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La ilusión como equipaje

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Cuando sus padres le dijeron que era hora de partir hacia Perú, lo primero que David Caña (10) guardó en la maleta fue la camiseta del Barza: “Que lleva grabado el nombre de Messi y de  Unicef”.

Esa prenda tan querida para él guarda los recuerdos de una niñez feliz, al lado de los buenos amigos del Club Monumental y del Colegio Padre Juan Vives del hoy lejano Maturín, en Venezuela, y la esperanza de convertirse en un gran delantero en un país al que ha llegado después de quince días de viaje, y del que recién escuchó hablar en el reciente Mundial porque: “Jugó muy bien ante Francia y debió ganar”.

Más que miedo por lo desconocido, David, quien viaja con sus padres y su único hermano, siente su corazón partido. No es para menos,  a los diez años ya conoce cuánto cuesta dejar atrás lo que se ama sin poder decir adiós.

“Las clases ya habían terminado, estaba de vacaciones cuando empezamos el viaje, así que no pude despedirme ni de mis amigos de la escuela ni de los de mi club de fútbol, porque ya en las últimas semanas no podía ir a la práctica, porque era difícil encontrar movilidad, así que me ha tocado venir sin despedirme y me da pena porque hemos jugado juntos desde muy chicos”, comenta.

Pero, no solo le apena lo que él deja, también aquello que sus padres han tenido que abandonar: “Mi papá tenía un carro muy bonito, con ese carro hemos pasado por Caracas y luego por Zulia donde lo ha tenido que vender por poco dinero para poder venirnos”,  cuenta mientras la cariñosa mirada de su padre lo abraza.

El viaje de David y su familia ha sido largo. En una encuesta realizada por UNICEF y OIM, el 81% de grupos que se desplaza con menores de edad demoran entre 1 y 7 días en llegar a Tumbes, en el norte de Perú. El otro 19% tuvo travesías más largas que incrementan los riesgos y vulnerabilidades de todos los viajeros, especialmente los niños, niñas y adolescentes.

Según esta encuesta, seis de cada 10 menores de edad dieron muestra de estar afectados emocionalmente por el viaje y lo que significaba para sus vidas. El temor de perderse, cambios en el apetito, llanto y dolor de cabeza son los síntomas más frecuentes según la encuesta.

Sin embargo, los quince días de viaje en carretera, y las largas colas que debe hacer en Migraciones de Tumbes antes de continuar su viaje no lo desaniman: “Lo primero que haré cuando llegue a Lima será darle las gracias a Dios, volver a estudiar y practicar mi fútbol”, dice con entusiasmo mientras dibuja un estadio con las banderas de Perú y Venezuela.

Durante su permanencia de varias horas en el CEBAF, David ha encontrado un lugar donde jugar, pintar y distraerse mientras sus padres están en las largas colas que se han formado en migraciones para obtener el permiso de ingreso a Perú. Este lugar es el Plan de la Alegría, una carpa instalada por UNICEF y Plan Internacional para que niñas, niños y adolescentes tengan un espacio seguro donde entretenerse y encontrar orientación para aliviar el estrés y el impacto emocional que les ha generado el largo viaje.

Antes de despedirnos le pedimos a David que imagine cómo sería el día más feliz de su vida y nos dice: “Un día parecido a este, donde me entrevistan como ahora, porque soy un futbolista famoso y ahí están mis papás, mi hermano, mis amigos del Monumental y del colegio y mis tíos que nos esperan en Lima”.
David, no sabe a qué lugar de la gran Lima llegará, solo sabe que lo espera el abrazo de los hermanos de su padre que llegaron hace unos meses, solo sabe que quiere volver a jugar fútbol, y que pase lo que pase, mientras esté con papá, mamá y su hermano de doce años, todo estará bien.

 

 
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