Cambia el país, permanece la ilusión

David, de 10 años, tardó quince días en llegar de Venezuela a Perú junto con su familia. Mientras migra, se aferra a su sueño de seguir jugando al fútbol

Por Sandra Esquén
© UNICEF Perú/2019
UNICEF Perú/2019

16 Enero 2019

Tumbes, Perú, 15 de enero de 2019 - David Caña sabía poco de Perú antes de partir. A sus 10 años apenas tenía en claro que la selección peruana había hecho un buen papel en el reciente Mundial de Fútbol. “Jugó muy bien ante Francia y debió ganar”, anota. El día que se enteró de su inminente viaje a este nuevo país, guardó en su maleta la camiseta del Barça que más atesora: la 10 oficial, en la que se resalta en el espaldar el patrocinio de UNICEF y el nombre de Lionel Messi.

Para sus padres, partir fue un momento desgarrador y afanoso, en medio del cierre de sus compromisos pendientes y de las despedidas de sus familiares. Para él tampoco fue fácil. Por eso se aferró a la camiseta de sus amores: la prenda era más que un simple recuerdo de su deporte amado; simbolizaba su niñez tranquila, compartida al lado de los buenos amigos del Club de fútbol Monumental y del Colegio Padre Juan Vives. Representaba, además, lo más amado de en su natal y hoy lejana ciudad de Maturín, en Venezuela.

De paso, era un símbolo de su esperanza de convertirse en un gran delantero. Ahora pretende serlo en Perú, el país al que llegó tras quince días de viaje junto con sus padres y su único hermano. Exhausto, recuerda la dureza de abandonarlo todo:

Las clases ya habían terminado. Estaba de vacaciones cuando empezamos el viaje. Así que no pude despedirme ni de mis amigos de la escuela ni de los de mi club de fútbol. En las últimas semanas no podía ir a la práctica porque era difícil encontrar transporte para movilizarme. Tuve que venirme sin despedirme. Me da pena, porque jugué junto con mis amigos desde niño”, comenta.

El viaje de David y de su familia fue largo. En una encuesta realizada por UNICEF y OIM quedó claro que el 81% de los grupos familiares que se desplazan con menores de edad desde Venezuela demora entre uno y siete días en llegar a Tumbes, en el norte de Perú. El restante 19% suele tener travesías largas, que incrementan los riesgos y vulnerabilidades de todos los viajeros, especialmente de niños, niñas y adolescentes.

Según la encuesta adelantada entre migrantes, seis de cada diez menores de edad dieron muestra de estar afectados emocionalmente tras el viaje por el profundo cambio emocional que significa para sus vidas. El temor de perderse, alteraciones en el apetito, llanto y dolor de cabeza son los síntomas más frecuentes, según esta encuesta.

Sin embargo, los quince días de viaje en carretera y las largas colas que debió hacer junto con su familia al llegar al paso migratorio de Tumbes, que les permitirá continuar su viaje por Perú, no desanimaron a David.

Lo primero que haré cuando llegue a Lima será darle las gracias a Dios. Luego volveré a estudiar y entonces, por fin, practicaré fútbol”, dice David con entusiasmo, mientras dibuja un estadio con lápices de colores en un papel.

En el estadio ondean las banderas de Perú y Venezuela.

Durante su permanencia de horas en el Centro Binacional de Atención en Frontera (Cebaf), David, precisamente, encuentra un lugar donde jugar, pintar y distraerse. Sus padres permanecen en las largas filas que se forman a diario en el área migratoria para la consecución del permiso de ingreso familiar a Perú.

Justo en este lugar de la frontera se destaca una carpa instalada por UNICEF y Plan Internacional, en la que niñas, niños y adolescentes tienen un espacio seguro donde entretenerse y encontrar orientación para aliviar el estrés y el impacto emocional que les genera el largo viaje. El lugar es conocido como Plan de la Alegría.

Allí, David termina el dibujo de su estadio, mientras sus padres finalizan los procedimientos migratorios. Camina por la carpa y luce un antifaz en el que se alternan los colores de la bandera de su país y los del nuevo país que lo acoge.

Antes de despedirse para continuar su viaje, David imagina cuál sería el día más feliz de su vida: “Un día, parecido a este, en el que me entrevistarán como ahora, pero porque soy un futbolista famoso. Ahí estarán mis papás, mi hermano, mis amigos del Monumental y del colegio, y mis tíos que nos esperan en Lima”.

David, no sabe a qué lugar de la gran Lima llegará. Sabe, sí, que lo espera el abrazo de los hermanos de su padre, que llegaron hace unos meses, y que sacará de la maleta su camiseta para volver a jugar al fútbol.

Su sueño permanece inalterado. Ha cambiado de país, pero no de ilusión.