Comenzar de cero entre caos, ceniza y arena

En Guatemala, el 3 de junio de 2018, el volcán de Fuego estalló dejando un escenario devastador.

Por Rodrigo Mussapp
© UNICEF Guatemala/2018/R. Mussapp
UNICEF Guatemala/2018/R. Mussapp

14 Junio 2018

ESCUINTLA (GUATEMALA) - El domingo 3 de junio, poco antes de las 11 de la mañana, Gricelda Santiago Sánchez escuchó la explosión del Volcán de Fuego, la erupción parecía fuerte. Ha vivido ahí muchos años y ha habido otras peroes. Aun así, su instinto maternal le hizo permanecer alerta. en la Aldea San Miguel Los Lotes, en el Departamento de Escuintla, a escasos 50 kilómetros de ciudad de Guatemala.

Pasadas las 15:00 horas, Gricelda escuchó una nueva explosión. Había algo diferente. La magnitud era mayor. Alertó a sus dos hermanas y junto a su hijo Felipe Neftaly, de siete años, y sus sobrinos Alexander y Omar, corrió hacia unos cafetales montaña arriba. En cuanto pudieron, se lanzaron a un pequeño hoyo cavado en la tierra. Eso les salvó la vida.

Algunos de sus vecinos y amigos corrieron hacia la carretera, pero el flujo piroclástico -mezcla de gases volcánicos y material sólido caliente- que descendía del volcán era imposible de esquivar. Arrasó y sepultó bajo tres metros de fango hirviendo, piedras y arena a toda la comunidad. Ese día, Gricelda perdió a su suegra, amigos y vecinos.

“Corrí tan rápido como pude, estaba muy asustado”, comenta Felipe Neftaly, de 7 años, con una mirada apenada y bajando la cabeza, mientas le agarra la mano a su mamá.

Traslado a los albergues

Los supervivientes fueron trasladados a albergues temporales ubicados en escuelas de Escuintla. Ahora Gricelda cohabita con sus hermanas, sobrinos, abuelos y otros miembros de la familia en el salón 18 de la Escuela José Martí. Han perdido todos sus bienes materiales y dependen en su totalidad de la ayuda que puedan recibir.

Sus primeras noches han transcurrido compartiendo la misma cama improvisada en el salón de clases donde sólo horas antes los pupitres esperaban a los alumnos para el regreso a clases el lunes 4 de junio, pero ahora todo ha cambiado.

La ayuda está llegando, pero no es suficiente

Gricelda acompaña a los niños a recibir unos zapatos donados por una empresa. Son sólo 1.500 pares de zapatos para edades entre los 4 a 12 años. Felipe Neftaly, Alexander y Omar logran los suyos, pero no hay tiempo para celebrar, deberán formarse en una nueva fila para obtener material de higiene y luego una fila más buscando un almuerzo.

Por la tarde, las filas continúan, la información no llega a todos al mismo tiempo, y quien no presta atención, pierde la oportunidad de recibir la atención que necesita. Elmer Quintanilla, cuñado de Gricelda, se pregunta si dentro de 15 días, en pleno mundial de fútbol, aún se van a acordar de ellos.

Muchas personas en todo el país han reunido víveres e insumos para ayudar a los damnificados. Pero no es suficiente. El Gobierno de Guatemala está haciendo todo lo posible para atender esta emergencia y a las personas afectadas, pero la complejidad de la tragedia ha implicado que el Gobierno solicite formalmente el apoyo de la comunidad internacional.

Alrededor de 650.000 niñas, niños y adolescentes viven en las áreas afectadas por la erupción del volcán de Fuego en Guatemala. UNICEF, en coordinación con el Gobierno, el Sistema de Naciones Unidas, Organizaciones No Gubernamentales, el sector privado y otros aliados, están trabajando para proporcionar apoyo y servicios esenciales a los más vulnerables. Las acciones de respuesta urgente incluyen la necesidad de proporcionar apoyo psicosocial a los niños y niñas afectados y sus familias; apoyar la reunificación familiar para niños separados; asegurar la protección de los niños en los refugios; proporcionar agua, higiene y saneamiento adecuado; disponer de espacios amigables para la infancia; apoyar una nutrición adecuada para los niños, enfatizando los beneficios de la lactancia para los bebés; asegurar que la educación no sea interrumpida y puedan regresar a la escuela lo antes posible.