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Isabel, ejemplo de valentía y solidaridad

 
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La carretera central y la música altisonante han quedado atrás. Hemos llegado a Chosica, el destino preferido de muchas familias capitalinas cuando quieren alejarse de la Lima panza de burro para encontrar un día de sol y cero humedad. La camioneta no puede avanzar más, es hora de enlodarse el jean y los zapatos.

Y es que hace dos semanas que en Chosica el verdor ha sido arrasado por el lodo y la alegría de su gente, ha cedido su lugar a un turbio silencio que ni los vozarrones de los jóvenes militares que levantan los escombros y limpian las enlodadas calles, logran romper. Chosica es un sollozo ahogado en la garganta. Ahí, observando el trabajo de ingenieros, brigadistas y militares, encontramos a Isabel Cotarate Cano. Tras su serena mirada y tímida sonrisa se esconde una niña de diez años que salvó a dos compañeros de escuela de una muerte segura.

“Si no me traía a mis amiguitos, los dos estarían ahora muertos” nos dice con la misma convicción que exigió a sus hermanas retornar a la escuela por Alejandra, una compañera de escuela que se quedó en el colegio cuando era inminente la llegada del huayco”.

Era un lunes de marzo por la tarde. Isabel, Esteban y Alejandra y otros niños se encontraban en el colegio Huaman Poma de Ayala ensayando la coreografía que presentarán en la actuación del Día de la Madre. Su danza era acompañada por una fuerte e inusual lluvia.

A pocas calles del colegio, Danitza y Valeria, hermanas mayores de Isabel, no tomaban con ligereza los gotones que se estrellaban en el techo de su casa. Empezaron a preocuparse y decidieron ir al colegio por su hermana menor. Cuando llegaron a la escuela, se dieron con la sorpresa que el ensayo se había suspendido y los chicos empezaban a retornar a sus casas.

Ellas, ya acompañadas de la pequeña Isabel, solo querían regresar pronto a la casa. Temían que las grandes piedras que reposan en los cerros chosicanos empezaran a desprenderse. Hubieran retornado solo las tres, sino hubiera sido porque Isabel insistió en que llevaran a su amigo Esteban. Cuando ya estaban por llegar a su hogar, y la desgracia ya se sentía llegar, Isabel recordó que Alejandra había decidido quedarse en el colegio y el temor por la vida de su amiga se apoderó de ella. Su insistencia, su llanto, su terquedad, su no querer dar un paso más hacia su casa, convencieron a sus hermanas de regresar al colegio por Alejandra. Ahí la encontraron, nerviosa y a punto de emprender el camino hacia su hogar. El mismo camino en el que otros dos niños de la escuela encontraron la muerte. Alejandra, afortunadamente, decidió irse a casa de Isabel.

“Alejandra vive con su abuelita que es muy viejita, su casa está lejos y me daba miedo que cuando estuviera yendo a su casa se viniera el huayco, por eso quise regresar al colegio y le dije para ir a mi casa. Mis hermanas le avisaron a su abuelita que estaría con nosotras para que no se preocupe y no salga a buscarla”, nos cuenta.

Le decimos a Isabel que es una heroína, que ha salvado dos vidas. Ella solo sonríe con timidez. Gloria su madre la mira con orgullo y amor. “Siempre ha sido así, piensa en todos, en cómo ayudar, Cuando llega el invierno y algún compañero no tiene chompa, ella se la presta porque dice que ella vive más cerca de la escuela y puede soportar el frio hasta llegar a casa”, comenta Gloria. Isabel sonríe tímidamente y se sonroja, su valentía y sentido de solidaridad están por encima de toda vanidad.

 

 
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