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Ayudar a los demás es el pago que se necesita para vivir

© Lilén Quiroga 2011
Juana Vialuz Montero, Brunilda

Santo Domingo.- “Cuando una sabe que puede ayudar más allá de su propia casa, a llevar salud o  amor a otros lados … ese es todo el pago que una necesita para vivir”- respondió Brunilda al preguntarle sobre su trabajo voluntario como promotora de salud, durante una visita que un equipo de UNICEF realizó a La Ciénaga, uno de los tantos barrios marginados ubicados en las orillas del Rio Ozama de la capital.

Juana Vialuz Montero, mejor conocida  como Brunilda, es una de las Consejeras de Salud, pioneras del programa de acompañamiento a gestantes, coordinado por la Pastoral Materno Infantil desde 2002 en diferentes regiones del país.

Al llegar a La Ciénaga, Brunilda esperaba al grupo, y se excusó por no estar vestida apropiadamente para la visita.  Se había retrasado atendiendo una llamada en la que le avisaron sobre la muerte inesperada de una prima hermana en su pueblo natal del Cercado, San Juan. 

Contrario a lo que se podría esperar, es ella quien rompe el incómodo silencio creado a partir de la noticia, diciendo, “…pero sigamos con el trabajo, el trabajo tiene que seguir, así que vamos a lo que vinimos… a cuántas visitas me quieren acompañar?”. 

Tímidamente, y considerando su situación de duelo, se propone que con dos visitas sería suficiente.  Ella responde:  “Dos, tan chin?, no hombe vamos a hacer cuatro o cinco, o las que este calor nos permita…”

Y con ese mismo entusiasmo con que inició, transcurrió todo el recorrido por algunas de las siete comunidades que componen La Ciénaga, donde Brunilda tiene el compromiso de acompañar a más de 50 familias, en un proceso de capacitación, a través de visitas domiciliarias, en hábitos de higiene y prácticas sencillas para la prevención del Cólera.

Terminada la primera visita a Clarivel, Brunilda recuerda que debe cambiarse de ropa, y pasar por su casa ubicada en la comunidad de María La Luchadora, donde ella es Coordinadora de la Pastoral Materno Infantil. 

Camino a su casa, Brunilda cuenta que está muy feliz; ya que luego de 11 años de vivir en una casa alquilada, recién hace unas semanas pudo comprar la suya.  “Una se siente muy feliz de tener un techo propio, de donde nadie te pueda sacar. Eso era todo lo que le pedía a Dios…”- comentó orgullosa mostrándonos su casa.

© Lilén Quiroga 2011

Brunilda vive con su esposo y 3 hijos de 10, 14 y 16 años, familia que se mantiene con los ingresos que su pareja obtiene en su trabajo como mecánico.  Ella por su lado no puede aportar monetariamente al hogar, ya que su compromiso con el trabajo comunitario, le consume todo el tiempo que le resta de cuidar y mantener su propio hogar.
Reafirmando su compromiso, aclara que no podría visualizar su vida de otra manera, “ se me haría muy difícil dejar este trabajo, porque tendría que dejar a mis 60 niños de los que soy responsable; los he visto nacer, crecer… como los voy a dejar…uno no deja a su hijos..?”

Las gestantes acompañadas por la Consejería de salud de la Pastoral, además de reunirse periódicamente para compartir sus experiencias,  reciben al menos una visita domiciliaria al mes hasta tanto el niño o niña cumple  los 6 años, con lo que se crea una relación muy estrecha con estas familias.  

A partir del brote de cólera en el país, UNICEF, ECHO y  Pastoral Materno Infantil acuerdan unir esfuerzos para la prevención del cólera.  De esta manera, y  aprovechando la estructura y capacidad de la Red de Consejeras de Salud de la Pastoral Materno Infantil, fue capacitado un grupo de sus consejeras de salud y voluntarios a fin de insertar en el plan de acompañamiento familiar, tres visitas adicionales para orientar a las familias en los cuidados y medidas de prevención del cólera.

Desde entonces, Brunilda junto a un grupo de consejeras recorren incesantemente callejones y recovecos  del barrio, llevando el mensaje de salud a las familias, esperando que éste pueda propagarse más rápido que la amenaza del cólera.

A pesar de los evidentes resultados de estas capacitaciones, Brunilda  piensa que todavía hay cosas que pudieran mejorar, cuenta por ejemplo que le gustaría ver que los hombres de la comunidad se involucraran más en el trabajo de garantizar la salud de sus familias.

“Aquí en la comunidad sucede como un machismo que los hombres piensas que las cosas comunitarias y de la salud, son cosas de mujeres y por eso no les gusta involucrarse… pasa lo mismo en las Juntas de Vecinos...A mí me gustaría que en las visitas me atendieran los dos, porque así las orientaciones llegan más, y además  porque la salud debe ser una responsabilidad de todos” – explica Brunilda, una mujer tan luchadora como aquella María que la inspira cada día en su trabajo, y que dio nombre a su comunidad.

Lilén Quiroga

Septiembre 2011

 

 
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