Historias de vida

Vidas reales

 

Bany, de brigadier a abogada

 

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“A mi me gusta más jugar fútbol que vóley, porque puedo correr, no me gusta quedarme parada” dice Bany Tenazoa, una adolescente de quince años de la comunidad indígena rural de San Rafael, ubicada en el distrito de Masisea, en la región Ucayali.

Al escucharla hablar de su proyecto de vida, confirmamos que así es. Ella está decidida a ir tras sus sueños. Sabe que el estudio es clave para hacerlos realidad y está empeñada en culminar la secundaria. “Soy la brigadiera de mi clase porque en tercero de secundaria ocupé el primer lugar”, señala.

Pero Bany, además de brigadier es una de las líderes de los cincuenta adolescentes entre doce y diecisiete años que viven en esta comunidad shipiba (veintiséis varones y veinticuatro mujeres). Ella confiesa que el liderazgo que hoy ostenta estuvo oculto durante su niñez, y que salió a flote a partir de los talleres que el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán y Unicef organizan en su comunidad para que las y los adolescentes puedan reconocer los problemas que más les afectan y proponer alternativas de solución. Nos cuenta, que antes era muy tímida, que observaba los problemas de su comunidad, pero no se atrevía a comentarlos. “Me gusta mucho que vengan a hacer los talleres, porque nos animan a participar, analizar lo que pasa en nuestro entorno, a planificar acciones y exponer ante otros nuestras opiniones y propuestas”, comenta.

Hace unos meses este liderazgo la llevó a Pucallpa donde pudo compartir la problemática de su comunidad con otros adolescentes de la región. También la convirtió en una de las dos voceras de los adolescentes de San Rafael durante la presentación del mapa parlante, actividad promovida desde Unicef para la construcción conjunta de un plan de desarrollo comunal.  En esa oportunidad los ancianos hablaron de los orígenes de la comunidad, los adultos de los problemas actuales, Bany y otra adolescente, del futuro que ansían para San Rafael.

Si bien su comunidad carece de servicios básicos como agua segura en cada vivienda y un centro de salud permanente, a Bany le preocupan especialmente dos problemas sociales: la violencia y los embarazos adolescentes. Dice, que seguramente hay violencia física, pero que lo que más se observa es la violencia verbal contra las mujeres: “Hay un trato con palabras soeces, que no debería darse”, señala.

La preocupación que tiene sobre el embarazo adolescente es totalmente justificada. Su madre, quien siempre le recomienda estudiar y cuidarse para tener hijos después que sea profesional, la tuvo a ella cuando apenas tenía diecisiete años. Ucayali, es una de las regiones peruanas con más alto índice promedio de embarazo adolescente (26,2%), y en San Rafael de las veinticuatro adolescentes mujeres, hay cuatro que ya son madres y cinco que están embarazadas.

Bany señala que en el colegio los profesores les hablan sobre la importancia de prevenir el embarazo y las infecciones de transmisión sexual como el VIH, pero que en la práctica las y los adolescentes no se cuidan. Para que alguien de San Rafael acceda a preservativos, píldoras anticonceptivas u otro método de planificación familiar debe ir a Masisea, esto implica invertir siete Soles solo en movilidad (dos Dólares) monto que resulta considerable para una familia de esta comunidad.

Convertirse en madre no está en los planes de Bany. Ella está decidida a ser abogada, porque quiere ayudar a que todas las personas puedan ejercer sus derechos, especialmente las personas de su comunidad. Sabe que el camino no es fácil. En un año y medio, cuando culmine la secundaria, deberá abandonar su apacible San Rafael para instalarse en la bulliciosa Pucallpa. Tendrá que alejarse de su madre y sus tres hermanos menores, pero está decidida a hacerlo porque quiere ser el ejemplo de ellos. Irá a la universidad, porque quiere que el sacrificio de su padre, quien trabaja lejos del hogar, dé sus frutos en ella. Pronto, si todo sale como lo ha planificado, cogerá las propinas que le dan sus tías de Pucallpa cuando en vacaciones las ayuda en las labores domésticas, y saldrá a correr por el mundo, levantando su voz, por ella, por los suyos; porque ha descubierto que a ella no le gusta quedarse parada, ni callada.

Investigación y textos: Rafahela García y Sandra Esquén
Fotos: Daniele Volpe

 

 
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