Con la esperanza de volver pronto a las aulas

Educación en emergencia

UNICEF Guatemala
NIños viendo televisión
UNICEF/UNI331140/Volpe
10 Junio 2020

A media mañana, entrar a la casa de Lesli Leonardo Martínez, de 27 años, en la Zona 5 de la Ciudad de Guatemala, es como ingresar a un jardín infantil. La sala está ocupada por cuatro niños, tres de ellos son sus hijos y una es su sobrina. A las 11 de la mañana han estado ya dos horas frente el televisor. Gritan, corren y se ríen mucho, es una verdadera sorpresa ver que en la pantalla no está transmitiéndose una caricatura; están en clase, primero Matemática y después Comunicación y Lenguaje.

Esta es la cotidianidad que viven los casi 2,5 millones de estudiantes guatemaltecos de primaria y preprimaria después que, desde el 15 de marzo, se suspendieron las clases debido a la emergencia global por la pandemia del Coronavirus o COVID-19.

Cristian, de 10 años, cursa el cuarto grado de primaria. Su clase ha terminado, pero se queda junto a sus hermanas para acompañarlas mientras ven los programas de sus grados, segundo primaria y preprimaria.

“Les encanta, los programas son muy entretenidos. Interactúan mucho con los maestros de la tele”, dice Lesli, “el mayor de mis hijos me ayuda mucho con las más chiquitas, sigue sus clases y las guía. Aprenden todos juntos”, comenta.

Niña desinfectando los zapatos de su madre.
UNICEF/UNI328536/Volpe

Su mamá acaba de regresar a casa después de ir a la escuela, donde ha recogido la bolsa de alimentos que sustituye la refacción escolar y las guías de aprendizaje ofrecidas por el Ministerio de Educación. Al terminar el programa televisivo de educación para su grado, Cristian se acerca a ella, curioso de ver lo que trae. Lesli le muestra inmediatamente todo el material didáctico que trae y a Cristian se le iluminan los ojos.

Madre e hijo estudiando en casa.
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“Los programas en televisión son muy lindos, pero también extraño la escuela” dice Cristian, sin despegar la mirada de las hojas. “Hablo por teléfono con algunos de mis amigos, pero me hace falta estar con ellos, jugar pelota en el recreo. También extraño a las maestras y las clases que faltan en la tele, como ciencias, inglés y artes plásticas”.

Myrna Patricia Orellana, de 60 años, directora de la escuela del Complejo Escolar Para La Paz No. 2 “25 DE JUNIO” de la zona 5, donde estudia Cristian, está consciente de que los programas televisivos son un aporte, pero no son suficientes y por esto, desde el inicio de las suspensiones de las clases, ha entregado regularmente a los padres de familia mucho material didáctico complementario. “WhatsApp es fundamental para poder llegar a todos los chicos, a través de sus padres” dice Myrna. “También soy maestra de grado y llevo ya dos años usando ese recurso, que ahora tiene un rol todavía más importante. Algunos no tienen acceso a teléfonos inteligentes así que telefónicamente los citamos a la escuela cada 2-3 semanas”.

UNICEF, para garantizar la continuidad educativa en el país, ha apoyado al Ministerio de Educación produciendo diversos materiales didácticos y su distribución por varios medios: programas educativos que se transmiten en televisión por el Canal de Gobierno y Canal 13, a la fecha se han grabado 266 sesiones, durante 30 días al aire, se han difundido 570 horas a través de las radios TGW, emisoras del Ministerio de Educación, la Federación Guatemalteca de Escuelas Radiofónicas -FGER-, el Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica -IGER-, e integrado 27 publicaciones impresas en los principales medios escritos del país.

La situación es similar en el área rural y lo confirma Delmi Judith Muralles Rodriguez, de 30 años. Ella, madre de cuatros niños, es la presidenta de la Organización de Padres de Familias (OPF) de Escuela Oficial Rural Mixta (EORM) No. 77 en la aldea Los Mixcos de Palencia, a casi 35 kilómetros al nor-oriente de la Ciudad de Guatemala.

Salón de clases vacío.
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“Aquí hay menos gente con acceso a internet, pero todos nos conocemos y es fácil hacer correr la voz y entregar el material impreso” afirma mientras sus hijos hacen las tareas de matemática, y agrega, “Como presidenta de la OPF también reconozco un lado positivo en esta situación, los padres son muchos más colaborativos que en otras circunstancias. Entendieron la gravedad del momento y saben que cooperando se beneficiarán nuestros niños”.

La emergencia está uniendo a las familias y se ven muestras de solidaridad en la comunidad.

Gracias al apoyo de UNICEF y a las Organizaciones de Padres de Familias, se han podido entregar bolsas de alimentos a las familias, en sustitución de las comidas que recibían los estudiantes en las escuelas para que los niños, niñas y adolescentes pudieran continuar recibiendo esta alimentación en casa.

La hija de Delmi, Melany, de 8 años, cursa el tercer grado de primaria y cuenta como su mamá le organizó los días, manteniendo la misma rutina de horario que manejaban en la escuela: “Nos despertamos temprano, después del desayuno tomamos las clases en la tele y luego hacemos las tareas. Con WhatsApp, mi hermano y yo, nos comunicamos con nuestros compañeros y comentamos las clases y las tareas”.

Dos hermanos hacen sus tareas escolares en su casa, en El Potrero, Villa Grande, Palencia, Guatemala.
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La misión de Delmi es tenerlos ocupados, “pero no solamente con las obligaciones escolares” dice, “obviamente necesitan jugar y de vez en cuando les doy permiso para ir a la tienda” comenta la madre y la señala, mostrando que está a pocos metros de su casa.

El desafío mayor para todos, instituciones, personal docente y padres, es poder mantener la buena salud mental de los pequeños y también garantizarle la continuidad de sus aprendizajes.

Niños estudiando afuera de su casa.
UNICEF/UNI328543/Volpe

“Niñas, niños y jóvenes tienen derecho a continuar aprendiendo, a jugar y divertirse durante este tiempo en casa. Tienen derecho a ser respetados y tratados con afecto, a expresar sus sentimientos y a recibir el apoyo de sus padres”, advierte Ileana Cofiño, especialista en educación de UNICEF Guatemala, “estos son momentos para demostrar su responsabilidad aprendiendo de manera distinta, pero especialmente, es tiempo de recordar que, quedándose en casa, contribuyen al bienestar de los demás.”