En Guatemala, a la búsqueda de casos de desnutrición infantil ocultos por la pandemia

En medio de la emergencia sanitaria y alimentaria provocada por el COVID-19, “brigadas nutricionales” impulsadas por UNICEF localizan y salvan vidas de niños y niñas con desnutrición aguda en comunidades rurales y remotas de Guatemala

Lucía Escobar
Las "brigadas nutricionales” impulsadas por UNICEF localizan y salvan vidas de niños y niñas con desnutrición aguda
UNICEF/UN0373501/Billy/AFP-Services
16 Diciembre 2020

Chancol, Guatemala, 15 de octubre de 2020 – Aunque Erick Samuel vive en medio de una zona montañosa a dos horas de la cabecera departamental y a siete horas de la capital nacional, llegar a este niño de un año y ocho meses es una cuestión de vida o muerte: es uno de los tantos que sufre desnutrición infantil en Huehuetenango, un departamento donde la pandemia agudizó el aislamiento, el desempleo y la falta de acceso a alimentos.

"No caminaba solito, no estaba tan activo. Me sentía con temor y me preguntaba cómo recuperarlo de esa desnutrición", cuenta Floro Clemente su papá, un agricultor de la zona.

UNICEF

El acceso a los servicios médicos es todo un desafío para la familia: el centro de salud más cercano se encuentra a dos horas de su casa y un hospital a cuatro.

A este panorama complicado, en marzo se sumó la pandemia por COVID-19. “Cuando el coronavirus llegó a Guatemala, impactó muy fuerte en la seguridad alimentaria debido a que faltan los medios de vida: el empleo —no había ni formal ni informal— y la baja en las remesas que las familias reciben de parientes en el exterior. Entonces hay menos alimentos en el hogar, y eso repercute en que los niños tienen una baja en sus alimentos”, explica María Claudia Santizo, especialista en nutrición de UNICEF, quien recalca que “la desnutrición infantil es el problema más grande que tiene Guatemala”.

Erick Samuel, de 18 meses, sostiene el balón con el que juega en el patio de su casa en la vereda Tunimá Charchales en Chiantla, Huehuetenango.
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Uniendo fuerzas

La pandemia y el aislamiento dificultaron aún más el acceso de muchas poblaciones a los servicios de salud, y parte del personal médico pasó a dedicarse a la crisis sanitaria, dejando otras consultas sin cubrir. Por eso, mientras el país estaba paralizado por el toque de queda, UNICEF decidió unir fuerzas con el gobierno en la búsqueda activa de casos de desnutrición aguda: si las familias no podían llegar a los centros de salud, entonces habría que salir a buscarlas.

Desde julio de 2020, 13 brigadas compuestas por un nutricionista y tres auxiliares han analizado a 13.433 menores de cinco años en Huehuetenango, detectando 257 casos con desnutrición aguda y severa. “El 68 por ciento de los casos que hemos encontrado no habían sido detectados por el Sistema de Salud. Esto demuestra la efectividad de las brigadas”, concluye Santizo.

Para hacer su diagnóstico, los especialistas miden la circunferencia media de brazo con una cinta desechable para evitar contagios, otro cambio provocado por la pandemia: antes se medía peso y talla. Luego, notifican a los servicios de salud; se hace una ficha de identificación de datos del menor con desnutrición, y se le da un tratamiento de suplementos vitamínicos y desparasitantes.

“Cuando encontramos un caso de desnutrición aguda, lo primero que hacemos es preguntar si el niño se ha enfermado para entender qué provocó que consumiera menos alimento”, explica Elisa Anleu, nutricionista y coordinadora de las brigadas de nutrición en Huehuetenango.

“Luego explicamos a los padres o encargados que el niño tiene bajo peso y los peligros que enfrenta si no se trata”, agrega. Fue el caso de Erik Samuel, a quien el encuentro con la brigada cambio su destino.

Las brigadistas que recorren la zona promueven la lactancia materna exclusiva, dan consejos importantes sobre la forma de preparar y dar alimentos a los niños y en estos tiempos de COVID-19 también dan consejos de higiene y otros cuidados: “En la mayoría de las comunidades la gente está usando la mascarilla. De pronto vemos que la higiene en los hogares no siempre es la óptima y es algo que tenemos que tomar en cuenta ahora por la pandemia”, explica Anleu.

Erick Samuel, de 18 meses, come un puré de melocotón con vitaminas entregado por brigadas de UNICEF, mientras es sostenido por su madre
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Con una mirada al futuro

Para que toda esta información tenga impacto real en una comunidad, buscan involucrar a los distintos actores, como el Consejo Comunitario de Desarrollo, que nuclea a los líderes locales, los ministerios de Salud Pública y de Alimentación, Agricultura y Ganadería y la Secretaría de Seguridad Alimentaria Nutricional.

El trabajo se desarrolla en el marco de la pandemia, pero su funcionamiento puede quedar vigente una vez que haya sido superada: “Lo más importante es que de aquí sale un modelo que puede quedar establecido para responder más rápido en una situación de emergencia”, reflexiona la especialista de UNICEF.

Los padres de Erick Samuel, mientras tanto, tienen la mirada en el futuro: Brenda Alva, su mamá, está embarazada por segunda vez y asegura que la información que ha recibido de las brigadas de nutrición es fundamental para cuidarse mejor y que el bebé no nazca con deficiencias ni problemas de salud.

Su esposo Floro, mientras tanto, se ha involucrado más en la nutrición de su hijo. “He aprendido cómo darle sus alimentos, qué es lo que se les puede dar y qué no, según la edad. Si no hubiera sido por esto, a lo mejor mi bebé hasta se hubiera enfermado”.

Floro muestra orgulloso cómo camina su hijo con pasitos lentos pero firmes. “Lo vemos muy diferente a como estaba, gracias a (las brigadas de) salud que a tiempo pudimos controlarlo del bajo peso y de la desnutrición”. De la incertidumbre, la familia pasó a la esperanza: aseguran que cuando el niño tenga 5 o 6 años, quieren llevarlo a la escuela: “Luchar para que saque la primaria o su básico y a lo mejor hasta tener una carrera”, sueña Floro

Vista aérea de la Aldea Cuatro Caminos Sibilá, Chiantla,
UNICEF/UN0373501/Billy/AFP-Services

CIFRAS CLAVE:

13 brigadas visitaron a 13.433 niños y niñas menores de 5 años en el departamento de Huehuetenango.

En Guatemala, 1 de cada 2 niñas y niños sufre desnutrición crónica.

En lo que va de 2020, se registraron 20.924 niños menores de 5 años con desnutrición aguda, mientras que, en la misma semana de 2019, se contabilizaban 11.087, casi la mitad.

Las brigadas detectaron 257 casos con desnutrición aguda y severa en Huehuetenango. 68 por ciento de los casos encontrados no habían sido detectados por el Sistema de Salud; esto demuestra la efectividad de las brigadas.