Niñez, pobreza y oportunidades

Las niñas, niños y adolescentes son los más vulnerables a los efectos de la pobreza porque sus necesidades son más urgentes y las consecuencias de las privaciones que enfrentan son de larga duración.

Maria Luisa Fornara
20 Noviembre 2015
Maria Luisa Fornara - Representante de UNICEF

Maria Luisa Fornara 
Representante de UNICEF

Han pasado 25 años desde que Perú ratificó en 1990 la Convención Sobre los Derechos del Niño (CDN). Desde entonces el tema de la niñez ha estado presente en la agenda pública permitiendo que el país dé importantes pasos para garantizar a los niños y las niñas el ejercicio de sus derechos. En este proceso ha sido clave el esfuerzo multisectorial y articulado del Estado, la sociedad civil y la cooperación internacional por encontrar una hoja de ruta conjunta que ha quedado plasmada en los cuatro Planes Nacionales de Acción por la Infancia y Adolescencia (PNAIA) con los que ha contado el país en los últimos 23 años.

En su momento, cada uno de estos planes le trazó al país el camino a seguir para responder a las demandas éticas que planteaba la situación de la niñez peruana.

En reconocimiento a la importancia de estos planes, hace unos días se elevó a categoría de ley el Plan Nacional de Acción por la Infancia y la Adolescencia 2012-2021, y se declaró de interés nacional y preferente atención la asignación de recursos públicos que garantice el cumplimiento de sus cuatro objetivos estratégicos: garantizar el crecimiento y desarrollo integral de la primera infancia; continuar el crecimiento y desarrollo integral de los niños y niñas y de los adolescentes; y garantizar la protección de niñas, niños y adolescentes.

Sería trascendental que para maximizar la inversión dirigida a la niñez y a otras políticas de desarrollo social, el país se plantee el reto de medir la pobreza tomando como referente seis dimensiones distintas a la de ingresos monetarios: calidad de vivienda, saneamiento, acceso a agua potable, educación, acceso a información y nutrición.

Tradicionalmente se identifica a la pobreza con la falta de solvencia económica. Se presume que con un incremento considerable de ingresos monetarios, una persona cruza de inmediato la línea que divide a pobres de no pobres. Sin embargo, la realidad demuestra que por diversos factores - como falta de acceso a servicios, limitada educación, desaceleración de la economía e incluso desastres naturales – el retorno a la pobreza es una posibilidad latente para millones de personas y sus familias.

Niñas, niños y adolescentes son los más vulnerables a los efectos de la pobreza porque sus necesidades son más urgentes y las consecuencias de las privaciones que enfrentan son de larga duración. No es lo mismo dejar de consumir proteínas a los tres años que a los treinta; no es tan limitante para el futuro de un ser humano dejar de cursar un postgrado como abandonar la escuela secundaria.

Transitar de la medición monetaria de la pobreza a la medición multidimensional no es una decisión fácil para los decisores políticos. Implica aceptar que el porcentaje de personas en situación de pobreza crecerá. Pero asegura una planificación más acertada.

Su adopción, por los futuros gobernantes, sería una clara muestra de compromiso con la formación de una generación de niños y niñas con igualdad de oportunidades.

Artículo publicado en el diario El Peruano el 20-11-2015