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Angola

Cero nuevos casos de fiebre amarilla en Angola

Imagen del UNICEF
© UNICEF/UN023984/Clark
Niños y mujeres recibiendo su vacuna contra la fiebre amarilla en la comunidad de Caculuvale, municipio de Cuanhama, provincia de Cunene, en Angola. Desde junio, no se ha registrado ningún caso nuevo de fiebre amarilla en todo el país.
 

Por Marcos Gonzalez, Heitor Lourenço y Manuel Francisco

Después de sobrevivir al peor brote de fiebre amarilla de las últimas décadas, Angola celebra la ausencia de nuevos casos desde finales de junio. Sin embargo, la batalla aún no ha terminado. Tras el inicio de una nueva temporada de lluvias que favorece la proliferación del mosquito transmisor del virus, UNICEF y sus aliados siguen promoviendo iniciativas de vacunación y prevención de la enfermedad.

LUANDA / CACUSO / CUANHAMA, Angola, 31 de octubre de 2016 – En el centro de salud de Lombe, en la ciudad de Cacuso, Isabel, de 10 años, permanece sentada ligeramente apartada de un grupo de personas que esperan para ser vacunadas contra la fiebre amarilla. Tímida y sin compañía alguna, la niña observa al equipo de vacunadores sin saber muy bien qué hacer.

Cuando uno de los trabajadores se le acerca, Isabel le explica que había venido para vacunarse pero que no había sido aceptada por no estar acompañada. “Mi padre está trabajando y mi madre ha ido al mercado a vender comida- explica-. Me dijo que viniera aquí porque a mis cinco hermanos ya los han vacunado”.

Poco después, un equipo de movilización social viaja hasta la casa de Isabel para conocer a su familia, que confirma su historia. Su madre autoriza la vacunación de la niña y también se compromete a ir al centro de salud al día siguiente. Ni ella ni el padre de Isabel han sido aún vacunados.

Aunque muchos niños lloran cuando reciben la vacuna, Isabel sonríe de oreja a oreja. Regresa a casa feliz con la tarjeta amarilla que certifica que ya ha sido vacunada, además de algunos folletos informativos para repartir en su comunidad.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2016/Francisco
Isabel con Sónia, una voluntaria y movilizadora social, mostrando orgullosa la tarjeta amarilla que demuestra que está vacunada contra la fiebre amarilla.

El peor brote de las últimas décadas

Isabel es una de los millones de personas que han sobrevivido al peor brote de fiebre amarilla de las últimas décadas en Angola. Desde que el 5 de diciembre de 2015 aparecieron los primeros casos hasta el pasado 13 de octubre, al menos 376 personas han muerto como resultado de casos sospechosos de fiebre amarilla.

Este año, el incremento de lugares con aguas estancadas durante la pasada temporada de lluvias, el fenómeno climático de El Niño y la concentración de basuras resultante de la falta de limpieza en las calles aumentó la presencia del mosquito Aedes aegypti. Este tipo de mosquito no solo transmite fiebre amarilla, sino también dengue, zika y chikungunya. Como resultado, la fiebre amarilla se transmitió rápidamente desde Luanda hasta prácticamente la totalidad del país.

Las alarmas internacionales se dispararon cuando el brote se transmitió más allá de las fronteras angoleñas y otros países comenzaron a registrar casos. La enfermedad prevaleció especialmente en la vecina República Democrática del Congo (RDC), donde se han confirmado 77 casos y 16 muertes.

Las autoridades sanitarias de ambos países lanzaron de inmediato campañas masivas de vacunación. El Grupo Internacional de Coordinación de la Provisión de Vacunas contra la fiebre amarilla (junto con representantes de la OMS, UNICEF, Médicos sin Fronteras y la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) y la Media Luna Roja) aprobó el envío de 20 millones de dosis de la vacuna a Angola y 9,4 millones a la RDC.

A finales de septiembre, ya se había vacunado a 16 millones de personas mayores de seis meses de edad en Angola, que tiene una población total de 25 millones. UNICEF colaboró mediante la provisión y distribución de vacunas y apoyó la cadena de frío con cajas de refrigeración, soportes para vacunas y donaciones de paquetes de hielo.

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© UNICEF/UN023962/Clark
Niñas de la comunidad de Caculuvale se preparan para ser vacunadas contra la fiebre amarilla. UNICEF está trabajando con el Gobierno para prevenir posibles brotes durante la temporada de lluvias.

Ningún caso desde junio

Desde finales de junio, no se ha confirmado ningún caso nuevo de fiebre amarilla en Angola. Este gran logro se debe a las intensas labores de supervisión epidemiológica, las pruebas en laboratorios, la eliminación de criaderos de mosquitos y la movilización social a nivel nacional y provincial.

Sin embargo, y pese a este considerable progreso, la enfermedad sigue constituyendo un problema de salud pública que requiere acción continuada y apoyo internacional. La amenaza de que puedan surgir nuevos casos es especialmente preocupante ahora, con el comienzo de una temporada de lluvias que puede incrementar la presencia del mosquito Aedes aegypti. La disponibilidad de financiación para las vacunas es, por tanto, crucial.

La OMS, UNICEF y sus aliados siguen apoyando al gobierno angoleño, y se estima que en el mes de octubre serán vacunadas cerca de dos millones de personas que viven en zonas fronterizas o de alta densidad de población.

Otras medidas esenciales para prevenir la enfermedad son la comunicación y la movilización social de la población. Cruz Roja y UNICEF Angola han reclutado y formado a unos 3.000 movilizadores para hacer llegar a miles de personas mensajes sobre prevención y educación en materia de salud en hogares, escuelas o mercados locales. Este contacto directo con la población le acerca información fiable y ayuda a resolver cualquier duda o pregunta sobre la vacuna.

“Cuando comenzaron las campañas en Luanda, había muchos hombres que no querían ser vacunados. Pensaban que la vacuna podría causarles infertilidad o que podrían tener graves problemas si se vacunaban y tomaban alcohol”, explica Camilla Sá Freire, consultora de Comunicación para el Desarrollo en Emergencias de UNICEF. Con la ayuda de campañas en medios de comunicación y la colaboración de los líderes tradicionales de las zonas rurales, se logró desmontar algunas de esas falsas creencias.

Ahora, adelantándose a los efectos del fenómeno La Niña, los movilizadores están difundiendo mensajes informativos entre las comunidades sobre saneamiento, control de vectores, lactancia materna y lavado de manos como medidas adicionales para prevenir la fiebre amarilla y otras enfermedades.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2016/Lourenço
Marta Lobías y su hijo, primeros en la fila para ser vacunados contra la fiebre amarilla en el jango de la comunidad. Ella difunde ahora el mensaje sobre los beneficios de la vacunación.

Movilización social en acción

En la provincia de Cunene, al sur del país, tiene lugar otra escena familiar. Decenas de personas esperan para recibir su vacuna en el jango del vecindario de Caculuvale, en el municipio de Cuanhama. El jango es un espacio utilizado tradicionalmente como foro para debates y charlas en la comunidad. En la actualidad, acoge a los equipos que trabajan en la campaña de vacunación contra la fiebre amarilla.

Al frente de una de las filas, Marta Lobías, de 27 años, está deseando recibir la vacuna junto a su hijo de tres años. Escuchó hablar de la campaña en la iglesia y no dudó en venir. Ella se dedica a vender pollos en el mercado, pero hoy ha dejado su negocio para acudir al puesto de vacunación. “Así puedo prevenir la enfermedad, que es más importante”, explica con satisfacción.

Después de media hora de espera, Marta y su hijo reciben su inmunización junto con otras 1.000 personas que se han acercado hasta este puesto. Ahora regresa a casa con la misión de hablar a sus vecinos y compañeros del mercado sobre la importancia de vacunarse.


 

 

Fotografía UNICEF: Fomento de la cadena de frío

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