Un octogenario Toshao lidera la integración

En Guyana, un líder indígena comunitario ayuda a los migrantes

Por Rawle Nelson
© UNICEF Guyana Region1/2019/Pragmatis
UNICEF Guyana Region1/2019/Pragmatis

10 Abril 2019

Para Ernest Santiado, un Toshao (líder indígena) de 80 años, la humanidad de una persona es más importante que su nacionalidad.

Esta fuerte certeza impulsa al líder de Khan Hill (un pequeño poblado localizado en las afueras de Mabaruma, vecino a la frontera con Venezuela) a ir más allá del llamado del deber para prestar asistencia a los migrantes venezolanos que buscan refugio en Guyana.

“Fundé dos comunidades. Siempre quise asegurarme de que a mi gente la cuidaran como se debe. Como Toshao, no puedo ignorar a las personas migrantes porque la pregunta que me suelo hacer es: ¿Cómo estoy comiendo yo mientras mis vecinos pasan hambre? Eso no está bien. No me sentaré a esperar y permitir que eso pase”, dice Santiado.

El octogenario, un padre de cinco, ha servido como Toshao durante 34 años: primero en Smith Creek, antes de fundar Khan Hill y servir como su actual líder. Para él, ayudar a los venezolanos que arriban es tan natural como respirar; de alguna forma, ha infundido esta creencia en los residentes de Khan Hill. No sorprende, por lo tanto, que esta comunidad haya sido la primera en darles la bienvenida como refugiados.

Guyana y Venezuela comparten una frontera porosa que se prolonga a lo largo de 789 kilómetros, con dos cruces formales de frontera en todo el trayecto. Tanto los venezolanos como las personas que reclaman la ciudadanía guyanesa —por lo general a través de un miembro de la familia que emigró a Venezuela en décadas previas— están cruzando actualmente de vuelta a Guyana en puntos aleatorios, por lo general a lo largo de los ríos, sin ir a través de registros formales.

Algunas de sus historias no son las más felices.

Madelly, de 28 años, parece una adolescente, pero es la madre de cuatro. El mayor tiene 15 años. Los otros, 14, 3 y 2 años.

Como cientos de otros refugiados que llegan de Venezuela, Madelly decidió migrar con la intención de mejorar económicamente, y se dirigió a Barima/Waini (Región Uno). Llegó al campo Khan Hill, donde había otros 103 migrantes venezolanos, de acuerdo con las estadísticas que entrega el Toshao de la comunidad.

No era como lo había imaginado. “Teníamos mucha esperanza de que al llegar a Guyana estaríamos mejor. Muchos de nosotros vinimos con esa fe, y ahora vivimos una situación triste porque no fue así”, dice una desilusionada Madelly. Su lucha diaria es por conseguir comida y mientras tanto, solicita asistencia.

“Remamos la canoa que nosotros mismos construimos. No fue un viaje fácil, pero una vez que te conviertes en parte de un grupo, tienes más esperanzas de que todo va a salir mejor” dice, mientras recuerda su travesía con su familia y otros más. A ella y a sus niños le tomó una semana entera llegar.

Gracias a UNICEF, sus niños están recibiendo atención. El fondo para la infancia trabaja, en especial, en las regiones que reciben el mayor flujo migratorio de personas indígenas (1,7,8,9). UNICEF se enfoca en proveer apoyo técnico, financiero y logístico a los aliados clave para atender las necesidades más urgentes en los sectores de salud, nutrición, WASH, artículos no alimenticios, educación y protección. Por otro lado, para atender los requerimientos que el Gobierno les solicitó a las Naciones Unidas para el manejo confiable de información, UNICEF proporciona capacidad de atención a través de MapAction-UK y garantiza un enfoque en la niñez en sus respuestas e informes.

© UNICEF Guyana Region1/2019/Pragmatis
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La mayoría de los refugiados han continuado con su estilo de vida tradicional de pesca y agricultura para ayudar a sostener a sus familias. El primer grupo de 40 migrantes venezolanos llegó a Khan Hill hace varios meses. Ahora, hay 103 personas en este campo.

Un proceso de adaptación

Aquellos que llegan deben seguir las reglas y regulaciones de la comunidad, enfatiza el Toshao Santiado.

“No me importa qué problemas tuvieron mientras estaban en Venezuela, pero en mi campamento, bajo mi supervisión, obedecen mis reglas y las siguen, y que tienen que irse si deciden no hacerlo”, declara.

La salud de Santiado se debilita y es asistido por su nuera, cuya función es orientar a los refugiados para que se organicen en su nuevo entorno. El abuelo dice que él muy compasivo con las familias ya que es testigo directo de las dificultades diarias que enfrentan. Cuando el primer grupo de venezolanos llegó a tierra firme por el río por primera vez en octubre, el Toshao invirtió sus ahorros personales en la compra de 46 bolsas de arroz para garantizar que hubiera comida disponible.

“En Guyana comemos arroz a menudo, ya que es nuestra comida principal, pero para ellos es el azúcar”, explica el Toshao. Santiado admite que está molesto, emocional y psicológicamente, con las muchas historias tristes y desgarradoras de incesto, violación y abuso sexual que padecen las recién llegadas.

La crisis que enfrentan los refugiados necesita atención inmediata y urgente, insiste el Toshao de Khan Hill. Guyana debe estar preparada para abordar las dificultades que surgen como resultado de los refugiados que llegan.

El Toshao explica que antes de buscar refugio, muchos de ellos vienen a Guyana para ejercer su oficio o asegurar alimentos a un costo menor. Sin embargo, señala que, con el aumento de los desafíos económicos en Venezuela, muchos de ellos optan por permanecer en Guyana en la búsqueda de un empleo, mejores condiciones de vida y de trabajo, y una oportunidad para criar a sus hijos de manera segura.

Hace algunos meses, algunos pescadores venezolanos se acercaron a él para venderle sus pescados. Estaban buscando su aprobación para visitar su aldea debido a las crecientes dificultades que enfrentaban en su país. Esto, dijo, lo llevó a darle la bienvenida abiertamente al primer grupo de venezolanos hace varios meses. El primer grupo estaba compuesto por 40 personas.

Las estadísticas oficiales no reflejan a plenitud la realidad de las cifras de guyaneses que retornan o de migrantes venezolanos (se calcula que 2 de cada 10 están registrados). El Departamento de Ciudadanía ha reportado las entradas oficiales de Venezuela de la siguiente manera: 892 (2016), 1,136 (2017) y 3,398 (hasta el 30 de noviembre de 2018), las cuales incluyen un 50 por ciento de mujeres y un 15 por ciento de niños. Según la OIM, la población total de Venezuela en situación de necesidad en Guyana alcanza las 12.000 y el total de niños necesitados es de 4.800.

La mayoría de los refugiados ha continuado su estilo de vida tradicional de pesca y agricultura para ayudar a mantener a sus familias. Algunos, incluso, se han enamorado: la relación entre Michael, un local, y Shelly, una migrante venezolana, es curiosa: no hablan el mismo idioma, pero ya han recibido la aprobación del Toshao después de que el líder local verificara que la relación iba a ser seria con la recién llegada migrante.

Sin embargo, el Toshao Santiado señala que mientras los funcionarios religiosos colaboran con ayuda, se necesita más asistencia. Y la comida no es suficiente. “Hay muchos días que ni siquiera tengo (alimentos) para mí, pero siempre he adoptado la posición de que compartiría lo poco que tengo para que nadie muera de hambre en este campamento. Si alguien debe morir, debe ser por (mala) salud o algo más, pero (no por) hambre y violencia”, declara Santiado.

Continúa: “Estoy agradecido por el pequeño trabajo que nos mantiene avanzando y ganando dinero: el de partir rocas en pedazos. Eso ayuda a mi comunidad a generar algunos ingresos. Ayudaré tanto como pueda, pero la verdad es que con tanta gente aquí, no sé cuánto durará. Estas personas se están frustrando y deprimiendo por su situación y hay muy poco que puedo hacer para ayudar ", añade.