De nuevo pérdida y resiliencia tras un terremoto en Haití

Peterson sólo tenía cuatro años cuando perdió su brazo en el terremoto de 2010. El mes pasado, otro terremoto devastador se llevó su casa.

Por Jonathan Crickx
Peterson, de 14 años, perdió el brazo en el terremoto de 2010 en Haití. En el terremoto de 2021, perdió su hogar.
UNICEF/UN0516286/Crickx
14 Septiembre 2021

LES CAYES, Haití - Desde hace más de una década, Peterson, de 14 años, vive con las cicatrices de la tragedia.

El 12 de enero de 2010, un terremoto de 7 grados de magnitud sacudió Haití, cobrándose la vida de más de 220.000 personas y destruyendo gran parte de la infraestructura del país.

“Aquel día en que ocurrió todo, [mi madre] no estaba conmigo. Había ido a vender algunas cosas al mercado y, cuando volvió, no nos encontró”, cuenta Peterson.

Pero – con sólo cuatro años de edad en ese momento – no recuerda nada de eso.

“Me contaron que pasé tres días enterrado entre los escombros. Dicen que me encontraron al tercer día y me llevaron al hospital. Nunca dijeron nada sobre el resto de mi familia”.

Peterson perdió el brazo en el terremoto. Desde entonces, ha vivido principalmente con su madrina, sobre todo después de que su madre falleciera en 2020. No sabe nada de su padre.

“Cuando crecía, lloraba cuando notaba que otras personas tenían dos brazos y yo no”, añade Peterson. “Me entristecía. Pero yo soy así”.

Años después, en la mañana del 14 de agosto de 2021, Peterson y su madrina estaban visitando a unos amigos cuando el suelo empezó a temblar. Recuerda los sucesos con claridad. “Salí a buscar agua para mi madrina y unos amigos, para cocinar. Cuando estaba fuera, me topé con una amiga y fue entonces cuando la tierra empezó a moverse. Fue aterrador”, describe Peterson.

El terremoto de 7,2 grados de magnitud sacudió los departamentos sudoccidentales de Sud, Grand’Anse y Nippes, causando más de 2.200 muertos y más de 12.700 heridos. El fuerte sismo derrumbó casas, hospitales y escuelas, dejando a las comunidades con una necesidad urgente de asistencia. UNICEF estima que alrededor de 1,2 millones de personas, entre ellas 540.000 niños, niñas y adolescentes, se han visto afectados por la devastación.

Peterson y su madrina se salvaron de sufrir daños físicos, pero su casa quedó muy dañada. “Vimos los daños cuando volví”, explica Peterson. “Ahora no me queda nada por lo que pasó. Mi madrina también cuida a otros dos niños, y tiene dificultades para comprar nuestros libros, mochilas y zapatos”.

Sin un lugar estable donde vivir, Peterson se vio obligado a desplazarse. "Duermo aquí y allá", cuenta. "Y a veces en el bulevar".

Un estrago devastador

Los niños, niñas y adolescentes son los más afectados por los desastres de origen natural. Cuando se produce una emergencia, pueden perder el acceso a un refugio seguro, al agua potable y a las instalaciones de higiene. Pueden ser arrancados de los servicios básicos de salud, educación y protección. Y en el caso de los separados de sus familias o cuidadores, se enfrentan a un mayor riesgo de violencia, explotación y abuso, con graves consecuencias psicológicas y sociales.

 En su evaluación inicial, UNICEF identificó a casi 2.500 niños, niñas y adolescentes que necesitan apoyo psicosocial y otros servicios de protección tras el terremoto de agosto de 2021. Sólo en Les Cayes, Peterson se encuentra entre los 178 niños, niñas y adolescentes que han sido separados de sus padres o cuidadores, que ahora reciben atención en el centro IDEJEN, apoyado por UNICEF.

“Allí aprendemos sobre la imagen corporal, recibimos lecciones, jugamos y nos dan de comer”, explica Peterson. “Me gusta jugar, usar el teléfono. No me gusta el fútbol ni los deportes, porque me da miedo caerme. Me gusta dibujar y hacer otras cosas”.

El centro, como muchos otros que apoya UNICEF, ofrece algo más que lecciones. También sirve para proteger a los niños, niñas y adolescentes de los riesgos de explotación y tráfico, que surgen para los niños, niñas y adolescentes que han sido desarraigados por un desastre natural.

“Todos los niños, niñas y adolescentes que han pasado por este terremoto necesitan apoyo psicosocial, aunque no hayan sufrido daños físicos”, dice Pierre Jean Stenio, Jefe de la oficina de UNICEF en Les Cayes. “Los niños, niñas y adolescentes [de las comunidades rurales] necesitan aún más apoyo, ya que corren el riesgo de ser víctimas de redes de trata. Muchas familias rurales lo han perdido todo durante el terremoto y pueden llegar a las ciudades y pueblos, donde el riesgo de trata de personas es mucho mayor.”

UNICEF también trabaja con sus socios del sistema sanitario para garantizar que los niños, niñas y adolescentes heridos que han sido separados de sus familias y cuidadores estén protegidos contra la trata y otras violaciones de los derechos humanos.

Además de los servicios psicosociales, UNICEF sigue dando prioridad a la reanudación de los servicios esenciales – como el agua y el saneamiento, la salud, la nutrición y el refugio–  para los niños, niñas, adolescentes y sus familias. UNICEF y sus socios están distribuyendo lonas para refugios de emergencia, letrinas y duchas; depósitos de agua para la distribución de agua potable; y kits de higiene, incluyendo tabletas de tratamiento de agua, jabón, materiales de higiene menstrual y bidones.

Para Peterson, la atención que recibe en el centro es sólo el comienzo de su viaje.

“Mi sueño es ser artista y actor, y estar en Internet”, cuenta. “Para realizar mi sueño, tendré que trabajar muy duro, a partir de ahora. Mientras sea joven, debo empezar a trabajar para poder crecer”.

 


Un mes después del terremoto, miles de niños, niñas, adolescentes en Haití siguen en peligro. Incluso antes del terremoto, los niños, niñas, adolescentes sufrían altas tasas de desnutrición, desplazamientos causados por la violencia de las bandas y los impactos secundarios del COVID-19. Ahora, las necesidades humanitarias de los niños, niñas, adolescentes haitianos son más acuciantes que nunca, ya que familias enteras han perdido sus hogares, escuelas, acceso al agua y a las instalaciones sanitarias, etc.

 

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