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Yameli: Sin estudio no hay futuro

Desde hace dos meses la actividad principal de la joven Yameli es tener en brazos a su pequeño hijo, el niño que dudaba que alguna vez llegaría a su vida.

Cuando ella era niña su familia le hacía beber Agua Florida porque suponía que tenía un problema cardiaco. Según su madre y sus tías esta práctica causaba esterilidad, por eso, cuando a los quince años inició su vida sexual, no recurrió a ningún método anticonceptivo artificial: “Tenía información sobre anticonceptivos, sobre el condón pero como dudaba de poder embarazarme, solo me cuidaba con el calendario, hasta que falló”, dice con una media sonrisa.

La noticia de su inesperada gestación llegó en un momento difícil para ella. Tenía diecisiete años, había terminado su relación sentimental con el padre del niño, acababa de culminar la secundaria y deseaba ir a Pucallpa para trabajar y estudiar. La maternidad no estaba en sus planes y su primera decisión fue no continuar con su embarazo.

No quería sufrir como sufrió mi madre que quedó embarazada a los catorce años, porque pensaba que con la maternidad se sufre mucho” dice mirando a su progenitora quien en cuclillas lava la ropa de la familia  mientras varios niños corren a su alrededor.

“Le conté a mi tía y me dijo que tome Sal de Andrews con Antalgina para acabar con mi embarazo, pero no me hizo nada, entonces decidí contarle a mi mamá, y ella dijo que me apoyaría”, cuenta Yameli.

Y efectivamente, Yameli y su bebé siguen viviendo en la casa de su familia. Ahí reciben la protección económica y el afecto que requieren.

Llega la tarde y la joven madre sigue pegada a la hamaca en la que descansa su bebé. A pocos metros de su casa los y las adolescentes de la escuela secundaria juegan un partido de fútbol. Pero a Yameli no le interesa ir a verlos. Solo quiere seguir mirando a su hijo, cargándolo en brazos, dándole de lactar y escuchando la música romántica que le prodiga un pequeño radio transistor a pilas que tienen en casa.

Cuenta que la mayoría de sus compañeros de estudios se han ido de San Rafael a estudiar y buscar trabajo. Piensa que si existieran institutos cerca para estudiar y lugares donde trabajar, la juventud no abandonaría la comunidad.

Ella también ha decidido migrar cuando el niño esté un poquito más grande. Dice que lo dejará con su mamá y partirá a Pucallpa a estudiar secretariado y computación: “Es necesario irme de aquí para tener una vida mejor, y para que mi hijo pueda ser un profesional” dice con una determinación tan grande como el amor que le expresa a su bebé en cada mirada y caricia que le prodiga.

Investigación y textos: Rafahela García y Sandra Esquén
Fotos: Daniele Volpe

 

 
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