UNICEF insta a buscar formas de educar a los niños sin violencia

01 Marzo 2014
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UNICEF

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en Paraguay pide a las familias y a la sociedad paraguaya reflexionar sobre el uso de la violencia física y psicológica como método para disciplinar a los niños, niñas y adolescentes.

La filmación del castigo físico del que fue objeto una niña de 7 años por parte de su madre y su posterior difusión en las redes sociales, ha despertado nuevamente en la sociedad un debate sobre la eventual diferencia entre corrección mediante el castigo corporal y violencia extrema.

Los hechos muestran que ambas formas de corrección no pueden ser aceptadas y que es muy fácil sobrepasar el límite. En realidad se trata de una cuestión de principios ¿por qué estaría bien golpear a un niño, niña y adolescentes si no está socialmente aceptado golpear a un adulto o a una mujer para resolver los conflictos? ¿Acaso no son personas iguales e inclusive más indefensas?

Un estudio realizado por Unicef y la ONG BECA en Paraguay en el año 2009, en una población representativa a nivel nacional de niños y niñas en edad escolar, reveló que el 61 % recibía algún tipo de violencia por parte de su familia, demostrando que este es un método de disciplina culturalmente aceptado.

Un aspecto llamativo es que la mayoría de los casos de violencia están catalogados como del tipo grave con un 35% (golpes con objetos, patadas, quemaduras, etc.), frente a 13% de violencia psicológica y 13% de violencia física leve (por ejemplo nalgadas). El maltrato psicológico es aquel que implica menosprecio e insultos entre otras cosas. Esto es relevante si tenemos en cuenta que la mayoría recordó haber recibido más castigo físico severo en el país entre los 3 y 5 años.

Los especialistas, señalan que los niños pequeños frecuentemente no recuerdan por qué se les golpea y sólo evitarán comportarse mal si sienten una amenaza inminente de ser golpeados. Este tipo de castigo les lleva a ciertos comportamientos por puro temor: no les ayuda a querer comportarse bien, ni les enseña autodisciplina ni alternativas.

Cuando un progenitor deliberadamente inflige dolor en un niño parte de la lección para el niño o niña es que el progenitor es una fuente de dolor a ser evitada; incluso a la edad de dos años, los niños castigados físicamente se distancian de sus madres en comparación con otros niños y niñas que no lo son.

Está claro que la violencia no educa y que tiene consecuencias inmediatas, las más visibles en los niños, niñas y adolescentes son: dificultades de aprendizaje, retraso en el desarrollo físico, lesiones que incluso en casos extremos causan la muerte y las consecuencias psicológicas y emocionales de experimentar o presenciar un trato doloroso y degradante que no pueden entender ni impedir. Estas consecuencias incluyen sensaciones de rechazo y abandono, el sentirse poco queridos, trauma, temor, ansiedad, inseguridad y pérdida de autoestima .

Muchos niños y niñas reciben este tipo de trato de sus familiares más cercanos con la intención de que “obedezcan, aprendan o se eduquen” sin que los adultos se percaten de que están incurriendo en una situación de maltrato.

Una encuesta realizada por Unicef en Paraguay en el año 2010, también puso en evidencia de que los padres golpeaban a sus hijos al perder la paciencia o al perder el control de sus actos. “A menudo las personas adultas golpean a sus niños porque no tienen un lenguaje adecuado para hablarles”1 o desconocen formas de poner límites alternativas a la violencia.

La respuesta está en reflexionar y buscar formas positivas de disciplina que reemplacen a las formas violentas y autoritarias.

Los niños y niñas del presente son cuestionadores, más participativos y viven en un mundo repleto de información, cambiante y globalizado y representan grandes desafíos todos los días para sus familias y su entorno educativo. Ya no responden a las mismas formas de disciplina que resultaron para otras generaciones anteriores, por ello la puesta de límites claros y de acuerdo a su edad, el mantenerse firme en decisiones tomadas son parte de los desafíos a ser cumplidos por los adultos.

La sociedad y los adultos tenemos el gran reto de encontrar nuevas formas de relacionamiento y de disciplina acordes con los nuevos tiempos. El desafío es grande, ¿pero qué no haría una madre o un padre por sus hijos?

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