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Cleber, caminando por sus sueños

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Por paradójico que resulte, en estos días de sociedades globalizadas y conocimientos a un clic de distancia, la culminación de la secundaria no siempre es una oportunidad que se encuentra a la vuelta de la esquina.

En Perú, especialmente en las zonas rurales, hay adolescentes que no cursan esta última etapa de la educación escolar, debido a que en sus comunidades no se ha construido un colegio, ni se han asignado docentes de secundaria.

No conformes con ese destino para sus hijos, los padres de Cleber Esteban, hoy un adolescente de diecisiete años, decidieron matricular a sus hijos en el colegio de secundaria de una comunidad cercana. Es por eso, que desde hace cinco años, cada mañana él transita el rojizo camino de tierra fértil que separa Ceilán, su comunidad, de San Rafael, donde funciona el colegio en el que cursa quinto año de secundaria.

Convertido en el brigadier de un grupo de tres alumnos, Cleber recuerda que hubo momentos en los que estuvo a punto de abandonar la escuela secundaria y seguir el camino de la mayoría de chicos de su comunidad: ir a Pucallpa o a Lima a buscar trabajo.

A veces me aburría de salir tan temprano de casa, caminar tanto y al llegar al colegio encontrarme con que ese día el profesor no iba a trabajar, pero un día saqué cuentas de que ya estaba a la mitad y decidí seguir estudiando hasta terminar el colegio”, dice, mientras recuerda que de los doce chicos y chicas que iniciaron la secundaria, solo la culminarán tres. Esta situación no sorprende en Ucayali, pues el 25,2% de adolescentes entre 12 y 16 años no está matriculado.

Su decisión estuvo impulsada por el anhelo de estudiar administración o maquinaria pesada, dos profesiones que le atraen y que ve como su pasaporte a una vida sin esas carencias que, como tercero de ocho hijos, conoce tan bien.  Carencias que a diario le son recordadas por los motocar que pasan por su lado cuando va o regresa del colegio y que él no puede abordar porque los dos o tres soles que cuesta cada tramo en ese transporte se necesitan para el diario sustento de su numerosa familia.

“Yo tengo que ser el primer profesional de mi familia”, afirma con convicción mientras recuerda el reiterado consejo de la persona que más admira, su padre: “Siempre me dice no tengas hijos hasta que seas un profesional”, comenta.

El consejo del padre se fundamenta en la experiencia. Hace veinte años la inesperada llegada del primero de sus hijos lo hizo abandonar sus recién iniciados estudios superiores y el embarazo de la nuera obligó a su hijo mayor a dejar el colegio para ponerse a trabajar. Ambas situaciones grafican una realidad regional: el inicio temprano de la vida sexual y la ausencia, especialmente en comunidades rurales, de servicios de salud que permitan el acceso a información y servicios de salud reproductiva.

Mientras tanto, Cleber, el adolescente que cada mañana traza su destino al andar de casa a la escuela, dice que: “Tener familia es una gran responsabilidad, por eso he decidido no enamorarme por el momento” y para minimizar el riesgo de hacerlo se refugia en los programas deportivos que puede ver cuando está en la casa de su abuela, en sus intentos de imitar la pericia futbolera de su ídolo Paolo Guerrero, y escapándose al rincón más alto de su casa para leer esos libros que le ayudarán a cumplir sus sueños. Si lo logra, será parte del 63,8% de adolescentes ucayalinos entre 17 y 18 años que culminan oportunamente la secundaria.

 

 
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