“Me preocupa no tener dónde dormir, ni ropa, ni agua”

Miles de niñas, niños y adolescentes de Nicaragua y Centroamérica lo han perdido todo tras los huracanes Eta e Iota

Por Alfonso Flores Bermúdez y Edit Elisa
02 Diciembre 2020

Puerto Cabezas, Nicaragua - Un grupo de niños y niñas juega sobre una plataforma de madera que flota a orillas del mar frente a lo que queda del barrio El Muelle, en Puerto Cabezas, en la costa del Mar Caribe de Nicaragua. Este vecindario de pescadores ha sido abatido no por uno, sino por dos huracanes de categoría cuatro en solo dos semanas este noviembre. Primero fue Eta, que el 3 de noviembre tocó tierra y arrasó con decenas de viviendas en la franja costera de Puerto Cabezas. Solo trece días después, el huracán Iota impactó a apenas quince millas al sur de la ciudad, durante su trayectoria de destrucción por toda la costa Caribe de Centroamérica.

Dos niños buscan en los escombros luego de que el Huracán Eta azotara Nicaragua.
UNICEF/UN0372812/Ocon/AFP-Services

Los niños que juegan sobre lo que parecen ser los restos de una balsa que ha naufragado, son  parte de los cerca de dos millones de sobrevivientes que ahora duermen en casas de vecinos o refugios dispuestos por las autoridades y organizaciones humanitarias con presencia en las zonas más afectadas por los ciclones.

Muy pocos en el planeta pueden contar anécdotas como las de Chachallin More, de 12 años, y Juliet Ingram, de 10, cuyas casas habían soportado los vientos de Eta, pero sucumbieron ante las ráfagas de más de 230 kilómetros por hora que trajo Iota la noche del lunes 16 y madrugada del martes 17 de noviembre.

“No dormí en toda la noche porque escuchábamos cuando el viento despegaba las láminas del techo de nuestra casa”, afirma Chachallín en su lengua natal, el miskito.

Luego de desaparecer las tres primeras hileras de casas frente al mar, la casa de Juliet ha quedado expuesta en primera línea al oleaje, y ahora pareciera al borde del colapso. “Lo que más me preocupa es no tener dónde dormir, ni ropa ni agua”, advierte la niña, que pese a lo desafiante de su experiencia, no deja de sonreír junto a sus amigos y vecinos.

Un niño en el barrio El Muelle, Bilwi, Puerto Cabezas, Nicaragua.
UNICEF/UN0360937/Gómez/AFP-Services

Los más jóvenes han sido protegidos por sus familias durante el impacto de los huracanes, pero a Adonis Ingram, que cumplió 17, sus padres han debido pedirle ayuda durante los múltiples intentos de salvar la vivienda familiar.

“Estuve toda la noche empapado. Cada vez que el viento soplaba fuerte, mi padre, mis hermanos mayores y yo, debíamos subir a la casa para sujetar el techo o intentar clavar las láminas que se comenzaban a desprender. Fue algo muy feo para todos, muchas veces tuve miedo de que me golpearan los escombros que volaban por el aire”, dice Adonis.

El riesgo al que Adonis estuvo expuesto fue en vano. Entrada la madrugada del martes, las marejadas ciclónicas desprendieron las tablas de su casa sumándola a las decenas de viviendas totalmente destruidas en todo el litoral Caribe de Nicaragua.

Niños realizando actividades educativas en un ralbergue
UNICEF/UN0373396/Espinoza Delgado

Iota destroza lo que Eta dejó en pie

Tras el impacto de Eta, muchas familias de la costa en Puerto Cabezas despertaron dispuestas a reconstruir sus viviendas. “Nuestra casa soportó Eta y nosotros salimos a ayudar a nuestros vecinos a recoger sus tablas y algunas pertenencias que el huracán revolvió, pero luego – con Iota- también nuestra casa se destruyó y ahora debemos dormir en casa de una tía”, narra Adonis.

Los niños y niñas no solo han enfrentado los vientos y las marejadas, ahora también se suman a las labores de limpieza y reconstrucción en medio del caos.

“Necesitamos agua para tomar, comida y ropa. He perdido hasta mi uniforme escolar”, asegura Juliet.

La falta de agua limpia y alimentos, en esta primera fase del doble desastre, la cargan los padres y madres sobre unos hombros que ya soportan el desafío de reconstruir su vivienda con poco o ningún recurso. “Estoy aquí para ver dónde puedo reconstruir mi casita”, dice Teresa Ruiz, de 33 años, sentada sobre un árbol que derribaron los vientos de Iota en el caserío del Empalme de Alamikamba, en la Región Autónoma del Caribe Norte de Nicaragua (RAACN). Teresa, viuda y madre de cuatro hijos, incluyendo un niño de cuatro años, habitaba junto a una quebrada que se ha desbordado como nunca antes debido a la carga de lluvia de Iota.

Diez de los 21 fallecidos en Nicaragua a causa directa de los huracanes Eta e Iota, son niños o niñas, incluyendo una bebé de siete meses que murió junto a su familia en un deslizamiento de tierra en el norte del país. 

Eta e Iota son parte de las 30 tormentas que en 2020 han conformado la más activa temporada de ciclones en el océano Atlántico desde que hay registros. Ambos fenómenos golpearon vastas regiones de Centroamérica con vientos de 230 kilómetros por hora, marejadas ciclónicas y lluvias torrenciales.

Una representante de UNICEF conversas con unos niños en un albergue en Puerto Cabezas, Nicaragua.
UNICEF/UN0373393/Espinoza Delgado

UNICEF responde en terreno

En siete países centroamericanos, el huracán Eta afectó a alrededor de 4,6 millones de personas, entre ellos alrededor de 1,8 millones de niños y niñas, según estimaciones iniciales de UNICEF. Casi una semana después, la tormenta tropical Iota, el huracán atlántico más fuerte en lo que va de año, generó inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra en algunas partes de Honduras, Nicaragua, Guatemala, Belice, El Salvador, Costa Rica y Panamá.

Los equipos de UNICEF en todos los países de Centroamérica están trabajando en apoyo de las autoridades desde el primer día para cubrir las necesidades más urgentes de niños y niñas afectados y sus familias, como acceso a agua segura, saneamiento e higiene, protección y apoyo psicosocial en albergues y servicios de salud.

UNICEF requiere 42,6 millones de dólares para llegar a más de 646.000 personas, incluidos 327.000 niños, con suministros vitales y servicios básicos en refugios y comunidades, en las zonas más afectadas de Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Madre e hijo en el barrio El Muelle Bilwi, Puerto Cabezas, Nicaragua.
UNICEF/UN0360940/Gómez/AFP-Services
¡Dona aquí ahora!