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ECUADOR - Ninguna emergencia debe impedir que los niños sigan sus sueños

© UNICEF/ECU/2017/Arcos

Se cumple un año del terremoto de Ecuador que dejó a 250.000 niños en necesidad de asistencia humanitaria.

QUITO, 16 de abril, 2017 - “Mi vida cambió después del 16 de abril. Esa noche sentí miedo y lloré. Mi primo murió, iba a cumplir 10 años. En la escuela no había agua y en las casas no había luz¨, cuenta Emilia Vilela, al recordar los primeros días después del terremoto de 7.8 que sacudió  Ecuador el 16 de abril de 2016. 

Para Emilia ya no es la misma vida que antes. Su casa quedo destruida, tuvo que alojarse en un refugio informal por casi 8 meses y ahora vive en una casa prefabricada.

Emilia tiene 9 años y es de la comunidad rural de Coaque en Manabí, una de las zonas más golpeadas por el sismo.

Al igual que Emilia, Líber Pazmiño (15) también perdió su casa ubicada en Chamanga, provincia de Esmeraldas, otra de las zonas fuertemente castigas por el sismo.

“Esa noche todo cambió para mí” afirma. A Líber se le despertó el deseo de ayudar. “Me dio la intuición de querer ayudar a mi familia, me preocupaba sobre todo mis sobrinos y mis hermanos pequeños quienes eran los que más se habían afectado por el terremoto”.

A pesar de la destrucción, Emilia y Líber no dejaron de aprender. Participaron en los programas de apoyo psicosocial, prevención de violencia y prevención del Zika que UNICEF implementó como parte de su respuesta a la emergencia.

“Muchos niños dejaron de tener miedo y siguieron adelante. Yo jugaba con los niños y les contaba cuentos para entender lo que había sucedido y superarlo. Los niños también hicieron algo por mí, me devolvieron la sonrisa¨, cuenta Líber al explicar lo que hacía con la metodología de apoyo psicosocial Retorno a la Alegría.

Emilia y Líber van regularmente a clases y en sus escuelas tienen acceso a agua segura y saneamiento. No obstante, no tienen agua potable en sus hogares. Emilia va al río para bañarse. “Para mí el agua es muy importante para cocinar, lavar los alimentos, y asearse.  No puedo vivir sin agua¨, cuenta Emilia.

Emilia quiere que haya un hospital cerca de su comunidad y Líber resalta el problema de la basura en las calles de su comunidad.

Pese al terremoto y los desafíos que aún existen, Emilia y Líber continúan estudiando y luchando por sus sueños.

“A pesar del terremoto, yo sigo mis sueños porque no han cambiado nada, yo de grande quiero ser profesora porque quiero enseñar a los niños”, dice Emilia sonriendo.

Y para Líber sus sueños se han fortalecido. “Yo después del terremoto sí creo que logro cumplir mi sueño. Siempre he querido ser científico, ese es mi sueño, lo que quiero lograr, lo que más me impulsa a seguir adelante”, afirma.

Respuesta de UNICEF a la emergencia
En un año, junto con socios humanitarios, fue posible también dotar de agua segura a más de 240.000, proveer de saneamiento a 60.000, y beneficiar a 150.000 con promoción de higiene. UNICEF logró dar acceso a más de 250.000 niños y a 26.800 mujeres embarazadas a vitamina A y micronutrientes, entre otros insumos de salud. Brindó apoyo psicosocial a más de 25.000 niños, proporcionó espacios seguros para recreación y educación a más de 13.000 y material educativo a 34.000, capacitó sobre prevención de violencia a 15.000, e intervino con acciones de agua y saneamiento en 167 escuelas. La estrategia de prevención del Zika llegó a más de 10.000 estudiantes y 30.400 personas a nivel comunitario.

UNICEF, a su vez, ha impulsado iniciativas de empoderamiento adolescente a través de Mapeo Digital y la Escuela de Liderazgo, de las cuales, Líber fue parte.

Todo esto ha sido posible gracias a la contribución de miles de donantes de todo el mundo.

Para ver más sobre la respuesta de UNICEF al terremoto de Ecuador, acceda al Humanitarian Situation Report One Year Review con fecha 16 de abril.

 

 
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