Historias de vida

Vidas reales

 

Proteger a los niños y niñas, prioridad tras las inundaciones en Perú

 
Instagram

Por Rocío Ortega

Cuando el río Piura se desbordó, un grupo de familias de Catacaos, al norte de Perú buscaron refugio y protección al lado de sus familiares muertos, en el cementerio José de los Santos.

A unos cinco metros de los mausoleos y criptas, María Felipa Cielo, espera sentada en el suelo debajo de un árbol a que se cocine la avena que su suegra prepara en una fogata hecha con leña que recogieron en los alrededores.

Tienen nueve días viviendo en esas condiciones; desde que dejaron su caserío cuando el nivel del agua los obligó a alejarse para salvar su vida.

“Nos dijeron que se había salido el río y el agua ya estaba cerca de la pista (calle), cuando quisimos sacar nuestras cosas ya no pudimos. El agua nos había encerrado”, narra Felipa.

“Lo primero fue salvar a mis niños. Mi suegro y mi esposo me ayudaron a sacarlos. No pudimos sacar nada más, ni animales ni nada más”.

Mientras conversamos, unos pavos merodean alrededor de un burro bebé que mansamente permanece amarrado al tronco del árbol que da sombra a Felipa y su familia. Los animales son propiedad de su suegra; quien sí alcanzó a rescatarlos de las corrientes que arrasaban con todo a su paso.

Felipa, con apenas 22 años de edad, narra que su principal preocupación era la vida de sus pequeños hijos.

Para ponerse a salvo caminaron hacia el cementerio, que se encuentra en una colina. Ahí pasaron la noche, en el mausoleo de los abuelos de su esposo.

“Nos vinimos para acá y aquí tratamos de dormir, pero los niños lloraban mucho, tenían frío y miedo porque todo estaba oscuro; además había muchos zancudos.” “Al día siguiente nos trajeron carpas y ahora por lo menos ahí nos metemos en las noches. Pero estamos muy mal, ahí dormimos cuatro familias. No cabemos”.

Durante el día, las familias se protegen del sol debajo de los árboles o en los mismos mausoleos porque el calor no se soporta dentro de las carpas de plástico que proporcionó el gobierno.

Al igual que muchos otros niños que viven en los campamentos, los hijos de Felipa -José Santos y Yamilé, de 2 y 1 año, respectivamente- tosen permanentemente y lloran.

“Estamos en medio de zancudero, moscas, frío. Los niños se están enfermando”, comenta abrumada la joven madre. “Los dos tienen tos por el frío y la humedad que hace en las noches”.

Como todos los niños que se encuentran en los albergues improvisados, requieren medicamentos, así como agua y saneamiento para evitar enfermedades como diarrea, cólera y enfermedades respiratorias.

También requieren mosquiteros, protector y otros insumos necesarios para proteger de picadura de mosquitos que puede ocasionarles enfermedades como dengue o zika.

Otro de los pendientes que las autoridades están teniendo que enfrentar es proporcionar documentos de identidad a las personas desplazadas por las crecidas de los ríos que generaron inundaciones y destrucción de casas y sembradíos.

“Mi esposo se ha ido a ver si puede sacar su DNI porque lo ha perdido todo en el agua, se ha ido a ver su le pueden dar uno para que pueda trabajar después, y luego sacaremos los DNI mío y de los niños”, comenta Felipa.

UNICEF Perú ya está en las zonas afectadas apoyando a los diversos sectores del Gobierno; de manera que los 371,000 niños, niñas y adolescentes afectados y damnificados por la emergencia puedan regresen lo antes posible a la normalidad. UNICEF solicita urgentemente US$ 9.5 millones para su respuesta de emergencia a la crisis.

► Más información sobre la emergencia

 

 
unite for children