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Haití – País en crisis

Sólo quiero comer, y que mis hijos vayan a la escuela

Imagen del UNICEF
© UNICEF/HQ 04-0178/Lemoyne
Niños y niñas atienden a clase en una ecuela que re-abrió en la ciudad portuaria de Saint-Marc

PUERTO PRÍNCIPE, 17 de marzo de 2004 – Esta escuela quedó reducida a ruinas. Fue "una víctima de un huracán", como dijo una maestra que con rostro triste ayudaba a remover los escombros.

La tormenta que azotó a la Escuela nacional de niños talentosos (L’Ecole Nationale des Talents), ubicada en Croix des Bouquets, en las afueras de Puerto Príncipe, cayó sobre el establecimiento en tres oleadas destructivas.

En primer lugar, el director que había sido nombrado por el gobierno del Presidente Aristide cargó una noche los equipos de computación en el autobús escolar, y desapareció. Posteriormente, la mañana del último día de febrero, bandas de malhechores contratados provenientes del suburbio de Cite Soleil – los jóvenes conocidos como chimeres – llegaron en camiones y comenzaron a robar, destruir y pintar las paredes con consignas políticas.

Finalmente,  los chimeres abrieron las rejas de la escuela para dar paso a pobladores de las vecindades, quienes despojaron a las instalaciones escolares de cables, techos, cristales, pisos de madera, mobiliario, alimentos, artefactos de iluminación y plomería. El saqueo duró cinco días. Todo lo que no pudo ser transportado fue destrozado a mazazos por los chimeres.

La escuela había sido originariamente, desde mediados del decenio de 1990, una academia deportiva para niños haitianos con talento como futbolistas o tenistas, y posteriormente abrió sus puertas a los niños de las empobrecidas aldeas vecinas, que constituían la mayoría del alumnado. Uno de esos estudiantes es Fenelon Roosevelt, que hoy recoge madera laminada que ha sido arrancada del esqueleto de uno de los edificios.

“Esta gente no habría hecho esto si tuvieran una fracción de la educación que me ha dado esta escuela", dice el niño. "Estoy triste, dolido y enfermo. No sé cómo aliviar este malestar que siento”.

La escuela fue objeto de destrucción debido a las políticas divisivas que imperan en Haití. "¡Aristide por cinco años!” parece gritar una consigna pintada con aerosol en una pared. El presidente derrocado había prometido que si no cumplía sus cinco años de mandato, Haití sufriría una implosión. Esa afirmación parece haber incluido las instalaciones deportivas, el salón de computadoras y los cobertizos de esta escuela donde los niños de la localidad aprendían a ser mecánicos, granjeros y carpinteros.

“Estamos reconstruyendo", afirma el estudiante secundario Antoine-Jean Winn. “Estamos preparando la escuela para que los niños más pequeños puedan volver a clases la semana próxima".

La primera respuesta del UNICEF consistió en suministrar elementos de educación y materiales para la construcción de refugios. Entre los escombros, los niños comenzarán a aprender una vez más, bajo la dirección de los entristecidos maestros y maestras con quienes conversamos.
“No sé cómo pasó esto", comenta un padre que se niega a identificarse. "Este es un vecindario pobre. Sólo quiero comer, y que mis hijos vayan a la escuela".


 

 

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