Omaira, la abogada de los pobres que teje la paz

#MujeresHumanitarias

Por Alfonso F. Reca
© UNICEF/UN0309958/Arcos
UNICEF/UN0309958/Arcos

16 Agosto 2019

Cúcuta, Colombia - Cuando era pequeña una profesora le dijo una vez que algún día sería una gran líder. Nunca quiso hacer caso a este comentario, pero Omaira Bastos se ha convertido en una referencia para la integración de niños y niñas venezolanas migrantes y asentados en Cúcuta, ciudad colombiana fronteriza con Venezuela.

Omaira conoce mejor que nadie los sinsabores de la migración. Colombiana de nacimiento, cruzó la frontera con su familia cuando era pequeña. En Venezuela vivió sin documentos prácticamente toda su adolescencia y juventud. Pero tanto ella como su familia, especialmente su padre, fueron víctimas reconocidas del conflicto y, en 2014, decidieron regresar a Colombia y rehacer una vez más sus vidas. Se asentó en una pequeña y humilde comunidad a las afueras de Cúcuta, que poco a poco fue creciendo en población, con los colombianos retornados primero, y los migrantes venezolanos, después.

“Cuando llegué a la comunidad ya había una necesidad de crear una asociación de víctimas del conflicto. Queríamos ayudar y, sobre todo, orientarlos para acceder a sus derechos”, recuerda Omaira. “Ahí ya comenzaron a llamarme la abogada de los pobres”, añade.

Omaira fue formada por Naciones Unidas y la Defensoría del Gobierno de Colombia en derechos humanos y en enfoque de género. “Con esa formación nació el liderazgo”, indica esta joven, que no pudo quedarse de brazos cruzados al ver la situación en la que llegaban los deportados y se convirtió en voluntaria de la ONU: “Afecta mucho ver esas cosas, te toca el corazón. Siempre piensas que podrías haber sido tú”.

El complejo contexto en el que Omaira se desenvolvía, en una comunidad vulnerable, sin casi servicios y cada vez más populosa, no hizo sino complicarse todavía más con el paso de los años. Comenzaba el éxodo venezolano. “Los migrantes llegaban hasta aquí y también nos necesitaban… y ahí estamos”, explica Omaira quien asegura sentirse “feliz de hacer lo que me gusta y ayudar a los que lo necesitan”.

 

© UNICEF/UN0309946/Arcos
UNICEF/UN0309946/Arcos

Omaira fue poco a poco involucrándose cada vez más con la comunidad. “A estas personas les ha tocado duro, pero yo sé cómo ayudarles. Me doy cuenta de que se vulneran mucho los derechos de las personas. Si lo hacen con gente que conoce sus derechos, qué harán con los que no los conocen”, reflexiona.

UNICEF Colombia identificó a Omaira y no dudó en apoyarla y trabajar codo con codo con ella en la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Así comenzó el proyecto ‘Tejedoras de Paz’, un taller donde los más pequeños aprenden a tejer pero donde, esencialmente, pueden sentarse tranquilamente, en la seguridad de un espacio amigable, abrirse y hablar sobre sus experiencias y problemas. Omaira, junto a otros colaboradores del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, aportan gratuitamente todos los materiales y también apoyo psicosocial a los niños y niñas entre bordado y bordado, y promocionan valores de paz y amistad. También les preparan la merienda.

“Los niños son una base moldeable, pueden aprender lo que sea, no tienen límites ni barreras y, si los ayudas, logran todo lo que se proponen”, asegura.

Pero no todo es sencillo, UNICEF también apoya a Omaira psicosocialmente para que pueda seguir desarrollando su labor. “A veces me cargo mucho con las historias de la gente que llega. Es terrible”, explica. “Saber que una niña de 14 años queda embarazada porque no tuvo medios para protegerse o porque alguien se aprovechó de su vulnerabilidad, te marca”.

Pese a todo, Omaira no pierde la sonrisa y todos los niños y niñas de la comunidad la quieren y respetan como a sus propias madres, muchas de las cuales también acuden a los cursos de tejido y han encontrado una vía de ingresos vendiendo los productos que crean artesanalmente junto a esta voluntaria de UNICEF de 37 años.

Omaira es un ejemplo de resiliencia, liderazgo y generosidad, además de ser un orgullo para UNICEF. Una persona que pese a todo y “sin querer queriendo”, no duda en “estar ahí para los niños”.

Actualmente en Colombia se estima que más de 325.000 niños y niñas migrantes venezolanos y de las comunidades de acogida necesitan apoyo humanitario.