que habían perdido toda relación con el Chad, su país de origen.

La vida en Carnot era muy fácil, recuerda Assia. Vivían en una casa grande que su abuela acababa de reformar. La abuela de Assia era una mujer de negocios; compraba ropa en países vecinos para venderla en Bangui. A Assia le encantaba la vida que llevaba entonces.

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© UNICEF Central African Republic/2014/Moreno
"Si cesara la guerra, me gustaría volver a visitar, pero no me quedaría, porque tengo miedo", dice Assia.

“Iba a la escuela, y allí tenía muchos amigos”, cuenta. “Después de la escuela me iba a casa para ayudar a mi abuela con las tareas del hogar, y después volvía a salir con mis amigos. Tenía muchos amigos”.

Assia y su abuela fueron una de las primeras familias que se instalaron en el centro de repatriados de Damajanda. No ha sido fácil, pero poco a poco las cosas han ido mejorando.

“Al principio, cuando llegamos, no era un entorno agradable. En dos días logramos talar algunos árboles, limpiar un poco y construir las casas. A continuación recibimos el material para la techumbre de las casas. Ahora es todo mucho mejor”, relata.

Algunas de las necesidades prioritarias de las familias que viven en el asentamiento son el acceso a agua potable, la mejora de la higiene, el acceso a la educación, la atención sanitaria y nutricional para las mujeres y los niños, y su protección.

Además de las actividades de reunificación familiar y de apoyo psicosocial que lleva a cabo en espacios acogedores para la infancia, UNICEF ha estado colaborando con aliados en la construcción de espacios provisionales de aprendizaje y abasteciendo de agua potable y medicinas a los centros de refugiados y de repatriados.

En alianza con el Gobierno, UNICEF ha acometido la instalación de miles de letrinas y puntos de agua en todos los centros, ha practicado más de 10.000 consultas médicas y ha vacunado a cientos de miles de niños. Además, el estado nutricional de la infancia en los centros ha obligado a UNICEF a poner en marcha actividades de detección y tratamiento de la desnutrición.

Una situación compleja

“UNICEF tiene el compromiso de ampliar sus esfuerzos para asegurar que todos los niños, niñas y sus familias puedan acceder a los servicios sociales básicos” afirma Bruno Maes, Representante de UNICEF en el Chad.

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© UNICEF Central African Republic/2014/Moreno
Assia asiste a la escuela en un aula temporal en el asentamiento de refugiados y repatriados en Danamadja, Chad.

“UNICEF llama a la comunidad internacional a una mayor movilización”, añade. “Es necesario fortalecer y acelerar la ayuda humanitaria con el fin de hacer frente a esta compleja situación que afecta a la infancia y a las mujeres del Chad”.

Si bien la mayor parte de las familias que están desplazadas siguen echando de menos sus hogares y a los familiares que dejaron atrás, el sentimiento que más prevalece es el miedo a la posibilidad de otro ataque violento, como el que recuerda Assia.

“Más que nada extraño a mi hermana mayor, que no está aquí. Hace mucho tiempo que no la veo. La echo tanto de menos”, dice.

“Si la guerra cesara, regresaría de visita, pero no a quedarme. Porque tengo miedo. Miedo de que estando allí, estallara otro conflicto y quedara atrapada en él”.


 

 

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