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Jesús, al reencuentro con mamá

Vídeo: mira el reencuentro de Jesús y Angie

Su nombre es Jesús Jiménez Freitas. Después de los ocho días más agotadores que recuerda, finalmente ha llegado al Centro Binacional de Atención Fronteriza (CEBAF) ubicado en Tumbes, Perú.

Ahí, en medio de las azules paredes, y entre varias carpas, ha encontrado un espacio que UNICEF y su socio implementador Plan Internacional han bautizado como “Plan de la Alegría”. En este espacio amigable para niñas y niños, implementado con juegos de mesa, crayones, libros de cuentos, y a cargo de profesionales especializados en brindar soporte emocional, cientos de niñas y niños migrantes logran distraer su mente y descansar del largo viaje, mientras sus acompañantes adultos realizan los trámites necesarios para continuar su travesía

A pesar de que ahí le dicen que ya pasó Ecuador, Jesús todavía no se siente en suelo peruano. Lo hará, cuando, finalmente, pueda cobijarse entre los brazos de su madre, quien también sueña con ese momento desde hace ocho meses.
El viaje desde el venezolano estado de Portuguesa a Perú no resulta nada fácil, menos aún para un niño de su edad, pero no le importa, porque tampoco ha sido fácil estar ocho meses sin su madre, quien a inicios de 2018 decidió migrar para buscar un mejor futuro para ella y sus hijos.*

A Jesús, le ha tocado recorrer a pie caminos de trocha y cruzar un río sobre los hombros de un desconocido. Confiesa que se siente muy cansado, y que cuando llegue a Lima, luego de besar y abrazar muy fuerte a su mamá, solo quiere dormir mucho.

Para mi hermana no ha sido fácil separarse de él, pero debió hacerlo. Ahora, yo lo llevo a su encuentro, y eso me hace feliz, pero a mí me ha tocado dejar a mis dos niñas, ojalá algún día pueda traerlas a ellas”, nos dice Jon, tío de Jesús, quien lo acompaña en este viaje. De acuerdo con una encuesta realizada por OIM y UNICEF en Tumbes, el 73% de las personas entrevistadas que dejaron a una persona menor de edad en Venezuela declararon que se trataba de sus hijos.

Esos sentimientos encontrados a los que hace referencia el tío de Jesús son el común denominador de los miles de venezolanos que desde hace varios meses llegan a esta frontera. El niño no escapa a ello: “Me siento feliz porque voy a ver a mi mamá y a mi hermana mayor, pero siento un poco de tristeza porque en Venezuela se quedan mi abuelo, mi tío, mis primos y mis amigos del colegio”, comenta, mientras sus ojos se humedecen, pero él sigue intentando regalarle una sonrisa a la cámara.

Semanas después, en Lima, volvemos a encontrar a Jesús. Luce feliz, parece que ha ganado peso. Se nota que ya está con Angie, su mamá.

Un día llamaron a la puerta, salí y no vi a nadie, de pronto asomó su cabecita escondida tras un auto estacionado. Fue un momento maravilloso, mi príncipe estaba finalmente a mi lado”, cuenta ella.

Dejarlo fue muy duro, pero no tuve otra opción. Había días en que no lo despertaba para que vaya al colegio y se despierte recién a la hora del almuerzo, porque no había para darle desayuno. Pensaba estoy con él, pero pasando necesidades ambos, mejor me voy  a buscar oportunidades, pero que él no siga pasando necesidades. Así lo hice y ahora finalmente lo tengo conmigo”, dice mientras lo besa y abraza.

Actualmente Angie trabaja de lunes a domingo en una peluquería de San Miguel, Lima. Nos cuenta que, por ahora que no va a la escuela, Jesús la suele acompañar a su trabajo. En 2019 continuará con sus estudios.

A pesar de que ya tiene más de dos meses en el país, Jesús, conoce muy poco de Perú: “Que su selección de fútbol jugó muy bien ante Francia en el último mundial, que el número 9 es un gran goleador, y que Machu Picchu, una de las maravillas del mundo, es peruana y espero conocerla”, dice.

Lo que sí sabe con certeza es que varios de sus amigos también están dejando su país para venir a Perú, pero no tiene idea de a qué lugar están llegando. Si tiene suerte, quizá se encuentre con alguno de ellos en alguna calle de la gran Lima (destino elegido por el 65% de venezolanos que llegan a Perú a través de Tumbes)* , pero difícilmente volverán a jugar fútbol juntos, o a sentarse frente a la tele para gritar los goles de las estrellas del fútbol de Venezuela, o para reírse con aventuras de sus dibujos animados favoritos, como lo hacían en su llanera Portuguesa. Esas tardes de amigos, hoy son parte de los buenos recuerdos de una niñez que para siempre quedará marcada por la migración.

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* Monitoreo de Flujo de Población Venezolana en el Perú, Ronda 4. OIM y UNICEF. Noviembre 2018.
https://displacement.iom.int/system/tdf/reports/DTM_R4_OIMPERU_VFF.pdf?file=1&type=node&id=4890%3E%3Cdiv%20class=

 

 

 
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