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“Quiero que los niños, niñas y adolescentes vuelvan a creer en la política”

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Su nombre es Luis Enrique Alomia Fernández. Es Coordinador General del Consejo Consultivo de Niños, Niñas y Adolescentes. El pertenecer a esta organización le ha permitido descubrir su verdadera vocación: las ciencias políticas y reunirse con el Presidente de la República para dialogar sobre las políticas a favor de la niñez peruana.

A pocos días de cumplir 18 años, y por tanto tener que abandonar al CCONNA, reconoce que el camino de los niños, niñas y adolescentes que participan en organizaciones promotoras y defensoras de los derechos de la niñez no es nada fácil, pero que cada logro resulta aleccionador y gratificante.

Recuerda que en el 2009, cuando tenía 10 años, asistió en representación de su colegio de primaria a una reunión con el alcalde. “Me eligieron los profesores porque hablaba bien. Pero a mí me gusto la experiencia y cuando al año siguiente se organizaron las elecciones para elegir a los municipios escolares decidí postular”, nos cuenta.

Y así fue. Postuló y con el voto de sus compañeros se convirtió en el alcalde escolar de su escuela primaria, José Antonio Encinas, del distrito limeño de Puente Piedra. Desde ese día, con el apoyo de sus compañeros y maestros demostró que era posible hacer realidad su propuesta: incrementar el número de aulas y ordenar los horarios de tutoría. Llevó esta propuesta al Presupuesto participativo de su distrito y logró el financiamiento. Dos años después, cuando ya no estudiaba en ese colegio, fue invitado a la inauguración de aquellas aulas con las que alguna vez soñó.

Llevó a la secundaria su motivación por trabajar a favor de otros niños y adolescentes como él y nuevamente postuló a la alcaldía escolar. Y ganó. “Para mí era muy curioso. Hasta hace poco era de los mayores del colegio y ahora en la secundaria era de los más jóvenes. Curiosamente los que más me dieron sus votos fueron los compañeros mayores de 4to y 5to”, recuerda.

Al igual que en su anterior gestión llevo su propuesta al Presupuesto Participativo, pero esta vez no obtuvo el financiamiento. Sin embargo, la propuesta no pasó al olvido. Se hizo realidad y perdura hasta hoy. “No ganamos en el presupuesto participativo, pero la siguiente gestión municipal la adoptó y hasta ahora funciona. Se trata de una academia preuniversitaria distrital que prepara a los chicos y chicas que desean postular a la universidad. Funciona desde hace 5 años y atiende anualmente a cerca de 300 estudiantes”, explica con evidente y justificado orgullo.

Fue en esos días cuando se enteró del CCONNA. Estudió minuciosamente sus objetivos y encontró que era un espacio en el que podría pasar del discurso a proponer y realizar acciones concretas. “Hasta entonces sentía que muchas veces nos movilizaban a los niños y adolescentes para repetir frases como “no al bullying”, pero no nos tomaban en cuenta en asuntos decisivos. De acuerdo a sus estatutos el CCONA si nos daba voz ante las autoridades y yo quería estar ahí”, recuerda.

Pero llegar al CCONAA requirió de su perseverancia. Las reuniones generalmente son en el Centro de Lima y llegar desde Puente Piedra requiere de casi dos horas de viaje en el transporte público. Además con 13 años requería de compañía adulta. Al principio, ante la negativa de sus maestros, lo acompañaba su padre. Poco a poco fue conociendo las rutas y movilizándose solo. “No decliné, iba constantemente al municipio a preguntar, a proponer, a participar. Cuando me veían llegar los trabajadores decían ya llegó el niño”, comenta sonriente.

Y así, entre reunión y reunión fue creciendo, reforzando su liderazgo y aprendiendo a distinguir entre el acto demagógico y el compromiso de los políticos con la niñez. Ahora que está próximo a cumplir la mayoría de edad legal y ya no podrá formar parte del CCONNA, anhela convertirse en su asesor.

“Pensaba estudiar ingeniería mecatrónica, pero finalmente me di cuenta que lo que realmente me interesa es impulsar políticas públicas que permitan, por ejemplo, prevenir la violencia contra la niñez desde los primeros años de escuela; que las niñas aprendan desde pequeñas a reconocer los tocamientos indebidos, que tengamos bibliotecas modernas en todo el país y que los niños, niñas y adolescentes recuperen la fe en la política”, puntualiza. 

 

 
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