Historias de vida

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Estrellita y la terapia del amor

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Kelly tenía quince años cuando tuvo que enfrentar el reto más grande de su vida: convertirse en madre. Lo que no imaginaba es que su maternidad requeriría de dosis extras de amor, fortaleza y paciencia. Estrellita, su bebé,  llegó al mundo en el hospital regional de Ucayali. Su nacimiento no fue fácil, casi muere por asfixia. Los médicos advirtieron que su cabeza era más pequeña de lo esperado y que tendría problemas en  su desarrollo. Pasado el susto, la niña y su adolescente madre fueron a vivir a casa del abuelo.

Sin mayor apoyo y orientación, Kelly cuidaba como podía de su pequeña hija. No tenía una madre, tía o abuela que le diera consejos ni le hiciera notar alguna otra anomalía en el desarrollo de la pequeña. El padre de la niña, un joven universitario de diecinueve años, se había alejado al enterarse del embarazo.

La Internet se convirtió en su fuente de consejos para la crianza de su hija. Recién cuando la niña cumplió los cinco meses y sus padres ya se habían reconciliado, deciden llevarla a su primer control de crecimiento. Por tener peso y talla por debajo de lo esperado para su edad y falta de movilidad, le recomendaron acudir al neurólogo.

 “Siento que el neurólogo fue muy duro conmigo, me dijo para eso tienes una hija siendo tan joven e irresponsable, tu bebita  tiene microcefalia con parálisis, nunca va a poder caminar, si quieres llévala a terapia. Yo le dije que le saque placas a su cabecita para ver cómo estaba su cerebro y me dijo que no, que no gaste más plata, que es por gusto, como yo era muy jovencita no insistí, además sentía culpa de no haber asistido a los controles del embarazo”, cuenta Kelly mientras mece en sus brazos a Estrellita quien parece seguir la conversación con su mirada.

Cuando Estrellita cumplió los seis meses y llegó el momento de incorporar alimentos sólidos a su dieta, empezó a rechazarlos y a enfermar constantemente por lo que es internada varias veces en el hospital regional. A los nueve meses la niña pesaba menos de cinco kilos. Meses antes de cumplir los dos años sus padres deciden traerla a Lima. Fue internada en el Hospital Cayetano Heredia donde descubren que los alimentos no llegaban al estómago, sino que se desviaban al pulmón. Le colocan una sonda gástrica que es por donde se alimenta hasta el día de hoy. Estrellita salió del hospital el día que cumplió dos años, pesaba nueve kilos.

Actualmente, Estrellita asiste dos veces por semana a las terapias del Programa de Intervención Temprana María del Rosario de Pucallpa. Los ejercicios son replicados en casa todos los días. Poco a poco ha empezados a realizar movimientos con sus extremidades y a expresar sus emociones a través del llanto y sonoras sonrisas.

Cuando tiene sed o el pañal sucio comienza a llorar, cuando su abuelita baila para ella o su tío le hace muecas se carcajea. Su papá y yo la amamos mucho y tenemos la esperanza de que llegará el día en que camine y hable, en que pueda valerse por sí misma, y ese día seremos muy felices. Somos jóvenes y tenemos toda la vida por delante para apoyarla y así lo haremos” comenta Kelly con una fortaleza que sobrepasa su frágil figura.

A pesar de las situaciones tan difíciles que le ha tocado pasar en sus diecinueve años, Kelly siente que está viviendo la etapa más feliz de su vida porque ha conocido el amor familiar y los milagros que este puede lograr.

 

 
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