Historias de vida

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Purificar para beber

Los 30 grados de temperatura y la sequedad de su garganta no son motivos suficientes para que Karen recorra 20 metros y calme su sed en el río Ucayali. Ella, a sus 11 años, ya es consciente que es mejor pasar sed que coquetear con la muerte. Y es que más de una vez ha visto enfermar y hasta a morir a chicos y chicas de su comunidad por beber de las amarronadas aguas que bañan la ribera de Santa Rosa de Abujao, su hogar.

Un viaje de dos horas en lancha separa esta comunidad de Pucallpa, capital de la Región Ucayali. Como muchas otras de la Amazonía, Santa Rosa de Abujao carece de agua apta para el consumo humano. Para cocinar los alimentos o beber agua las familias deben filtrar el agua del río. Para bañarse o lavar la ropa, recolectar agua de lluvia es la opción.

Por eso, cada vez que en casa de Karen requieren de agua para cocinar o beber, Roberto Torres, su padre y jefe de la comunidad, se dirige al río y vuelve con un balde de veinte litros de agua visiblemente contaminada y mezclada con barro y minúsculos desechos provenientes de alguna otra comunidad ribereña.

Con el balde lleno ya en casa, ahora la tarea es de Karen. Ella ha aprendido muy bien cómo se trata el agua del río. Coge una piedra de alumbre, mineral que separa el agua de los sedimentos, y atada a una cuerda la sumerge en el balde. Luego le da sesenta vueltas. La primera etapa del proceso ha culminado. Ahora puede salir a jugar por un rato.

Han pasado un poco más de 30 minutos y Karen vuelve a casa para verificar que el agua esté ya más clara. Le confirma a Roberto que así es y entonces él vierte a través de un filtro el agua clarificada en un bidón. En el balde solo han quedado los sedimentos.

En casa están todos preparados para el último paso: con un gotero, Karen hecha 4 mililitros de lejía (hipoclorito de sodio) que, al cabo de 30 minutos, terminará de transformar unos litros del río Ucayali en agua apta para el consumo humano.

La familia de Roberto ha sido una de las primeras en recibir los kits de purificación que la Fundación Aquae y UNICEF están distribuyendo en la localidad con la finalidad de poner al alcance de los pobladores agua segura y así reducir, especialmente entre niños y niñas, los altos índices de enfermedades diarreicas agudas.

 

 

 
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