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“Desde el Club de la Higiene trabajaremos en la prevención y no nos dejaremos vencer por las enfermedades”

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Son las siete de la mañana cuando ingresa a su aula en el campamento Nuevo Santa Rosa de Piura. De inmediato se saca la mochila de la espalda y se sienta en una silla azul. Ha llegado más temprano que sus compañeros de clases. Saca sus libros de la mochila y coloca sobre el pupitre una libreta. En ella repasa unas fotos donde sus amigos lucen sonrientes y trabajando en equipo difundiendo prácticas de promoción de la salud e higiene en los campamentos. Sonríe y se siente satisfecho. Se trata del Club de la Higiene, integrado por niños y niñas de los campamentos de damnificados por el Fenómeno Niño Costero. Aníbal Efraín Castro Chiroque forma parte de este grupo, pero hace poco más siete meses vivía en el distrito de Cura Mori y no imaginaba cómo su vida iba a cambiar.

Es el mayor de cinco hermanos, y por tanto pesa sobre él una gran responsabilidad por ser el ejemplo para los menores. Esa responsabilidad la sintió como nunca el día 27 de marzo. Era lunes y desde muy temprano en la mañana las sirenas empezaron a sonar anunciando que el río Piura se desbordaría.

Cuando el agua turbia alcanzó su hogar, solo pudo sacar algunas prendas de vestir, una mochila con sus cuadernos y algunos libros. Fue un día amargo en el corazón de Aníbal. “Me sentí muy triste porque perdí mi hogar donde había crecido y tenía mis cosas. Mis hermanos estaban llorando, así que yo les decía que se tranquilicen porque ya iba a pasar toda esta tristeza. Salimos todos juntos en una moto hasta este lugar, Santa Rosa, porque era el más alto”, cuenta Aníbal.

En el pueblo nuevo Santa Rosa, Aníbal empezó a sentirse más seguro, aunque faltaba todo, pues no había casas sino solo carpas de plástico, mucha arena, montes y una oscuridad general por las noches.

“Vinieron con nosotros bastantes personas, y poco tiempo después ya estaban construyendo sus casas con quincha, pero seguía lloviendo. Seguí yendo al colegio, pero llegaba empapado y demoraba una hora en llegar a la escuela porque ahora quedaba bien lejos, luego ya dejé de ir”, recuerda Aníbal, mientras algunos de sus amigos ingresan también al aula, lo saludan sonrientes, se acomodan en las sillas y comentan alegres sobre las clases que tendrán este día. Aníbal recuerda que al empezar en Santa Rosa había pocas condiciones para una adecuada higiene, pues no había agua y el saneamiento era complicado. Solo había algunos baños químicos, y el agua que traían las cisternas no alcanzaba para todos. Tampoco había escuela y eso lo ponía aún más triste.

Sin embargo, poco a poco las condiciones de vida fueron mejorando. El Ministerio de Educación, UNICEF y Plan Internacional instalaron las nuevas aulas temporales adecuadas para la zona y entonces Aníbal dejó de trasladarse una hora diaria hasta Cura Mori para estudiar y se unió a nuevos amigos en esta aventura educativa. Aníbal tiene 10 años y estudia ahora el cuarto grado de primaria junto a 24 alumnos.

Es así como en estas nuevas aulas también empezó a asistir al Club de la Higiene, donde aprendió la importancia del correcto lavado de manos, alegres dinámicas sobre el aseo personal, actividades de prevención contra el Dengue y el Zika y a utilizar la tecnología para promover buenas prácticas entre sus amigos y amigas.

“Creo que la emergencia ha sido una etapa muy dura para todos, pero también un tiempo para aprender y aprovechar nuevas oportunidades. En el Club de la Higiene, por ejemplo, aprendimos todo sobre la limpieza personal, lo importante que es asearnos todos los días, lavarnos las manos con agua y jabón y prevenir enfermedades”, cuenta Aníbal.

Ahora en la escuela cuentan con letrinas y estaciones de lavado de manos instalados por UNICEF. Allí Aníbal, junto a sus compañeros del Club de la Higiene, utilizan una tablet para difundir mensajes entre sus amigos y amigas. A través de vídeos y fotos enseñan a prevenir el dengue. Gracias a esta y otras iniciativas similares, en esta temporada no hubo ninguna víctima de dengue en los campamentos. “Ahora sabemos la importancia de la higiene y estamos preparados para no bajar la guardia contra el dengue, sabemos que debemos ponernos repelente, polos manga larga, pantalón largo, botas y mejorar las prácticas de almacenamiento del agua”, sostiene Aníbal.

Nuevamente en su salón de clases, Aníbal oye a lo lejos cantar a los típicos chilalos piuranos que auguran buen tiempo sobre los verdes algarrobos y por la ventana ve a un campesino sobre una carreta jalada por un burro. “Sé que aún nos falta superar muchos obstáculos, pero unidos saldremos adelante, y nosotros desde el Club aportaremos para prevenir y no nos dejaremos vencer por las enfermedades”, dice Aníbal con emoción. Entonces el profesor empieza la clase y Aníbal se une a sus amigos para seguir aprendiendo.

 

 
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