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Mercy, la fuerza del cariño

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Cuando pienso en cuál sería el momento más feliz de mi vida, veo a mi hija tomada de mi mano diciéndome mamá y caminando rumbo a su primer día de escuela”, nos dice con los ojos vidriosos Mercy Herrera, la joven madre de Zoe, una niña pucallpina de 1 año y dos meses que ha sido diagnosticada con Parálisis Cerebral Infantil (PCI).

Mercy cuenta que su embarazo estuvo marcado por la tristeza producto del abandono. El rechazo de su pareja le produjo tanto dolor, que ni siquiera se preocupó de acudir a los controles prenatales ni de llevar una dieta adecuada. Recién a los siete meses de gestación acudió a una consulta ginecológica en el Hospital Regional. Ahí se enteró que se trataba de un embarazo gemelar. Pocos días después nacieron sus dos niñas. Por ser prematuras y estar tan débiles fueron derivadas a la incubadora. Solo Zoe sobrevivió.

Durante dos meses Mercy permaneció al lado de la incubadora, presta a alimentar y cuidar a su pequeña Zoe. A pesar que una doctora le dijo que era muy probable que tuviera problemas con su desarrollo físico y cognitivo, Mercy la veía como una niña normal.

Pero, al cumplir los tres meses la niña empezó a enfermarse de los bronquios continuamente. Incluso llegó a presentar un cuadro de neumonía. Desde que le dieron el diagnóstico sabe que las terapias son claves para que su niña pueda lograr sostener su cabeza y adquirir fuerza en sus brazos y piernas, por eso trata de llevarla con regularidad al Programa de Intervención Temprana, pero no siempre puede hacerlo.

En Pucallpa solo hay dos de estos establecimientos, y ambos quedan lejos de la casa de Mercy. Solo en movilizarse debe gastar cinco soles para ir y regresar del Prite. Cuando sus abuelos o su hermana pueden apoyarla económicamente, la lleva a las terapias,  cuando no hay dinero, ella replica las terapias en casa y le hace los masajes que las especialistas le han enseñado.

Mercy se emociona cada vez que observa algún pequeño avance en el desarrollo de Zoe, por ejemplo, la fuerza que hace con las piernas cuando le pone los zapatos, o las tímidas sonrisas con las que responde el cariño que sus tías y bisabuelos le prodigan.
El camino hasta lograr que Zoe dé sus primeros pasos y diga sus primeras palabras es largo y lleno de obstáculos. “Cada vez que le dan fiebres altas, convulsiona y entonces se pierde todo lo avanzado, y debemos empezar de cero”, explica Mercy. Pero nos dice que a ella no le importa volver a empezar una y otra vez, que está segura de que Zoe logrará superar esta situación porque cuenta con su cariño, cuidado, paciencia y dedicación total.

Tener un bebé con alguna discapacidad es muy difícil, pero lo importante es estar a su lado siempre, apoyándolo todo el tiempo” Mercy sabe eso desde siempre. Su madre es sorda. Por eso, ella nació, creció y sigue viviendo bajo el humilde techo de sus abuelos, donde podrá faltar dinero, pero siempre encuentra amor, el elemento principal para ayudar a una persona a superar cualquier discapacidad.

 

 
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