Jennifer: cuando solo queda migrar

"Como mamá sientes que no queda otra opción que llevar a tus hijos a otro país para que tengan mejores condiciones de vida, porque pasan muchas necesidades"

Por: Sandra Esquén
Una madre abraza a sus hijos al llegar a Perú
UNICEF Perú

13 Mayo 2019

“Puedo contarles mi historia, pero no me tomen foto, porque miren como estoy tras tantos días de viaje”, nos dice Jennifer Gonzales (24), con una sonrisa de oreja a oreja que cubre su cansado rostro. La joven madre ha logrado estar nuevamente al lado de Eylín (7) y José (5), sus pequeños hijos que de rato en rato se abrazan a su cuello y cintura como asegurándose de que mamá no vuelva a separarse de ellos.

“Yo me vine a trabajar a Perú en setiembre del año pasado para poder enviarles dinero, porque era muy difícil poder mantenerlos quedándome en Falcón (Venezuela). Los dejé al cuidado de mi hermana, pero luego su papá se hizo cargo de ellos. Estar lejos, sin saber si estaban bien cuidados o no, era muy angustiante, por eso junté dinero y hace unas semanas regresé a buscarlos, y hoy después de nueve días entre caminatas y transporte vuelvo a Perú con ellos”.

Nos comenta que para las madres solteras que viajan con niños y sin el permiso paterno el viaje es mucho más difícil, porque en el trayecto se encuentran con gente que se beneficia económicamente de la situación. “Como mamá sientes que no queda otra opción que llevar a nuestros hijos a otro país para que tengan mejores condiciones de vida, porque están pasando demasiadas necesidades. La semana que estuve allá para recoger a mis hijos prefería no salir a la calle, porque veía a los otros niños y niñas tan delgados que se me partía el alma”, cuenta mientras acaricia a sus hijos.

Llegar a Perú era el objetivo de Jennifer, Eylín y José, y lo lograron. En el Centro Binacional de Frontera de Tumbes, los pequeños hermanos han recibido las vacunas que le faltaban y han tenido tiempo para jugar y dibujar en la carpa que Unicef tiene instalada ahí para que niñas y niños estén seguros mientras los adultos cumplen con los trámites de ley. Pero este, es solo el primer tramo de una aventura que también le produce algo de temor a la joven madre. “Yo sé que acá podrán encontrar educación, salud, pero también sé que cuesta y por ratos me da miedo no poder con todos los gastos, pero ya estamos aquí y tengo que seguir”, nos dice.

En Lima la espera el barrio en el que también se han instalado algunos familiares y compatriotas, y jornadas de un trabajo que ella se ha generado.

“Cuando recién llegué trabajé en una casa como empleada doméstica, luego lo hice en restaurantes, finalmente me decidí por la venta de pan y chicha o café, dependiendo de si es verano o invierno. Salgo a vender, por las calles del centro de Lima, cuatro horas en la mañana y cuatro en la noche”.

Regresar a su patria por sus dos hijos y emprender con ellos el viaje hacia Perú han sido decisiones dictadas por el corazón. Jennifer recién está pensando como reorganizará su vida con ellos a su lado. Pero tiene la certeza que los días futuros, con sus desafíos y carencias, no serán tan angustiantes como aquellos en los que los tenía lejos, sin poder darles esos besos y abrazos que alivian el hambre y calientan el alma.

Y ahí la dejamos feliz y regalando nos una foto a insistencia de sus hijos