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“Tener agua para lavarnos era como un sueño. Hoy ese sueño se ha vuelto una realidad”

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Erick se lava las manos

El sol se muestra desafiante en las alturas y el cielo despejado le da el marco azul a un día nuevo lleno de posibilidades para los habitantes del campamento Tupac Amaru I en el distrito de Cura Mori. Allí, de pie frente a una estación de lavado de manos, Erick Vílchez Chiroque, toma un cepillo de dientes y vierte sobre sus cerdas la crema dental, y mientras lo hace recuerda como era este campamento de damnificados hace solo unos meses. “Ha pasado poco tiempo, pero hemos cambiado mucho como pueblo”, reflexiona y sonríe lleno de orgullo. Bajo sus pies la arena blanca es un mudo testigo de cuánto estas familias han luchado para levantarse luego de perderlo todo.

Erick tiene solo doce años y llegó a este campamento junto a su familia hace poco más de seis meses. Mientras se cepilla los dientes, recuerda que el 27 de marzo cuando el rio Piura se salió de su cauce y arrasó todo a su paso, nadie creía en las alertas que el Estado daba, nadie las tomaba en serio. “¿Quién iba a pensar que el río de verdad se iba a salir?”, dice Erick, luego de secarse las manos. Pero sí se salió.

Esa triste mañana, los anuncios indicaban que la población de Cura Mori debía abandonar sus hogares. “Era el mediodía cuando se salió el rio, y toda nuestra familia: mis dos hermanos, mi mamá, mi papá y yo, subimos de prisa a una loma alta para que el agua no nos ahogara, y sacamos lo que pudimos. Se inundaron todas las casas. Ya no se veía nada más que barro… allí quedó todo abajo”, dice Erick mientras recuerda ese triste día.

Al día siguiente, él y su familia llegaron a Tupac Amaru junto a un centenar de familias. Allí solo encontró arena y muchos retos por delante, porque ya no era tiempo de tener miedo ni tristeza, sino de luchar por su familia y por un mejor futuro.

“Nos dieron carpas, colchones y frazadas pero lo más complicado era tener agua para poder asearnos. Lavarnos las manos o bañarnos era al principio como un premio. No había agua para nada. Y la que se conseguía era para tomar o cocinar. Tener agua era como un sueño”, cuenta Erick.

Por esos días llegaron hasta este campamento una serie de instituciones de cooperación internacional y las cosas empezaron a mejorar. UNICEF, gracias a fondos de la Unión Europea (ECHO), les entregó kits de higiene con jabón para la ropa, jabón para el aseo personal, papel higiénico, cepillos, pasta dental y más elementos, y todo esto acompañado de capacitaciones para la promoción de la salud.

Erick con útiles de aseo

“Al principio nunca imaginé que un cepillo de dientes, una pasta y un jabón me iba a poner tan feliz. Ahora me siento alegre porque hemos salido adelante, y la verdad que cuando repaso lo vivido estos meses, me siento un triunfador porque junto a mi familia hemos vencido la adversidad”, dice con alegría Erick.

Luego de asearse, Erick se seca las manos, levanta el rostro y mira las letrinas instaladas también por UNICEF en los campamentos. Se siente seguro y protegido, camina hacia su nuevo hogar construido con carrizo alrededor de la carpa y en esos pasos lo acompaña el despejado cielo azul y el típico sol piurano. Sus amigos lo saludan a lo lejos y él les sonríe levantándoles la mano. Ellos también son triunfadores. Lo siente en su corazón. Más tarde se les unirá para jugar con la pelota, y sabe que cerca siempre tendrán una letrina y una estación de lavado de manos para limpiarse, tocar el agua, saber que el agua y el jabón limpiarán sus manos y su cara. “Me encanta sentir el agua fresca y limpia” dice sonriendo. Y no sólo tenemos acá este servicio. En mi casa mi familia también ya tiene agua segura, limpiecita para cocinar y tomar”. 

“Creo que el futuro será bueno, porque somos un pueblo que vivimos momentos difíciles y eso nos ha vuelto más unidos. Así el futuro siempre será mejor”, dice Erick, mientras se despide con la alegría que le da la esperanza.

 

 

 
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