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The Rainmaker (La hacedora de lluvia)

Dra. Josefina Coén

Cuando la doctora Josefina Coén falleció el mes pasado, me detuve y oré por su tranquilo viaje.  Pero se que si ella estuviera a mi lado,  me pediría que hiciera otra oración, pero por todos: “Ojalá que llueva leche materna en el campo”.

Esas eran las palabras favoritas que impulsaban a la Dra. Coén y a sus colegas a lo largo del hermoso país que es República Dominicana.  Tuve el privilegio de trabajar con ella en ese país como Representante de UNICEF durante el periodo 1993-1995.  Esa frase significaba mucho para ella.  Esa fue su pasión, su misión, su aspiración personal para su país y para el mundo.

Siempre trabajando, la Dra. Coén fue infatigable.  Ella tenía poca paciencia con la burocracia,  intolerable con los directores de hospitales que detenían el proceso de la instalación de la iniciativa de Hospital Amigo de la Niñez y la Madre. Pero ella tenía una dulzura infinita para los pequeños recién nacidos, para sus mamás y para las futuras mamás – enseñándoles el valor de la leche materna y las virtudes de la lactancia materna, tanto para la madre como para el bebé.  Ella no sólo daba estos mensajes una vez, sino que lo repetía una y otra vez.

Ella asumió la Iniciativa Hospital Amigo de la Niñez y la Madre como su proyecto de vida.  Sabía que la lactancia materna salvaba a los bebés de una muerta prematura.  Sabía que la lactancia materna los conservaba menos susceptibles a las enfermedades, y que si adquirían alguna enfermedad tendrían más oportunidades de enfrentarla.  Ella onocía que este vínculo especial que se creaba entre madre y bebé tenía un efecto perdurable positivo  en el bebé.

Ella sabía que la leche materna era el mejor regalo que una madre puede darle a su bebé.   Conocía todo esto, pero llevaba sus mensajes con un sentido de solidaridad hacia todos los que la rodeaban.  Esto marcaba la diferencia de la Dra. Coén de todos los comunicadores de salud que trasmiten su mensaje como si estuvieran simplemente interesados en los hechos y no en las personas.

La Iniciativa Hospital Amigo de la Niñez y la Madre floreció durante su gestión como Subsecretaria de Estado de Salud y  como Presidenta de la Comisión Nacional de Lactancia Materna.  Había escasos recursos: poco dinero, insuficiente personal de salud calificado e inadecuados materiales de comunicación.  Siempre fueron escasos.  Pero siempre estaba la voz singular de la Dra. Coén atrayendo a los directores de los hospitales y a los medios a unirse al movimiento.  Mis colegas en OPS y UNICEF prestaron su energía y nuestra plataforma a esta dama.  Nosotros creímos en su liderazgo y en su genuina cruzada para que cada niño/niña del país fuera amamantado.

“Ojalá que llueva en el campo” son parte de la letra de la canción del famoso artista Juan Luís Guerra “Ojalá que llueva café en el campo”.  Cuando pregunté a la Dra. Coén si a Juan Luis Guerra le gustaría que usáramos esta frase como una pieza de apoyo en el acto de certificación del Hospital de San Juan de la Maguana como Hospital Amigo, ella dijo que si era bueno para los bebés, Juan Luís estaría feliz.   Pienso que  entendía que cualquier cosa que impulsara la Iniciativa era buena.  Nunca oí de oposición del afamado cantante por el uso de una parte de su canción para  hacer universal la lactancia materna en el país.

La Dra. Coén fue una institución.  No hubo rincón en República Dominicana donde ella no fuera saludada por sus antiguos alumnos de Medicina.  Ellos la distinguían con el afectuoso respeto de estudiantes que comprendían la misión y dedicación de una maestra que enseñaba Medicina, Pediatría y  Amor para las criaturas más pequeñas.  Y de una forma intransigente la Dra. Coén era capaz de reprender a sus estudiantes por cualquier fallo que observara en el cuidado de sus pacientes –madres y recién nacidos.  Ella demandaba que los médicos y el personal médicos amaran a sus “pacientes” como a sí mismos.

Aprendí muchas lecciones en mis dos años en República Dominicana.  Una es lo que podría denominarse el mantra de la Dra. Coén: ama tu trabajo –haz realidad tu misión y trabaja, trabaja, trabaja.  Que ningún cuello de botella te detenga.  Estos deben ser sobre pasados.  Durante sus 78  años de vida en este planeta, justamente hizo esto.

Millones de madres, niños y niñas en el país  recordarán su frágil y casi cansada apariencia en sus últimos años de servicio público. Sus desafíos físicos fueron continuos por mucho tiempo, pero ella no se rindió hasta que le fue imposible moverse.

Como en esos años,  estoy seguro que ella se mantiene susurrando: ojalá que llueva leche materna en el campo. Ahora que  está donde se crean las lluvias, ella podría estar justamente detrás de las  nubes soplándolas hacia donde están los hospitales de maternidad.

Contribución de: Cecilio Adorna
Representante de UNICEF en República Dominicana (1993-1995)

 

 
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