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Ariana, del Caribe al Pacífico

“Llevo tu luz y tu aroma en mi piel. Llevo en mi sangre la espuma del mar y tu horizonte en mis ojos…con la piel tostada como una flor de Venezuela… con tus paisajes y sueños me iré”. Con este canto Ariana Jerez, una espigada adolescente de doce años, rompe el ambiente de preocupación que se respira en el Centro Binacional de Atención Fronteriza de Tumbes (CEBAF), donde la encontramos sentada sobre sus maletas.

“Hemos tenido que dormir aquí porque la agencia de viajes que debía recogernos ayer no puedo llegar, y dice que viene hoy”, nos cuenta. El inconveniente no le molesta. Son casi cinco días que abandonó su hogar en Aragua, junto con su madre y su pequeño hermano, y recién hace un día que llegó a este espacio fronterizo. 

Ariana cuenta que experimenta una mezcla de sentimientos encontrados. Siente pena de alejarse de su papá, pero le anima la alegría con la que su hermanito y su mamá esperan encontrarse con su padrastro.

“Es él quien la ha animado a mi mamá, dice que en Perú viviremos mejor, que es fabuloso, por eso estamos viniendo, yo espero que así sea”, comenta, mientras su madre indica que vivirán en “un lugar llamado Cañete”, y le explicamos que se trata de una provincia cercana al Pacífico.

Este no es el primer viaje que hace, pero sí el más largo e incierto: “A Caracas he ido de pequeña, no me acuerdo, pero sí conozco Mérida y Aruba”, comenta mientras nos dice que ella disfruta bailando y cantando las danzas y música típicas de su país, pero que de canciones o bailes peruanos no sabe nada y que, aunque los peruanos hablan español “casi no los entiende”.

“Yo había ingresado a hacer danzas en una academia famosa, que siempre sale en la televisión, y soñaba con el día en que yo también pudiera bailar con ellos en uno de esos programas, pero me he tenido que venir y ya no podré hacerlo”, relata entristecida.

Tanto como no haber cumplido este sueño, le apena la idea de que no verá más a sus amigas y amigos de la escuela, que ya no podrán comentar sobre los programas de Disney Channel, ni disfrutarán sus tardes de conversación o de cine.

Le espera una nueva escuela y eso le da miedo: “Yo siempre soy la más grande de mi clase, por mi talla todos dicen que parezco universitaria, y si me bajan de grado, me va a dar pena estar con niños más chicos que yo”, explica con tono de inocencia y preocupación.

Como Ariana, los niños, niñas y adolescentes venezolanos que llegan a Perú, lo hacen con ilusiones, pero también con múltiples preocupaciones y tristeza por lo que dejan atrás. Para darles un espacio de distracción, soporte emocional y orientación para su protección frente a la violencia, UNICEF y Plan han instalado el Plan de la Alegría, un espacio atendido por personal especializado en el que chicos y chicas pueden permanecer mientras su padres o acompañantes realizan los trámites necesarios para continuar su viaje.

Ahí dejamos a Ariana, viendo jugar a su hermanito, añorando bailar salsa casino y las danzas de su caribeño Aragua, y con la ilusión de aprender a cantar el Somos Libres: “Si voy a vivir aquí, tengo que aprender su himno”, dice sonriente, mientras comenta que espera encontrar en Perú la oportunidad de convertirse en una cantante, bailarina y actriz tan famosa como Ariana Grande.

 

 

 
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