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Jacqueline, armada con una sonrisa “rescata” personas VIH positivas.

© UNICEF RD/P.Garcia/2009

La Vega.- Jacqueline es una mujer joven, llena de energía que desde hace cinco años se desempeña en el hospital Dr. Morillo King como Consejera par de la Red Dominicana de Personas Viviendo con VIH (REDOVIH), pero apenas hace un año que fue contratada por la Secretaría de Salud, hasta ese momento su trabajo había sido completamente voluntario.

Ver a Jacqueline, quien  desde hace 17 años es VIH positiva,  trabajando en la Unidad de Atención Integral de este centro de salud, es tener la oportunidad de comprobar el respecto y reconocimiento que tiene entre el personal.  Todo el mundo en la unidad la llama y ella se mueve de un lado al otro del hospital tratando de dar respuesta a todos allí y también en las post-consejerías positivas.

Como consejera, ella recibe a las personas que son referidas a la unidad para hacerse  la prueba del VIH.  Sus herramientas de trabajo en la sala que está destinada a la pre-consejería son un rotafolio, un aparato de TV,  un video, y su capacidad de compartir información sobre cómo prevenir el VIH. Para las usuarias haitianas utiliza un  rotafolio en creol, pues las ilustraciones son gran ayuda para hacer las explicaciones.

Habla de derechos y también de deberes. Aconseja afiliarse a una red,  pues considera a las redes de personas que viven con el VIH como un gran apoyo que ella, en su tiempo no tuvo. Actualmente pertenece al grupo de apoyo, “Grupo Amor y Vida”, que se reúne los últimos viernes de cada mes y allí comparten historias de vida, adherencia, convivencia, etc.

Jaque, como la llaman también, da seguimiento a personas, hace “rescates” de personas que deben seguir recibiendo atención y los medicamentos antiretrovirales (rescates de adherencia), y que por diversas razones dejan de acudir a la unidad de atención. Ella destaca la situación de las embarazadas.  “Muchas mujeres embarazadas “se pierden” en sus comunidades, en su mayoría haitianas, ya que no dan datos verdaderos y no es fácil localizarlas. “Tienen miedo por su situación migratoria”, nos aclara.

Se lamenta de que muchas mujeres seropositivas no se protegen y salen embarazadas nuevamente,  “es como que no creen en la trasmisión y parece que vienen a perder en tiempo acá recibiendo la consejería”.

Con el típico acento cibaeño de la región nos dice, “muchas veces en las visitas domiciliarias me presento como una amiga, que voy a darle una charla, a compartir con ellos”, pues siempre respeta la privacidad que las personas desean tener sobre su condición.

Su condición la ha hecho comprender mejor la situación que enfrentan algunas familias, que no quieren que nadie sepa la realidad.  “Hace un tiempo voy a Junumucú a hacer una visita domiciliaria y me encuentro con un velorio, era una hermana de la persona a quien visitaba que se murió de SIDA, por ignorancia.  Pero en el velorio era un secreto la causa de la muerte”, nos comenta con un dejo de tristeza.

El entusiasmo de esta joven mujer es contagioso, y su laboriosidad no termina con el horario.  De noche en mi casa lleva registros en su PC, “tengo el listín de medio mundo, registro los casos positivos entre madres embarazadas, jóvenes, haitianas, y todos me conocen, me siento importante”, dice sonriendo.

En la UAI hay muchas carencias de materiales, recursos y medios, pero esto no parece afectar mucho a Jacqueline, quien  cada día trata de alertar y prevenir el contagio del VIH.

 

 
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