La fuerza de un padre

La historia de Jaime Fernández, padre de dos niños y recolector de residuos en el Centro de Lima

Elsa Úrsula
Un padre y su hijo sonríen en un parque
UNICEF Perú
19 Junio 2020

Jaime Fernández tiene una fortaleza a prueba de todo. Cada día antes de salir de su casa, se encomienda a Dios y le pide que lo cuide. Y no es para menos. Su trabajo es el de recolectar los residuos sólidos en el Cercado de Lima. “Salgo de mi casa a las 6 de la mañana y llego a mi base a las 8. Allí me cambio y salgo para mi unidad de recolección. Trabajo en La Parada, en todo el centro de Lima y claro que tengo miedo. Mucho miedo”.

Desde que se declaró la pandemia cambió la vida para todos. Sin embargo, para trabajadores como él, aún más. “Mis compañeros empezaron a caer enfermos. Y es que ahora la basura de los domicilios es peligrosa, la gente bota allí sus guantes, sus mascarillas, hasta agujas de inyecciones. Tengo varios amigos que han fallecido por Covid. Y entonces, cuando me dicen, pasó esto o aquello, pienso inmediatamente en mis hijos. Keysi tiene 10 años y Janniek 4 años, son tan chiquitos. No puedo dejarlos todavía”.

Si antes se cuidaba, hoy lo hace aún más.

Hago de todo para llegar a mi casa lo más limpio que puedo y cuando llego me vuelvo a bañar, desinfecto nuevamente todas mis cosas. Allí recién me acerco a mis hijos”.

Nunca como ahora se había sentido así. Hace poco menos de un mes, una tos y síntomas de gripe lo mantuvieron encerrado en su cuarto esperando los resultados de su prueba Covid que él temía que sea positiva. Pero sus hijos no entendían lo que pasaba. “Me tocaban la puerta. Me decían, papito te queremos ver por favor. A mí se me partía el alma, pero no podía acercarme a ellos”. Menos mal que todo no pasó de un susto. Una vez que llegaron los resultados negativos, Jaime volvió a ponerse su uniforme verde y salió a trabajar a las calles de Lima.

“No solo tengo miedo de la enfermedad. También tengo miedo de perder mi trabajo, soy el único sostén de mi familia y llevo 12 años en este puesto. A veces cuando estoy en mi unidad, recogiendo basura por las tardes y la gente nos aplaude, nos da aliento, siento una felicidad enorme, pero pienso que ellos no saben todo lo que uno tiene que vivir en el día a día. Solo pido poder realizar mi trabajo y cuidarme para no dañar a mi familia”.

Los dos hijos de Jaime lo esperan siempre despiertos. No lo ven partir, pero siempre lo ven llegar. “Eso me da mucha alegría. Sentarme a la mesa con mis hijos, compartir una merienda con ellos, escuchar lo que han hecho en el día. Ver a mi familia unida, ver a mis hijos crecer bien, que no les falte nada, tener un trabajo seguro, eso es para mí ser un padre. Que ellos sepan que voy a luchar siempre para darles lo mejor”.

 

Hija de Jaime besándolo en la mejilla
UNICEF Perú

Para Jaime el día del padre le genera sentimientos encontrados. “No puedo dejar de pensar en mis compañeros que han partido. Muchos tenían hijos pequeños como los míos, otros habían hecho grandes esfuerzos por darles educación superior y no podrán verlos lograrse. Y si bien yo doy gracias a Dios por estar sano, por tener a mis hijos conmigo, sé que hay familias que tendrán un sitio vacío en sus mesas y eso es muy doloroso”. Cuando termina de decir estas palabras, guarda silencio para que no se sienta que se le quiebra la voz. Suspira profundo y sigue.

“Pero sé que debemos aguantar todo lo que sea necesario para salir de esta pandemia. No importa cuánto demore pero esto no nos va a ganar. No podrá contra la humanidad. Yo soy padre y quiero que mis hijos vivan en un mundo seguro, quiero que sean bondadosos y solidarios. Si puedo darles ese ejemplo, creo que habré logrado algo en la vida”.