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Clara, ¡en mi casa el cólera no entra!

© Lilén Quiroga 2011
Clara

Santo Domingo.-  ¡Clara llegue!, ¿está el perro suelto? – pregunta Brunilda, en la entrada de su casa,  al  hacerle su segunda visita domiciliaria de salud, a una semana de pasadas las fuertes lluvias caídas tras el paso de la tormenta tropical Irene.

Si pasa! – se oye desde adentro.

Clara está feliz de ver a Brunilda,  y en la sala, antes de iniciar su sesión de salud, ambas se ponen al día sobre sus propias cotidianidades. Ella  le cuenta de cómo hasta ayer la crecida del rio había llegado hasta la puerta de su casa, amenazando la salud y seguridad de su familia. 

Clara es una mujer muy risueña, y durante esta segunda visita que Brunilda le hace para verificar lo aprendido durante su visita anterior, ella responde a cada pregunta con algún toque de humor. 

“No te apures Brunilda: tú sabes que aquí el cólera no puede entrar porque aquí somos todos tan flaquitos que imagínate… si entra el cólera, aquí no queda nadie  …no de cólera no!, aquí nos podremos morir de una intoxicación de cloro pero de cólera, no!” - exclamó entre risas.

“Aquí ha llegado el Cólera a los dos lados de mi casa... Pero gracias a Dios, aquí (refiriéndose a su casa) no ha llegado el Cólera, ni va a llegar… porque a mí  ya me han enseñado.. y aquí todo lo trato con cloro. .. A los muchachos siempre les digo antes de comer a lavarse las manos con jabón, y el agua con la que se lavan tiene ya su cloro,  hasta al botellón de agua le hecho yo sus goticas de cloro’- asegura Clara, evidenciando un claro dominio del tema de la prevención de esta enfermedad.

A partir del brote de cólera en el país, UNICEF, ECHO y  Pastoral Materno Infantil acuerdan trabajar en el tema de prevención del cólera, aprovechando la estructura y capacidad de movilización de la Red de Consejeras de Salud de la Pastoral Materno Infantil. De esta manera, se capacita un grupo de consejeras de salud y voluntarios  insertando, en el plan de acompañamiento familiar, tres visitas especiales para orientar a las familias en los cuidados y medidas de prevención del Cólera.

“Ahora me han enseñado a prevenir el cólera con higiene y cloro, y eso es algo muy importante para todos en la comunidad, porque nadie quiere ver enferma a su familia.”- explica Clara.

Clara es una joven madre de 4 hijos: Braudi,  11 años; Junior de 9, Brailin de 5 y la anhelada niña, Kiara de tan solo 3 años.  Junto a su marido viven en una modesta casa a la orilla del Rio Ozama, en la comunidad de María la Luchadora, de La Ciénaga, donde Clara asegura haber echado sus primeros dientes.

© Lilén Quiroga 2011

Las familias acompañadas por la Consejería de Salud de la Pastoral Materno Infantil, reciben al menos una visita domiciliaria  al mes hasta tanto el niño o niña cumple  los 6 años, con lo que se crea una relación muy estrecha con estas familias.  Es el caso de Clara y Brunilda que  tienen más que una relación de vecinas.

Clara confía plenamente en Brunilda a quien conoció hace más de 3 años cuando, en su rol de Consejera de Salud, la invitó a participar en los encuentros de gestantes que la Pastoral Materno Infantil celebra para orientar a las embarazadas sobre el cuidado prenatal, el embarazo y la atención a niños y niñas durante sus primeros años de vida.

Así, Clara es una de las tantas madres que se han beneficiado con el proyecto de la PMI, y agradece el trabajo que la red de consejeras de salud realiza en su comunidad.
Particularmente para ella, haber sido orientada en su cuarto embarazo significó una gran diferencia con respecto a los anteriores.

“Con los primeros  pasé  muchísimo trabajo, además sufrí mucho porque yo no sabía de nada…  Con mi primer niño pasé  mucho trabajo, en parte porque le quité la teta muy temprano y vivía enfermo, mucha diarrea y yo me las vi tan feas que no me quiero ni acordar… pero con Kiara fue todo diferente, le di leche por un año y pico, sin ninguna diarrea, echó sus dientes y no pasee ningún trabajo”.

Brunilda y Clara se dirigen al patio donde juntas hacen una prueba práctica de cloración del agua para beber y para lavar. Allí Brunilda también hará una inspección del baño y los tanques de almacenamiento de agua.  

Afuera, en el pequeño patio que separa su casa de la constante amenaza del rio, se oyen las orientaciones de Brunilda entre las risas y anécdotas de Clara, fugándose entre el fuerte calor que abraza la tarde.

Lilén Quiroga

Septiembre 2011

 

 
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