Construyendo un buen inicio en la vida

Cómo el programa "Buen inicio" mejoró la vida de una familia.

Por: Elsa Úrsula
© UNICEF Perú/2018/Vilca J.
UNICEF Perú/2018/Vilca J.

05 Noviembre 2019

Igidio Suttaraura y Antonia Tillca, Cusqueños de la comunidad de Hanaq, en Cusco son el caso emblemático del Estado Mundial de la Infancia. Ambos sacaron adelante a sus hijos que nacieron con desnutrición y hoy, 18 años después, recuerdan los inicios de su maravillosa historia.

 

Igidio Suttaraura conoció a Antonia en medio del campo. Con las montañas verdes de fondo y el olor a tierra húmeda con la que la vida los despertaba en Hanaq, su pueblo escondido en medio de los cielos azules de la provincia de Lamay en Cusco. Se amaron desde siempre. Igidio la cuidó más aún desde que fueron padres y tuvieron las tres niñas que siempre soñaron. Pero la historia estaba lejos de cerrarse. Un día, cuando Antonia se sintió mal y la llevaron al doctor, el médico le dijo a Igidio: “Felicitaciones señor, usted va a ser padre y esta vez le vienen gemelos”.

© UNICEF Perú
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“Fue por entonces que me dijeron que UNICEF venía a trabajar a nuestro pueblo. A traer desarrollo. Entonces pensé que vendrían a asfaltar la carretera. Para mí el desarrollo era cemento. Pero no, luego aprendí que nadie iba a poner cemento en mi pueblo. Que finalmente íbamos a aprender a vivir de verdad”.

Han pasado 18 años de esta historia. Igidio recuerda la primera vez que en su local comunitario recibieron a un grupo de personas de UNICEF y del Ministerio de Salud, que llegaron a proponerles trabajar en un programa que se llamaba “Buen Inicio”. “Fue un cambio en la vida de toda mi comunidad. Primero hicimos un padrón comunitario. Allí pusimos cuántos niños y niñas había en el pueblo, dónde vivían, cuántas mujeres embarazadas, cuántos recién nacidos. Así iniciamos nuestro desarrollo. Conociéndonos. Ordenándonos”.

Las charlas con las familias de la comunidad empezaron por explicarles la importancia de asistir a los controles prenatales, saber si todo va bien en el embarazo, si la madre está bien alimentada o no.  “Nos explicaron que la mejor presa del segundo debía ser para la embarazada. Porque en su barriga una criaturita está esperando la comida también. Eso nunca nadie nos había hecho ver”.

© UNICEF Perú/2018/Vilca J.
UNICEF Perú/2018/Vilca J.

Igidio lo vivió cuando nacieron sus gemelos. El duro trabajo en el campo, una alimentación que no era la apropiada hizo que los niños nacieran con desnutrición. “Pero en Buen Inicio nos aconsejaron que los alimentáramos con leche materna. Rapidito así, mis hijitos se fueron poniendo sanitos, rosaditos crecían. Cuando ya tenían 6 meses, nos enseñaron que tenían que comer 5 veces al día. Mi esposa preparaba los cereales: alverja, maíz, quinua, cebada, lo tostábamos y moliendo les dábamos. Y cuando ya podían masticar Antonia les preparaba, bofe, gallina cuycito, buenazo para desaparecer la anemia”. Cada mes las enfermeras de los puestos de salud más cercanos llegaban a la comunidad y hacían charlas para los padres. Si alguno no asistía, el líder de la comunidad iba a la casa de esa familia para saber el por qué. “Las criaturitas jugaban, saltaban, corrían por todo el campo. Yo era muy feliz, Mi sonrisa se me escapaba cuando los veía a mis gemelos corriendo por aquí, por allá”.

Igidio recuerda también una reunión que lo marcó profundamente. Les enseñaron lo importante que es jugar con sus hijos, abrazarlos, decirles que los quieren, conversar, escucharlos, preguntarles su opinión. “Antes a los niños se les tenía así no más. Nada de conversar, menos una opinión. Eso era imposible. Yo siempre les cariñaba, pero ahora también había que decirles, te quiero hijos. Te voy a querer siempre. Había que jugar, que apoyarlos en los estudios, aunque uno no supiera las letras. No importaba. Eso mamita, esa fue la mejor diferencia para mi comunidad”.

Desde entonces pasaron 18 años. Josué Abraham y Josué Abdías, los gemelos, crecieron con lo mejor que les pudieron dar sus padres: amor, alimento, educación, seguridad. Ahora estudian electricidad y cómputo. Son chicos alegres, sensibles y seguros que pueden hacer cosas para el bien de su país.

Gracias a intervenciones como Buen Inicio, la desnutrición crónica se redujo en 21% en 20 años. La participación comunitaria y el trabajo conjunto intersectorial con los gobiernos locales y regionales dio paso a una política pública donde el tema del crecimiento y desarrollo del niño es ahora una prioridad. 

“Para mí, ese es el desarrollo. Ver a mis hijos crecidos, sanos, con estudio. Ellos pueden llegar a donde quieran si se lo proponen. Haberles dado a mis hijos un buen inicio en su vida, que sepan que sus padres los aman, verlos crecer felices y seguros, esa es la buena semilla. Ese es el desarrollo mamita. Si así hacemos todas las familias, nuestro Perú va a salir adelante”.  Igidio abraza a sus hijos y a su inseparable Antonia en medio de los aplausos del público que los conoció en la presentación del Estado Mundial de la Infancia de UNICEF. Una historia que forma parte de esta publicación y que fue construida por esta familia, la comunidad y el estado en base a un esfuerzo conjunto de trabajo y compromiso.